Una revisión al tiempo de Glexis Novoa

/ 2 agosto, 2019

Uno de los artistas más importantes de la generación de los 80 y del arte cubano actual, expone hasta el 26 de agosto su muestra Formas del tiempo en galería Acacia. Sobre el concepto de la exposición y la obra conversamos con su artista: Glexis Novoa.

¿A qué se debe el título de la exposición? ¿Como lo escogió?

El título tiene que ver con una revisión del tiempo y de los cambios que han sucedido a nivel social. Formas del tiempo habla de cambios de tipo sociales, ideológicos, políticos, y de cómo estos pueden cambiar las formas de las cosas, en este caso las ciudades, los objetos personales que han venido de diferentes orígenes, de diferentes propiedades personales que yo he logrado recopilar. En ellos he intentado crear una especie de narrativa, de ficción, donde trato de hablar del pasado, de la historia que yo he conocido en este país y la que ha seguido sucediendo cuando yo no he estado aquí, llevándolo a un ámbito futurista.

¿Por qué relaciona dibujo, escultura y elementos arquitectónicos? Explícanos esa hibridación

La mayoría de los dibujos de la exhibición son bidimensionales, pero tienen un carácter objetual, porque cada elemento donde he dibujado son piezas de arquitectura que yo he ido encontrando, sobre todo los fragmentos de mármol que vienen de diferentes arquitecturas, de diferentes estructuras, partes de la ciudad. No son objetos propiamente escultóricos, pero sí tienen más de una dimensión, tienen huellas de accidentes, roturas, casi todas cubiertas de oro, que son parte del discurso de la obra. Hay escalones de los años 1800 de una casa que estaba donde está ahora el hotel Parckard, por ejemplo. Mis paisajes tienen que ver con la ciudad, siempre inspirados en La Habana, y estas piezas de la arquitectura están citando directamente a la misma ciudad. Estoy descomponiendo la arquitectura desde otro tipo de metodología. La arquitectura se ha ido descomponiendo por el abandono o por el deterioro del paso del tiempo, y en este caso yo he intervenido en ese proceso, y he salvado estas piezas en lo que considero un gesto arqueológico. Es como una especie de acción para salvar estas piezas y convertirlas en artefactos, convertirlas en arte y casi que traerlas a un museo y recobrarlas y guardarlas como si fueran piezas importantes de la arquitectura.

¿Como definirías técnica y conceptualmente tu trabajo?

La técnica del dibujo sobre mármol es una técnica que yo he desarrollado desde el año 2000. Después de un proceso de interacción con el espacio y de dibujar sobre la pared, ahora lo hago en el material exento. El material, el mármol, se eligió él mismo, al yo dibujar sobre una pared de mármol por primera vez en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Mi obra trata, conceptualmente, sobre la estética del poder, y sobre todo, de cómo el poder se representa a través de la arquitectura y la propagando gráfica. El mármol representa el poder. Es un material solemne, usado en monumentos, tumbas, que habla de la eternidad. No solo estoy hablando de Cuba, estoy hablando de un proceso universal en cuanto a la simbología y a la arquitectura. Y lo que quiero dejar al final es una especie de lenguaje común que han usado las diferentes culturas a través de la historia; ya sea para convencer, persuadir y manipular a la gente con la grandiosidad de los templos, monumentos, etc. Hablo de una convergencia, de cómo el hombre ha representado el poder en diferentes partes del mundo, en diferentes culturas, usando esas mismas estrategias formales. Es más bien un discurso estético. Se pudiera hablar de un “paisaje de discursos”, como anotara Iván de La Nuez.

¿Cómo influye en tu arte visitar otras ciudades del mundo?

Estoy concentrado en el paisaje urbano desde principios de los años 90. Cuando miro cualquier paisaje, detrás siempre está La Habana. Es una ciudad que yo aprendí a descubrir y a disfrutar caminando de la mano de mi madre, Ivette Vian. Detrás de todos los paisajes que represento, siempre están esos paseos por La Habana. Estar lejos de aquí me ayuda a tener un punto de vista del país, del horizonte, y la conexión física con el paisaje que me ayuda a tener una visión y una perspectiva diferente. Igual cuando viajo por el mundo haciendo estos dibujos en las paredes me ayuda a tener una perspectiva más global y general del arte, de la cultura y de todo este discurso de símbolos con que está cargada la arquitectura.

¿Ha cambiado la actitud que tenías en los años 80 un poco radical? ¿Por qué?

Sí, ha cambiado. Un aspecto imponderable de existir como ser humano es saber que todo cambia. No pienso que me haya propuesto haber cambiado, simplemente es que estamos envueltos en un proceso de cambio constante. Fui un artista de ideas radicales como todo joven, como toda persona joven que quiere negarse a sí mismo, negar a sus padres, a su propio entorno y contexto. El joven necesita negar para poder confirmar a sí mismo sus ideas, su espacio dentro de un contexto, una sociedad, una familia y como ser humano. Ya no tengo esa edad en la que necesito confirmarme, ya lo hice, me lo probé a mí mismo y hoy en día tengo otros intereses que tienen que ver con mi madurez como persona y con el cambio de la sociedad, del mundo y de los lugares donde vivo.

¿Con estas obras pretendes expresar tu punto de vista sobre lo que es actualmente el arte cubano?

No. No puedo identificar exactamente qué es el arte cubano. Lo que sí tengo claro es que el arte cubano no es una cuestión geográfica, sino cultural. Como ha sucedido en algún momento, los cubanos hemos creado la cultura fuera de Cuba llevando arte cubano, yendo y viniendo. Viviendo afuera he descubierto la obra de artistas que no se conocen acá, como Ana Mendieta, Félix González Torres, por mencionar algunos, pero son muchos. Para tener una visión sobre qué es el arte cubano, habría que tener una visión bien expansiva, y no solamente del arte que se hace en la isla, sino desde Ana Mendieta hasta el joven que expone ahora mismo en una galería cubana.

¿Y sobre la historia de Cuba?

Es más bien una conexión con la historia a partir de mi experiencia personal. Es decir, no estoy fijándome en un estudio específico de la historia, sino en la historia que aparece a partir de mi experiencia conviviendo acá en Cuba y de mi experiencia reencontrándome en la sociedad de nuevo. Ninguno de los objetos que están en esta exhibición los he elegido predeterminadamente, más bien han salido a mi paso. Como punto de partida, me interesan elementos como el mármol y la fotografía de cualquier época, pero cuando las encuentro, no son las que yo buscaba, no son las que quería encontrar, son cosas que aparecen. Aunque muchas veces son imágenes que he contemplado por décadas, no las elijo por el sujeto, sino por el mismo proceso de intentar revisar el tiempo.

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