Un gesto a la imaginación en cada respiro

/ 6 febrero, 2015

Algunas de las primeras obras de Yoko Ono, cuando formaba parte del grupo Fluxus, rezaban: Escucha el sonido de la tierra al girar (primavera de 1963); Capta el sonido de la respiración de la habitación: al amanecer, por la mañana, por la tarde, antes del alba… Embotella también el olor de la habitación en esa hora concreta (Tape piece II, otoño de 1963); Emplea tu sangre para pintar: a) Continúa pintando hasta que te desmayes; b) Continúa pintando hasta que te mueras (primavera de 1960). Pareciera ser una suerte que poco más de medio siglo después, ante tanta inflación comercial que satura lienzos, rellena esculturas y sobrescribe en plata dudosas valías, existan todavía artistas que prestan atención a la sensibilidad que habita los elementos naturales, capaces de transformar sus sustancias en incalculable energía. Este es el caso de Glenda León (La Habana, 1976) quien, bajo la curaduría de Christian Domínguez y Manuela Villa, presentó desde el 30 de enero para el Matadero Madrid una muestra titulada Cada Respiro.

La artista invadió el espacio con una mega videoinstalación que consistía en la proyección de imágenes relacionadas con la tierra, el cielo, el fuego, el mar y un bosque (como expresión del tiempo), cada una sobre pantallas de grandes formatos y diferentes morfologías. Todas se encontraban sincronizadas con los tempos de la respiración. De modo que la inhalación de oxígeno hacía aparecer mediante un efecto fade la iluminación emanada de las proyecciones y luego al terminar la exhalación desaparecía la imagen mediante el mismo efecto visual. En Cielo podía verse el transcurso de un día entero, pero al rimo de un respiro, es decir, amanecía primero y oscurecía posteriormente con la exhalación. Fuego era simulado con la llama de una vela, en la que la artista dejaba clara la referencia a Bachelard, filósofo francés quien defendía la idea de que la ciencia no podía producir verdad, lo que debía hacer era buscar mejores maneras de preguntar a través de rectificaciones. Por eso usaba como metáfora: “el conocimiento de lo real es una luz que siempre proyecta alguna sombra” y “en la antigüedad la llama de una vela hacía pensar a los sabios”. En la pieza Agua se escogió la escena de las orillas, el arrastre y devolución del mar, como ciclo vital y del equilibrio. Con Tierra se logró su dilatación y contracción, como relaciones variables entre las personas y los pueblos. Y luego… Un bosque. Y todas sus estaciones. Y todo nuestro tiempo. ¡Cuánto poder en cada respiro! ¡Cuánto podemos ser capaces de transformar el mundo!

Las pantallas constituían a su vez las contenciones de tales inconmensurables elementos, imposibles de asir aunque les fuera inherente su inevitable condición de convivencia y existieran precisamente como elixires los unos de los otros. Nuestro fragmentado planeta ha reproducido de cierta manera esta esencia con las forzosas y hegemónicas divisiones entre los seres humanos. La pieza de Glenda convida a pensar en las barreras y los límites, que como dijera Bochner “son solo una invención de nuestro deseo de detectarlos”.

En Cada respiro, la obra determina la importancia del espacio y no el espacio la importancia de la obra. Las respiraciones de cada espectador funcionan como otro elemento más, solo que este no está encapsulado en pantallas, por lo que tiene la libertad y la autodeterminación para transformar sus esfuerzos en bondades. La instalación consigue desmaterializar el lugar, le da la luz justa como para no necesitarla por siempre y permite reforzar la credibilidad de la fuerza expresiva de sus fugaces destellos con cada inhalación y sus inquietantes recesos con las exhalaciones. Glenda es una de esas artistas que apuesta por lo mínimal: “menos es más”, pero en ella no es suficiente con eso. Esta obra es eminentemente sensorial y autorreflexiva en lo que a las cuestiones artísticas le competen pues la esencia del arte comienza justamente en la transformación, el cambio y la subversión hasta quebrar incluso, si fuese necesario, la imaginación. Y todo ello comienza con un respiro, pero requiere continuar con un “gesto”.

Detenerse y reparar en cada respiro de nuestras vidas equivaldría quizás a romper con su carácter mecánico e involuntario y valoraríamos mucho más el valor de lo cotidiano o lo que normalmente desapercibimos por la colapsada y febril imagen del mundo atrapado en sus propias redes. En cada respiro podríamos encontrar otros respiros, incluso, de aquellos que ya no están pero han dejado impronta, porque se trata de hallar ciclos regenerativos de creación sobre las plataformas de estos “ecosistemas energéticos” o de las experiencias reales de las que podamos nutrirnos. Del mundo tomamos sabiduría; nuestro deber es devolver nuestros aportes.

Claudia Taboada Churchman

Claudia Taboada Churchman

La Habana, 1990. Crítica de arte y curadora para la Galería Villa Manuela. Textos suyos pueden consultarse en catálogos de exposiciones y en publicaciones como la revista Artecubano, Revolución y Cultura, La Jiribilla, el tabloide Noticias Artecubano y los sitios web Habana Patrimonial y Habana Cultural. Recientemente uno de sus proyectos curatoriales fue premiado con la Beca de Curaduría que otorga el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio