¿Una Bienal diferente? (II)

La respuesta en palabras de Jorge Fernández

/ 9 abril, 2015

Despejando variables… entre la idea y la experiencia

Según lo descrito en el documento oficial que sirve de base teórica a la Duodécima edición (Entre la idea y la experiencia), la Bienal se proyecta en dos direcciones esenciales: estimular los procesos de creación transdisciplinarios e insertarse en los diversos contextos sociales. De alguna manera la BH ha introducido estas operatorias en ocasiones anteriores, ¿qué sentido cobran ahora con la nueva edición?

Es muy difícil encontrar un giro estrictamente radical de una bienal a otra. Lo mejor que tiene la Bienal de La Habana es que hay una continuidad, cada una te deja con una interrogante, con una ecuación que vas resolviendo en una edición subsiguiente. Pero realmente lo atractivo de esta Bienal es que va a generar un tipo de colaboración interesante, inclusive dentro las propias artes. Creadores que actualmente circulan como cineastas o dramaturgos, van a participar como invitados en una bienal de artes visuales; también científicos van a estar trabajando aquí. Esto es algo que se ha hecho en el mundo –tampoco estamos innovando–, pero aún no tiene un precedente significativo en nuestro evento. Esta Bienal busca ese proceso de colaboración, transdisciplinariedad y relación de saberes. El arte no se puede quedar sólo en una forma de expresión. Como bien dice el título central –Entre la idea y la experiencia– y una de las cosas más difíciles de esto es, precisamente, cómo formalizar la experiencia. Y ahí está lo diferente, la experiencia es muy volátil, fugaz, intangible, sin embargo está ahí, y tú sabes que existe.

Si la Duodécima BH no va a tener un núcleo central de exposiciones y se propone salir a la ciudad y trabajar con los espacios y su gente a través de investigaciones, acciones e intervenciones puntuales, es posible que no existan “obras de galerías”. En ese caso, ¿cómo se afrontaría la ausencia o pérdida del objeto? ¿Interesa a esta Bienal exhibir la documentación de sus propuestas?

Hemos sido muy estrictos con el tema de la documentación. Me parece que ninguna documentación puede sustituir la experiencia directa, con su riqueza y amplitud. En relación a eso me interesó mucho el texto de Jacques Rancière, Las paradojas del arte político, sin embargo no estoy de acuerdo con lo que este planteaba en relación a la visibilidad. Toma como ejemplo a René Francisco y las pantallas que puso con obras como Patio de Nin, A la ca(sz)a de Rosa que él hizo en el barrio El Romerillo o Agua Bendita en Buenavista. Según éste lo más importante fue cómo se visualizó eso posteriormente. Sin embargo, creo que lo más importante no fue eso, sino lo que sucedió en el lugar, en el barrio. Otro ejemplo pudiera ser la obra que realizó Gabriel Orozco en la Universidad de las Artes la Bienal pasada, específicamente en la escuela de ballet de Vittorio Garatti. Aunque a los pocos días de realizada la acción haya venido un “palo de agua” y se haya llevado todo el trabajo que se hizo, lo más significativo no es la foto que hizo el artista, ni los videos tomados de lo cual resultó un documental, sino la experiencia que tuvo lugar allí. Hay que ser muy cuidadosos a la hora de mostrar un registro, una documentación. Hay momentos en que se justifican; momentos en los que el registro se convierte en la reelaboración de un proceso determinado. Por ello hemos tratado que los registros que queden sean, sobre todo, en obras donde hay una experimentación con el audiovisual mismo, con el concepto de cine, de video experimental; hemos tratado que después esto se exhiba, se discuta. Pero que no exista el registro clásico que hay que hacer de un proceso para que éste no se pierda en el tiempo. Me parece bien que se documenten este tipo de cosas, pero quizás eso sea para otra exposición.

Una de las aristas de trabajo que ha cobrado fuerza en las bienales latinoamericanas ha sido la implementación de los proyectos pedagógicos. La BH ha presentado puntuales acciones en esta línea, fundamentalmente, a partir de la sexta edición. ¿Se ha pensado en la realización de un auténtico proyecto educativo para el evento habanero?

Históricamente ha existido esa preocupación, y en ese sentido, se han hecho interesantes talleres como el de textiles de Marta Palau (España/México) en la Segunda Bienal, o más recientemente los talleres de grabado impartidos por Antonio Martorell (Puerto Rico) en la Décima edición. Pero es necesario pasar a una relación mucho más directa con lo que es la educación, que no es exactamente el taller expandido hacia la población en general o hacia los artistas. En esa línea estamos dando algunos pasos ya que, efectivamente, detectamos que en los últimos tiempos hay muchos creadores involucrados en el tema de arte y educación. Para esta edición estará el proyecto de la artista chilena Alicia Villarreal o el del colombiano Nicolás Paris, en cuyo propósito central está dicha intención. Esto es algo que hay que seguir fomentando, pensar la educación en su sentido más abierto. Como decía Luis Camnitzer (curador pedagógico de la Sexta Bienal del Mercosur) “no hay por qué generar un abismo entre la educación y el arte”. Siempre se ha visto a la educación como algo didáctico, pautado y el arte como lo abierto, lo transgresor; dos áreas aparentemente irreconciliables. La experiencia ha demostrado que no es así, las propias Bienales de La Habana han sido muy abiertas, el hecho de salir a buscar el público a la calle lo demuestra. Además, se ha comprobado que el espectador cubano nunca ha sido reacio a sensibilizarse con el arte contemporáneo, a veces somos nosotros los que nos aislamos moviéndonos de una exposición a otra, encerrándonos en un círculo reducido. Lo que hace falta es saltar y buscar otras cosas, incorporar más gente, sin ser populistas. Hay pruebas de lugares donde se ha desarrollado una experiencia de este tipo, como la propia Bienal del Mercosur, que desde sus inicios se orientó hacia lo pedagógico y lo tuvo en el centro de su trabajo. No creo que esta edición tenga un efecto muy grande en ese sentido, pero sí ya empieza a generar proyectos, determinados procesos que van a continuar, quizás la próxima Bienal pueda ser arte y educación, aunque no estoy anunciando nada, puede ser una idea más.

¿Cuál sería la huella que dejaría la Duodécima Bienal de la Habana como experiencia Latinoamericana al resto del mundo?

Es muy pretencioso pensar en ello, puede que deje una huella o ninguna. Es una Bienal riesgosa como decía anteriormente. A veces los resultados no se ven a corto plazo, vienen después. No creemos que estemos haciendo nada trascendente ni cambiado el mundo. Harald Szeemann, un paradigma del arte contemporáneo, director de Documenta, fue muy criticado y vilipendiado por los propios artistas. Sin embargo, fue un hombre que nunca le tuvo miedo a los riesgos y no me comparo con él, sólo que para mí es un gran referente. Cualquier cosa que uno haga siempre está sujeto a muchas críticas, incomprensiones y errores, porque eso también forma parte del proceso… errar. No puedes convertirte en un dictador de formas de hacer arte. Estamos sujetos a críticas, no hay éxito per se. Todo eso puede tener un buen resultado o ser un total desastre.

Loliett Marrero Delachaux

Loliett Marrero Delachaux

La Habana, 1990. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Desde 2013 labora como especialista en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Ha publicado artículos sobre arte cubano y latinoamericano en las revistas Arteamérica, El Caimán Barbudo, Extramuros y el Boletín Ojeada que emite el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio