SuperCopier

/ 21 abril, 2015

En la casa del plagio todo es posible. Se puede transcribir, parafrasear, retransmitir, editar, y un conjunto de verbos que permitan funcionalizar el trabajo ajeno. La cultura contemporánea ha elevado hasta el parnaso este procedimiento como ningún otro. Su nombre varía con el tiempo: collage, bricollage, pastiche, sampling, corta y pega, facsímil, copiadera, relajito, descaro, ready-made, objet trouvé, etc. Aunque por supuesto más de un teórico saldrá al paso para intentar aclarar algunas dudas y distinguir en su justa medida cada término. [Pienso en un académico que se acerca a la frase como un zapador dispuesto a desactivar una mina, horrorizado por las posibilidades mortíferas de la metralla].

Joseph Cornell ─el artista intimidado por Dalí─ no dudó en apropiarse de los filmes producidos por sus coetáneos para ensayar sus experimentaciones. Su timidez y un encontronazo con el maléfico español le hicieron abandonar sus proyecciones cinematográficas con filtros de color, antecesores perfectos de la tropa de duplicaciones «warholianas». Los aviarios son aún más reveladores: combinó el plumaje de aves coloridas contra fondos blancos. “Nuestro buen amigo Damien Hirst” no los olvida.

Como precursor del sampling, Lou Reed decidió intercalar una grabación de sus eructos en una de sus míticas canciones. Aunque esto último ha ocasionado algunas dudas. Pues es natural que John Cale en su afán de perseguir el sonido ambiental del otro John, en este caso Cage ─la variación mínima nos induce a especular que se trata de una idéntica persona─, ya lo hubiera pensado antes: “como todo en Velvet Underground”, según las malas lenguas.

De seguro en esto hay algo duchampiano. Roberto Bolaño dice a propósito de A.G. Porta: “Recuerdo que durante muchos años se dedicó a escribir o a juntar aleatoriamente frases sueltas del Ulises con las que armaba poemas. Algunos eran muy buenos”. Por otro lado Piglia no duda en escribir lo siguiente: “Macedonio es un escritor excepcional, una especie de Marcel Duchamp de la literatura. Practica un arte puramente conceptual, interesado más en el proyecto que en la obra misma. En realidad, la obra no es otra cosa que el proyecto. Trabajó toda la vida en una novela que solo era la idea de una novela que nunca se empezaba acontar y que estaba hecha básicamente de prólogos y de anuncios”. Una obra compuesta por todas sus posibilidades, que puede ser leída como la posición de Macedonio ante el plagio: “el modelo del verdadero artista es el don nadie que se convierte en todo el mundo”, aunque esta frase es una copia de una copia.

Mucho se habló del incidente en que María Kodama ─la molesta señora que legisla sobre la obra del autor de Ficciones─ mandó a retirar de todas las librerías del mundo El hacedor [de Borges] Remake (Alfaguara, 2011), un ejercicio conceptual del escritor español Agustín Fernández Mallo que termina algo que, paradójicamente, comenzó el argentino con Pierre Menard…

Por alguna razón Willem de Kooning destripó del archiconocido marchante Leo Castelli cuando dijo: “Ese hijo de perra, si les dan dos latas de cerveza, también las vendería”. Jasper Johns se encontraba a pocos pasos del suceso y esta fue su reacción: “¡Qué escultura: dos latas de cerveza! Me pareció perfecto para lo que estaba haciendo entonces; las hice y Leo las vendió” (Bronce Pintado, 1960, las latas Ballantine de John).

Un deseo recurrente en Walter Benjamin fue el de componer un texto solamente a base de citas. De haber tenido contacto con el contemporary art hubiera quedado extasiado. Marcel Broodthaers crea su Museo de Arte Moderno con objetos del siglo XIX que reproducen la figura de un águila, en otra ocasión su obra es la disposición de un decorado exótico dentro de una galería y llega al opening acompañado de un camello (Décours, 1974). Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla como parte de su obra muestran un Dan Flavin ─no es necesario aclarar que se trata de un tubo de neón─ alimentado por luz solar de Puerto Rico (Puerto Rican Light [to dan Flavin], 2003). Ezequiel Suárez aspira a exponer algún día en la galería L del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales o en Factoría Habana una pieza (El sol en situación, 2013) que consiste en un cartón circunférico pintado de amarillo dispuesto sobre la pared del fondo, y que Ezequiel concibió en relación a Weather Project de Ólafur Elliason.

Entre los cubanos no se ignoran las posibilidades épicas del plagio. Quizás uno de los copiadores más hard ha sido la figura emblemática de Wilfredo Prieto. Sin discriminación de nacionalidades ni de épocas para cometer el delito, sus historias han llegado a ser célebres. En palabras de un amigo: “Wilfredito sí no entiende”. Mi último hallazgo: Roman Signer, tiene obras en las que a menudo junta dos ventiladores, o vasos plásticos en una galería. También me sorprendió ver una pieza en la que amarraba las patas de una mesa a algunas bicicletas. Cualquier semejanza con la obra de Wilfredo Prieto es pura coincidencia. Pero digamos que el relajito es una práctica extendida en la que incurrimos todos, solo que algunos la realizan con más reservas que otros. En el último Salón de Arte Contemporáneo Cubano, por ejemplo, todos quedamos asombrados ante el curioso caso de un Gerard Richter que al parecer voló de Nueva York a la Habana, pero se malogró por el camino.

El pastiche y todos los modos del plagio son la forma en que verdaderamente se revela la cultura de hoy, es decir, de forma caótica y accidental, pero también velada, cínica, instrumental y angustiosa. Tal vez este sea el secreto de los artistas cuya suerte crece en la medida en que aumenta su colección de catálogos.

Preocupaciones similares condujeron hace un tiempo a una joven bien graduada por la historia del arte [Raquel Cruz] por los caminos de la curaduría. Volvió a ponerlas en juego con Sistema (operativo) de referencias (Vedado, 2014). Disfruto considerablemente estas líneas suyas (aunque de esto último no puedo estar muy seguro): “Alternativa de alternativas: declarar con gracia el desafuero antes que pasar gato por liebre. Inevitablemente copiones ─este ejercicio consiste en un exorcismo múltiple de los demonios propios─, todos somos víctimas conscientes o inconscientes de las influencias”.

Por supuesto, muchos artistas rehuyeron provincianamente una convocatoria ─para ellos─ suicida. Pero la exposición vive en un proyecto de catálogo que crece junto a sus principales hallazgos. Algo así como una bomba de tiempo, dispuesta a explotar en un futuro cercano.

Siguiendo la suprema alternativa de Raquel, confieso que estas líneas le suceden a “Bacterias copionas” de Fernando Castro Flórez. Para Borges: “la literatura se funda en el olvido”.

El darwinismo cultural es un recuerdo, y conjugaba selección natural, variación hereditaria y evolución resultante. En cambio, la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX pudiera ser la historia de cómo el arte ha magullado el asunto de la originalidad moderna, y digamos que de los moretones surge su valor.

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