Velvet Revolver

Operatorias de Jesús Hdez-Güero

/ 14 septiembre, 2015

La obra de Jesús Hdez-Güero (La Habana, 1983) se construye desde un sitio algo incómodo para algunos, pues el artista persiste en socavar las simulaciones del mundo contemporáneo para mostrar cuán manipulado puede ser el sujeto común. Su trabajo escoge la dramaturgia internacional como pretexto para desenmascarar estructuras mayores y mostrar las carencias morales y los vacíos significativos sobre los que se sustenta una sociedad. A Hdez-Güero no le interesa epatar o incomodar –aunque lo logra casi siempre–, su estrategia se encamina a que el espectador descubra cuál es realmente el terreno en que se mueve, al quitar el velo que nos tiene enajenados; es por ello que su obra molesta, y muchas veces, es tachada de “subversiva”.

Su investigación en cuanto al tema social se ha visto plasmada en numerosas obras de diversos géneros, donde Hdez-Güero estudia fundamentalmente el motivo de la ausencia o de la imposibilidad de llegar a la verdad. Piezas como Calados capitales en lugares de paso (2012- ) o Lecturas difíciles (2009-2010), parten de una documentación en soportes impresos y seriados: en el primer caso el artista descubre los monumentos que aparecen plasmados en los billetes de distintos países y después de realizar un calado de estos, visita el lugar y superpone el billete al monumento, logrando que converjan los dos símbolos de legitimación a través de la fotografía, mediante un trabajo que requiere de un proceso factual en site specific; y en el segundo, la acción consiste en presentar publicaciones alternativas donde se tocan temas incómodos dentro del panorama social cubano, que muchas veces prefieren omitirse pues abordan cuestiones conflictivas como la censura y las relaciones entre poder e ideología. En este sentido, los videos de Hdez-Güero también constituyen un corpus considerable dentro de su obra, muchos de ellos toman como materia prima fragmentos de reportajes de la televisión cubana y escudriñan en la ausencia de noticia y la clara manipulación; nuevamente el camuflaje de la verdad y la simulación.

Si bien gran parte de la obra del artista aborda asuntos relativos al contexto cubano, este no es su único centro de preocupación. Sus intereses abarcan las fuentes de malestar social en un macrocontexto signado por las arbitrariedades de la autoridad, aunque en los últimos años ha focalizado con mayor intención el panorama venezolano. En dicho país, donde Hdez-Güero reside desde el 2011 y realiza la mayor parte de su producción visual, ha encontrado otra fuente de conflictos que traduce en su trabajo, casi todos basados en el futuro destinado a esa nación, la operatoria sobre los símbolos, el discurso del poder y la violencia. En este caso, sus piezas también generan agitación, porque recuerdan, traen nuevamente a discusión lo que conviene olvidar o relegar a un segundo plano. Su reciente puesta en escena, Tener la culpa (2013-2014), incluía una bandera que yacía en el suelo frente a un importante edificio de Venezuela. La pieza fue asediada y en muchas ocasiones tapada para terminar finalmente censurada, llevando a procesos de participación de funcionarios y agentes del orden. Así su propuesta se insertó dentro de una serie de trabajos, en los cuales los mecanismos de represión ejercidos en su contra, paradójicamente terminaron por formar parte de la obra y darle un nuevo rumbo.

El interés del artista por situaciones y eventos sociales de Venezuela, no significa que se haya alejado del panorama cubano, Hdez-Güero es un artista que podría calificarse de “ausente-presente”, pues su nombre siempre aparece cuando se piensa el arte cubano desde su función contestataria y la alteridad de los discursos. En la reciente edición de la Bienal de La Habana, su trabajo pudo apreciarse en varias exhibiciones y Open Studios, entre los que se destacó Las armas no matan, obra que fue expuesta anteriormente en la galería El Anexo / Arte Contemporáneo en Caracas, durante el mes de noviembre del 2013. La pieza, que se concibe como un environement con multiplicidad de lecturas, parte del interés de Hdez-Güero en asuntos como la violencia, el tráfico de armas y la deificación de ciertos códigos. A partir de un estudio en las publicaciones periódicas de Venezuela, el artista hizo una selección de las armas más usadas para perpetrar asaltos y asesinatos y las dibujó en pólvora, completando la pieza al diseminar sobre el suelo más de diez mil casquillos de balas. De este modo la obra desempeña dos funciones estrechamente relacionadas, por una parte se convierte en un muestrario de diferentes armas de fuego, como si fuera una exposición convencional que pudiéramos encontrar en cualquier museo o exhibición militar; y por otra, el camino de proyectiles intenta quebrar al espectador que entra a la muestra al hacerlo pisar un terrero no seguro, lleno de historias de muerte y violencia. La pieza llama la atención sobre la corporeización que adquiere la violencia en el entramado social y cómo esta puede influir en el individuo al convertirse en parte de su entorno cotidiano, al llegar a ser un suceso común.

El hecho de que Hdez-Güero haya presentado Las armas no matan en la 12ma Bienal de La Habana, como parte de la mega exposición de arte cubano Zona Franca, resulta igualmente coherente. Es necesario tener en cuenta que en Cuba los ciudadanos tienen prohibido portar armas de fuego, lo que podría derivar en que una obra como esa carezca de sentido en nuestro contexto, pero lejos de ello, el artista activa otros códigos al traer su pieza a La Habana. La pervivencia de lo entredicho, de lo supuestamente prohibido que yace en un submundo de otredad es lo que le interesa aportar con esta presentación, además de aprovechar la carga simbólica que tiene el espacio donde fue exhibida: el Complejo Histórico Militar Morro-Cabaña, un recinto que tiempo atrás fungió como una conocida fortaleza y cárcel, donde se perpetraron actos de fusilamiento. Así la obra intenta transgredir ese terreno de simulacro por donde se mueve el arte y la realidad cubana, de modo que resulta pertinente al saltarse la forzada displicencia del conjunto de muestras que conformaron ese evento de gran envergadura, en el cual se reunió una producción visual carente en su mayoría de contradicciones, cuando las fuentes de discusión que minan el arte cubano actual y las políticas culturales resultan cada vez más controversiales. Paradójicamente la obra de Hdez-Güero resultaba acertada y hasta excepcional por referir una “realidad ajena”, pero el artista supo romper el marco que se le había impuesto, precisamente desde la circunstancialidad.

La obra de Jesús Hdez-Güero se inserta dentro de un macrosistema, donde el artista activa un camino de interrogación e inconformidad desde disímiles mecanismos. El objetivo fundamental es buscar la veracidad y mostrarla sin adornos ni concesiones, lo que hace que por momentos sus apreciaciones sean incómodas y dolorosas, pero también necesarias.

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