¿Una Bienal diferente? (I)

La respuesta en palabras de Jorge Fernández

/ 6 abril, 2015

Una Bienal “contra la exposición”

Toda pregunta denota una carencia cognitiva en cuanto se decide abordarla. A veces la respuesta asoma tajante, a veces se convierte en rancia hipótesis que no aporta una garantía de verdad, ni la posibilidad de una confirmación directa. Entonces se recicla, y volvemos a ella una y otra vez, sólo para comprobar la vitalidad del fenómeno cuestionado. En cierta forma éste ha sido el destino de la Bienal de La Habana, incierta, contradictoria, pero a su vez pretenciosa y arriesgada. Por ello cada reflexión sobre esta constituye una forma de adecuar esos torpes laberintos de la razón, que rigen constantemente su curso. A propósito de esas eternas interrogantes y acerca de su próxima edición, nos comenta Jorge Fernández director y curador de la misma.

¿Sigue siendo la BH un evento para el arte del llamado “Tercer Mundo” o “arte periférico”, cuando estas denominaciones ya no tienen el mismo sentido con que surgieron, ya que la realidad es otra? ¿Se ha pensado en nuevas áreas de interés?

El Tercer Mundo estuvo ligado a conceptos como el de centro y periferia. A veces se puede ser periferia en el centro y centro en la periferia. La vida lo ha ido demostrando, esa idea de asumir el Tercer Mundo de un modo fundamentalista tiene que cambiar. Hay flujos e intercomunicaciones en la manera en que se mueven los artistas a nivel internacional, que son muy difíciles de limitar en una cartografía simbólica, de validación y de legitimación. Sin embargo, es cierto que en estudios y estadísticas publicadas, como en el libro La sociedad sin relato de Néstor García Canclini, se dice que el 97% de los artistas visuales circulan a nivel de sus países. Muchos investigadores y teóricos importantes tienen su propio concepto de Tercer Mundo. Para algunos fue también una reinvención geopolítica que respondió a una coyuntura, a un momento estratégico ante la política internacional. Pero no responde a una identidad, a una cultura, a algo establecido. Por ello, sobre el mismo término de lo que se reconoció desde aquella época hay polémica y no todos tienen la misma mirada.

Por otro lado, en una Bienal como esta es muy importante el proceso de trabajo. Ya no sólo es la interacción con el público, que es algo esencial, sino que la obra necesita de la colaboración e intervención de muchos profesionales de otras ramas, disciplinas, saberes. Para eso el artista tiene que estar aquí. Por ello cada día que se nos dificulta traer un artista de África, Asia o del Medio Oriente; acudimos a otras áreas, pensando abiertamente y valorando el aporte que pudieran hacer al proyecto curatorial que nos planteamos.

Existe una duda generalizada para varias generaciones de artistas y especialistas del medio acerca de la manera en que se realiza la selección de las obras y los proyectos. ¿Es la BH una convocatoria abierta o cerrada?

La metodología exacta es que es un proyecto curatorial. Hay un debate, una investigación vinculada a regiones, zonas geográficas. Independientemente de esa estrategia investigativa, es importante destacar que cuando surgió lo que hoy se conoce como equipo de curadores, en aquel entonces era un departamento de investigación. En el libro de Llilian Llanes Memorias. Bienales de La Habana 1984-1999 queda bien definida cuál fue esa metodología de trabajo y cómo se instrumentó. Metodología que también se sigue utilizando hoy, pero con otra mirada, pensando en otras regiones y no dirigida a una única zona.

La estrategia de selección de los artistas depende de cómo se diseñe o conciba el proyecto curatorial. Mi experiencia en las dos bienales que he dirigido fue –en la Oncena– que los curadores explicaran cómo se estaban moviendo sus regiones, qué artistas estaban despuntando, cuáles eran las exposiciones que habían marcado una estrategia, que habían generado una visibilidad diferente o giros importantes en el arte de cada uno de esos países. Así empezamos a trabajar y por ahí llegamos después al proyecto curatorial. En la Duodécima la metodología fue diferente. Esta edición nos instó a reflexionar sobre del “modelo bienal”; aunque después llegáramos a los países, a las zonas geográficas, al proyecto concreto de los artistas. Para mí fue importante estudiar cómo se estaban moviendo las bienales en el mundo, qué estaba sucediendo con ese modelo. Se creó una especie de observatorio de discusión. Desde la Documenta (Alemania), Venecia (Italia), Mercosur (Brasil), São Paulo (Brasil), Estambul (Turquía), hasta Gwangju (Corea del Sur). Por la mesa pasaron todas. En algunas pudimos estar, tuvimos información de catálogos, de curadores, para abarcar finalmente un buen número de estos eventos. Eso nos sirvió para reflexionar, discutir y saber lo que queríamos. De ahí salieron muchos conceptos de esta Bienal, aunque sea por oposición.

Por ejemplo, en el texto que publicó Rafal Niemojewski Venecia o La Habana: Una polémica sobre la génesis de la bienal contemporánea, este refiere aquel simposio internacional que organizó, en diciembre de 2005, la Bienal de Venecia para celebrar su 110 aniversario y reflexionar sobre su futuro. El evento fue programado y presentado por Robert Storr, director artístico de la edición de la Bienal correspondiente al año 2007. En aquel momento, se instauró un debate alrededor de la Bienal en relación a lo que ha identificado a ese primer modelo y cuál ha sido su aporte desde finales del siglo XIX hasta ahora. Entonces, se habló de “la megaexposición”, quizás es la palabra que pueda resumir lo que ha sido la bienal a lo largo del tiempo. No pretendemos que esta sea una Bienal de exposiciones, de cuadros, de instalaciones o galerías; ya que los trabajos se van a disolver en el contexto. Por decirlo de algún modo, la mayoría de las obras que se exhibirán no son coleccionables. Es un proyecto osado, que ha recibido críticas, porque es una Bienal que muchos no van a entender; pero esos son los riesgos que corremos. Creo que estamos en un proceso de experimentación donde todo puede funcionar o no. En este sentido, esta pudiera ser una Bienal “contra la exposición”. Porque más que la exposición se trata de entrar en procesos de trabajo y buscar el arte en su lugar, el cual no es más que donde puede surgir o desarrollarse una obra, aunque no sea asistido por mucha gente.

Loliett Marrero Delachaux

Loliett Marrero Delachaux

La Habana, 1990. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Desde 2013 labora como especialista en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Ha publicado artículos sobre arte cubano y latinoamericano en las revistas Arteamérica, El Caimán Barbudo, Extramuros y el Boletín Ojeada que emite el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam.

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