Un instante para el grabado

/ 30 septiembre, 2016

Aunque existan los certificados de autenticidad o las ediciones limitadas, aunque muchas técnicas del grabado hayan sido los primeros peldaños hacia la fama de no pocos artistas en todas las épocas, la certeza de poseer un original múltiple no siempre resulta tan gratificante como adquirir una pieza de carácter único, irrepetible.

Vivimos la era de los nuevos medios y su creciente influencia impone nuevos y distintos soportes de creación amén del mercado que, inevitablemente, impone en muchos casos los ritmos de creación y el éxito de las piezas. La jerarquía de la obra valorada en cuantiosas sumas de dinero, de acuerdo a la naturaleza de la técnica o al reconocimiento de su autor ha provocado el soslayo de muchas manifestaciones en las artes gráficas.

Dentro del arte contemporáneo se sigue viendo con recelo a las obras que pueden ser multiplicadas. Esta disyuntiva, cuyos presupuestos a favor o en contra podríamos investigar en muchos creadores, es resumida y manejada alegóricamente por el artista y grabador Orlando Montalván: “Cuando una persona compra un buen libro, ese mismo ejemplar, por su procedimiento de impresión, es una copia más de las miles que se hacen a un título, sin embargo eso no altera ni su precio, ni su valor simbólico”.

Precisamente este creador es el centro en torno al cual gira una nómina de artistas, curadores y comunicadores sociales en lo que, luego de la pasada edición de la Bienal de La Habana, ha sido llamado y funciona como Montalván Estudio. Más allá del boom de los Open studio en La Habana, de la mecánica comunicacional y mercantil generada alrededor de estos espacios, el Montalván Estudio opera en función de resaltar y dar valor a las expresiones artísticas que en su naturaleza técnica comparten la cualidad de original múltiple. Incluso -y esta es una característica que lo hace resaltar entre sus homólogos de la ciudad-este espacio ubicado en Malecón 113 entre Crespo y Genios, en Centro Habana; es también pretexto de unión entre curadores y especialistas del gremio, un catalizador de investigaciones y proyectos cuyo fin esencial es la gestión artística, pero también el trabajo social dirigido a la comunidad y fundamentado desde los presupuestos de las artes visuales.

Resulta curioso que un espacio como este no tenga una participación si no destacada, al menos representativa en el Encuentro Nacional de Grabado que sesiona por estos días en La Habana y que al menos hace pensar por un instante en los destinos de esa manifestación en el país y que entre otros asuntos, posee esa condición precisamente por la falta de asociaciones de este tipo.

Onedys Calvo, quien encabeza el staff de curaduría asegura que: “Muchas veces es conflictivo el término de obra que puede ser reproducida, pues sobre todo en materia de mercado, los coleccionistas y otras personas que puedan estar interesadas en adquirir la obra tienen el concepto tradicional relacionado con la pieza única. Entonces se tiende a demeritar a las otras que tienen la posibilidad de un número diverso de ediciones. Es así que quisimos poner en valor en la contemporaneidad este tipo de piezas y estudiar cómo puede comportarse este fenómeno, investigarlo desde varias aristas, no solo en función del mercado”.

Nombres ya conocidos en el contexto de las artes visuales en el país y ubicados entre la vanguardia del grabado como Marcel Molina, Octavio Irving o Rafael Zarza integran la nómina representada en el estudio, además de Dairán Fernández, Edgar Echeverría, Eduardo Leyva, Liudmila López, Néstor Siré, Julio César Peña y otros cuyas piezas pueden verse lo mismo en el espacio físico del Montalván, como en las exposiciones colectivas organizadas en otros estudios y curadas por su grupo de especialistas.

“Normalmente este tipo de espacio implica a un único artista, que es el que rige todo el trabajo que se hace en el estudio. En este caso se trata de promover a varios creadores y de poner en valor el trabajo de los curadores, incluso de la comunicación en función de la visibilidad del estudio-galería y su dinámica de trabajo, aspectos que normalmente realizan las instituciones estatales”, señala Onedys. Ella ha obtenido experiencia en este sentido durante los dos proyectos expositivos que realizaron durante la pasada Bienal. El primero de ellos fue Cuál es tu necesidad, una indagación en cómo el contexto urbano determina reacciones sociales y psicológicas en los individuos a la vez que estos, constantemente, también accionan sobre su contexto. La otra exposición, Lo uno y lo múltiple,retomó un proyecto curatorial que tuvo varias ediciones desde los 90 y que en algún momento dejó de hacerse, por eso durante la Bienal asumió esa idea como pretexto para volver sobre el grabado desde un carácter experimental, con un tono más instalativo.

Las artes gráficas en su lugar    

Según algunos de los grabadores cubanos que conservan aún los valores artísticos de esta técnica como herramienta de expresión, muy pocos creadores mantienen la fe en esa manifestación. Al igual que la fotografía, el grabado es hoy en Cuba un arte básicamente gremial, muy limitado a los esfuerzos de un pequeño grupo de personas, quienes han sobrevivido al impasse producido luego de la década del 90, cuando artistas como Belkis Ayón, Ibrahim Miranda, Sandra Ramos, Abel Barroso y otros cimentaron bases sólidas en este sentido. Sin olvidar por supuesto el importante papel del Taller Experimental de Gráfica de La Habana, quizás ahora, sea el momento de redimensionar el grabado por medio de iniciativas como las del Montalván Estudio. Se trata de restablecerle la importancia que merece e incluso aprovechar sus oportunidades instalativas y de bidimensionalidad.

“En la antigüedad era el grabado el que permitía que una misma imagen se pudiera multiplicar desde una matriz. Con la era digital esta matriz cambió, al igual que los soportes y ya es posible multiplicar imágenes desde la fotografía, el video o determinadas instalaciones que los artistas pueden editar una y otra vez. Estas técnicas –recalca Onedys- se han convertido en una posibilidad de creación cada vez más recurrente para los artistas, pero a nosotros nos interesa más que nada el grabado, pues Orlando Montalván es grabador y porque siempre que se piensa en el original múltiple lo primero que viene a la mente es esa técnica”.

El grabado y el concepto en sí del original múltiple no están ausentes del todo dentro de los procesos de creación de las artes visuales cubanas contemporáneas, sin embrago tampoco puede decirse que tengan el valor que merecen. El mercado puede regir y establecer patrones, pero no puede limitar la creación. Tampoco los conceptos de las nuevas tecnologías deberían suplantar el gusto por lo primario y el placer de sentir en las manos la madera o el metal.

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