Trascendencia y reconocimiento

/ 2 febrero, 2017

El otorgamiento de una beca artística, auspiciada por los Estudios de Cayo Hueso, al destacado artista Rubén Alpízar Quintana (Santiago de Cuba, 1965) ratifica la validez de su desempeño artístico. Este reconocimiento a su labor plástica da continuidad a la relación fructífera que existe entre la comunidad artística de La Habana y esa entrañable ciudad cultural de los Estados Unidos.

Alpízar se ha caracterizado por concebir su poética creativa con un discurso personal y distintivo marcado por una atractiva originalidad. Los valores conceptuales y estilísticos de su quehacer le sitúan en el contexto nacional como un autor que aborda magistralmente la pintura, respaldada por el impacto visual de su universo de fantasías.

Tras su graduación en el Instituto Superior de Arte (La Habana, 1989) su imaginario corrobora el talento de un creador de formación académica, que asume la técnica pictórica con destreza, imaginación y buen gusto. Su extensa trayectoria artística confirma su dominio técnico y maestría, potencialidades que le han permitido ofrecer una singular argumentación de sus intereses conceptuales.

El alcance de su propuesta patentiza la plataforma ética de un repertorio resuelto con sugerencias. Su amplia iconografía está asentada en la expresión de la naturaleza del ser humano y su dimensión social. Su tesis creativa expone su filosofía y sus fundamentos éticos. Para lograr la concreción de sus presupuestos teóricos, su producción artística se basa en la intertextualidad de los asuntos tratados, enfocados desde su percepción del mundo y asumida desde la postmodernidad.

La esencia de su trabajo se centra en un marcado interés por recrear la vida social que le circunda. Su concepción estética recrea imágenes que cuestionan la historia asumida como mito. Al abordar la realidad circundante con agudeza estética y marcado sentido del humor, recrea con ironía y fantasía su examen de la realidad circundante y crea un universo pictórico signado por su habilidad pictórica, ingenio y fantasía.

Desde sus comienzos, asume los códigos del Renacimiento, del Surrealismo y otros movimientos de vanguardia del siglo XX, nutriendo su cosmos creativo con referencias de la Historia del Arte Universal. En sus composiciones hace alusiones al ser humano y sus interrelaciones, asumidas desde el comportamiento del individuo como ente social dentro de la colectividad.

Amparado en sus postulados estéticos, su discurso se destaca por la apropiación de iconos e imágenes simbólicas, con las cuales conforma un amplio y contundente muestrario de imágenes, en las cuales se advierte la belleza y el buen gusto en cada realización. La ternura y el sentido humorístico que transmite su expresión estética contribuyen a conmover al espectador.

Dentro del panorama del arte cubano, la dimensión posmoderna en la que se inscribe su obra, delata un estilo personal, signado por el carácter lúdico y desacralizado de una estética que revisita el pasado y asume el presente para patentizar su mirada sobre el acontecer nacional. Su visión de la cosmogonía insular recrea escenas verdaderamente tiernas, resueltas con un sello personal. El hilo narrativo de las historias de su poética reafirma cómo en su acto de creación potencia formas, texturas y colores, puestos todos en función de sus intereses conceptuales. Los valores formales de su producción estética avalan una prolífera trayectoria en un amplio espectro visual, cuya temática se centra en el ser humano y sus relaciones.

Su estética se nutre de un universo creado con fantasías visuales que conforman el entramado de sus intereses creativos asumidos con metáforas. Su vital imaginación recurre al tratamiento jocoso que emana de su personalidad y se refiere a temas de la actualidad nacional asumidos desde el humor y la fantasía visual. Su recurrencia a temáticas locales y universales le han permitido crear una estética personal signada por la coherencia narrativa. Para lograr su atractiva originalidad, hace uso de las diversas técnicas pictóricas y aprovecha al máximo esa condición histórica que tiene el cubano de utilizar el sarcasmo y parodiar la realidad circundante.

Al utilizar los códigos universales y los temas locales, parte de la tradición, los mitos y el imaginario popular. Su imaginario se asienta en la vertiente posmodernista y se nutre de las apropiaciones. Hurga en la historia del arte nacional para remitirse al abordaje de diversos temas, asumidos con ironía, buen gusto y sentido del humor. Su desempeño pictórico nos remite a un trabajo minucioso en la concreción de las escenas. Para ello, crea un mundo de relaciones entre los personajes representados y el ambiente local que los acoge. Combina referentes de la cultura popular con citas de la historia universal para enriquecer su cosmos creativo.

La reciente noticia de que Rubén Alpízar ha sido beneficiado con una residencia de los Estudios de Cayo Hueso constituye una continuación de los fuertes lazos que une a estas dos ciudades. Esperemos que esta relación se mantenga en el futuro para que siga fructificando el intercambio entre ambas latitudes y se mantenga este flujo de posibilidades para que los artistas cubanos aprovechen las posibilidades que otorga esta importante institución cultural. Al ofrecer estas residencias, los patrocinadores facilitan la estancia del autor en ese espacio artístico y vital por un período de tiempo continuo, que garantiza una relación de intercomunicación y de conocimiento mutuo con otros artistas plásticos contemporáneos y contribuye a su crecimiento espiritual y creativo así como a su crecimiento artístico y personal a partir de las interrelaciones personales y estéticas.

 

NOTA: La conexión entre La Habana y Key West se inició en 2014 con la exposición del artista autodidacta, Mario Sánchez (Cayo Hueso, 7 octubre 1908 – 28 abril 2005), realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana. Refrendado por el legendario talento artístico de Cuba, el proyecto Una raza, la raza humana constituyó la continuación de esta conexión artística entre ambas ciudades. Consistió en la posibilidad de ofrecer residencias y exposiciones a un nutrido grupo de artistas cubanos en Cayo Hueso, durante febrero de 2014. Se conformó un núcleo de artistas de diversas generaciones, estilos y discursos creativos, donde cada quien aportaba, con su estética, su visión personal del universo desde sus particularidades estilísticas y éticas. Participaron Manuel Mendive, Roberto Fabelo, Rocío García, Sandra Ramos, The-Merger (Mario González; Niels Moleiro y Alain Pino; Reynerio Tamayo, Rubén Alpízar y Stainless (Alejandro Piñeiro, José Capaz y Roberto Fabelo Hung. En esa ocasión, los Estudios de Cayo Hueso, el Museo Mel Museo Hemingway, la Casa Antigua y el Edificio Histórico Gato acogieron las exposiciones de estos autores en Key West.

 

 

 

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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