Todo o nada en un instante

/ 18 junio, 2015

Tino Sehgal entre ideas y experiencia

 

Cada obra supone compartir un estado, un fragmento del artista, de su propia experiencia de vida reflejada a modo de arte. Así la pieza crea vínculos entre sus espectadores, esos que colaboran con ella, quela hacen suya. Los vuelve cómplices en un universo de referentes, los hace poseer la como forma de cultura.

Tino Sehgal (Londres, 1976) es uno de esos artistas que han apostado por la acción e interactividad y, para mi sorpresa, es el primero que conozco que nada tiene que ver con las líneas anteriores. Resulta que este joven, merecedor del León de Oro en la Biennale di Venezia (2013), no traduce su experiencia en una pieza, sino que crea su arte, literalmente, a partir de vidas ajenas.

Para empezar, rechaza la documentación de sus obras, no las contamina con objetos, ni intervenciones. No hace concesiones, lo cual denota –a mi parecer– una postura seria. Sus piezas se basan en la construcción de momentos, en la fomentación de relaciones interpersonales efímeras, de fragmentos que, a partir de entonces, sólo existen en la mente de aquellos presentes. Sus acciones son articuladas desde una poética exquisita en su sencillez, hedonista, sensitiva–tanto como puede ser un susurro o un beso–; pero con la densidad intelectual propia de quien conoce y lleva al límite las leyes de su contexto. Son obras compuestas únicamente de actores y público, que nacen y mueren en ese instante; obras que, sin negar el mercado, ponen en crisis las estructuras de comercialización del arte contemporáneo.

En sus salas, la distancia entre creador y receptor se anula y, de repente, ambos tributan de igual forma, volcados en la gestación de un momento de arte. Confieso que siento curiosidad respecto a lo que pudiera decirnos una obra como la de Sehgal, tal vez iluminadora en las marmóreas galerías de Europa, donde poco recuerdan la sensación que deja un beso en público; pero que corre sus riesgos en una isla ajena al rigor del mercado del arte; donde Pudor se pasea “de cierta manera” por las calles. Definitivamente resultará interesante ver la readecuación de esos códigos en esta Duodécima Bienal de La Habana; códigos sin duda atractivos en el Viejo Mundo, pero, a ratos, cotidianos en el nuestro.

La obra de Tino Sehgal (This is Exchange) está siendo presentada –en fin, sucediendo– en el Centro Wifredo Lam durante los días de la Bienal (22 de mayo-22 de junio). En una de sus salas, 3 jóvenes esperan a los transeúntes interesados, para escucharlos hablar (en inglés o español) de la Economía de Mercado y supuestamente debatir con ellos al respecto. Luego de la charla, premian su información con 1 peso (cup).

En lo personal, la pieza me funcionó poco. A los actores los sentí relajados, quizá al familiarizarse con mi acento nacional; ajenos a los modos de guiar la conversación; aplastados por mis expectativas. Tal vez carecía yo del conocimiento de mercadotecnia necesario para hacer fluir la charla, o del vocabulario técnico para hacerme entender, o de la intención exigida; tal vez no fui un receptor ideal.

A unos días de mi visita, pienso en la forma en que construimos nuestra experiencia; en cómo está inundada de detalles, de luces, de tonos, de tibios y fríos, que son, a fin de cuentas, los que la hacen tan compleja. Para juzgar un fragmento de tiempo –de la misma forma que juzgamos una obra de arte– resulta inevitable aprehender el caos en sus contornos, ese que tiene poder para elevar o condenar el instante, ese que puede determinar una lectura. Por otra parte, una obra como la de Sehgal permite –concretamente–tantos juicios como espectadores, por lo que una búsqueda para detectar sus fallos corre el riesgo de terminar hallando mis incompatibilidades.

Así, he escuchado otras referencias que enarbolan la pieza como uno de los momentos clave de la Bienal; opiniones que me hacen repensar este texto una y otra vez, pues se basan en la potencialidad discursiva de los jóvenes, en el bien elaborado guión, en la profundidad de los argumentos. Por mi parte, no sentí que fuera algo trascendental y, mientras me preparo para una segunda visita, con cierto desaire pienso en el olvido como uno de los riesgos de apostarlo todo a la ejecución de un instante.

Rigoberto Otaño Milián

Rigoberto Otaño Milián

La Habana, 1987. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Actualmente ejerce como especialista del sello editorial Collage Ediciones del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Ha publicado textos sobre arte cubano en catálogos y revistas.

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio