Zootheby´s: relaciones arte-mercado

/ 17 marzo, 2016

Reynerio Tamayo en su más reciente exposición personal en la galería Villa Manuela (enero-febrero 2016), desenmascara con su peculiar jocosidad la imagen elegante y sacralizada del mercado internacional de arte. Esa peculiar y tentadora institución cultural-monetaria, con una finalidad pública en sus acciones promotoras de los traspasos comerciales del arte, aparece en esta exposición en su función de hacer caer en sus redes-trampas a artistas, curadores, coleccionistas, críticos, galeristas, museólogos e historiadores, quienes se dejan seducir a gusto por su poder cautivador. Ciertamente, ocurre eso en la práctica social.

El juicio de Tamayo saca a relucir el lado trasero de la institución. Lo hace, como acostumbra a mostrarnos en otras obras suyas desde hace al menos una década, a través de la creación de personajes que toma de la vida real. Siempre su arte se ha afirmado en lo terrenal, en una perspectiva popular de la cual tanto disfruta, tamizada sagazmente con el dominio del ejercicio visual del arte culto.

En este caso, en una de las piezas, con una socarrona mirada carnavalesca resalta al personaje encargado de la vista pública de las subastas, realizada para que Ud. pueda fotografiarse (como se acostumbra en Norteamérica al situar escenografías de muy diversos ambientes con una abertura elíptica en el área de la cabeza para quienes deseen fotografiarse con la finalidad de hacerla circular entre los amigos o por Internet para su complacencia y la de ellos), solo que ahora es para mostrarle a Ud. participando en un simulacro de una subasta de Sotheby´s.

Con esa mordacidad burlona que lo caracteriza, representa en forma de serie a los afamados coleccionistas, ironizados con un disfrutado sabor caricaturesco que recuerda la tradición de esa manifestación artística en Cuba desde el siglo XIX, continuada en las dos primeras décadas del XX con la cual este artista dialoga a niveles intertextuales a pesar del tiempo epocal transcurrido respecto a aquellas. Ese inscribirse dentro del seno de una tradición cultural forma parte de los méritos del arte de Tamayo. Por tal razón, juega literalmente con todos los personajes que utiliza. Los hace personajes de feria. Al efecto, en su cuadro titulado I want you for my collection (2015), la figura representada ha sido apropiada de la iconografía norteamericana, la imagen del Tío Sam acompañada de la grafía: I WANT YOU que a pesar de estar con manchas de colores como si se tratase de un pintor nos apunta de frente para hacernos la pregunta directa de su título con la finalidad de antemano de aturdirnos, de dejarnos sin poder argumentar una respuesta inmediata. Es decir, se apropiar personalmente de nosotros, curadores, críticos y artistas para conducirnos manipuladoramente a donde desee, sea igualmente para reclutarnos a la guerra, o incorporarnos a su colección y librar sus batallas, no las nuestras. Al ser demandante y anfitrión de la sala expositiva marca el tono de la muestra expositiva y de la propuesta curatorial. De este modo, echa por tierra la seriedad de la cual se inviste el mercado y las subastas de arte, convertido por Reynerio en un ambiente de feria popular.

La representación plástica en una serie humorística sobre afamados coleccionistas internacionales es uno de los mejores conjuntos de esta exposición. Sus maniobras artísticas “des-estructuradoras de los discursos serios” lo logra a partir de disminuir en valor a esos potentados coleccionistas de un modo caricaturesco, al no ser identificados por sus nombres sino solo por su artista de preferencia pese al gran poder económico de esos coleccionistas procedentes de diversas partes del mundo.

Como dicho mercado existe en Cuba únicamente para personas extranjeras o cubanos de posición muy acomodada, dentro o fuera de la isla, el título de esta exposición Zootheby´s, se declara en pro de hacer un muestrario de la fauna de estos personajes involucrados en el negocio artístico, a burlarse sabrosamente de ellos. Eso marca una clara postura personal de Tamayo por deslindarse de de cuánto hay de oprobioso en este matiz comercial de lo cultural. No se trata por su parte de proponer vivir ajeno a la idea y realidad de la venta de las obras. En él, lo que prima de forma divertida es la actitud de rechazo de quienes entregan el arte a las escandalosas manipulaciones monetarias donde ese resulta ser el valor primario y sustancial. En correspondencia, otro cuadro suyo de esta misma exposición muestra descaradamente la presencia de una sucursal de dicha empresa transnacional situada en La Habana, especialmente ahora en 2016 cuando en un sentido bastante plausible esa pueda ser una realidad también nuestra en un futuro no tan lejano, a lo cual nos pone a reflexionar sobre si nos atrapará y manipulará ese mercado tan directamente. Él, al menos, ya tiene una respuesta.

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