Seducciones de la fotografía cubana

Entrevista con Rafael Acosta de Arriba

/ 13 febrero, 2017

Tras largo sendero de certidumbre y apego a los asuntos asociados a cuerpo, erotismo y desnudo en la historia del arte y la fotografía cubana, el investigador Rafael Acosta de Arriba presenta La seducción de la mirada. Fotografía del cuerpo en Cuba (1840 – 2013), libro de carácter antológico que propone y revisita el paso del género en la Isla. Con activa presencia en eventos cardinales del escenario fotográfico en los últimos veinte años (NUDI´96, Salón Nacional de Fotografía 1999, Robert Mapplethorpe en La Habana, visita de Andrés Serrano a Cuba, diálogos con Spencer Tunick y Herman Puig), prolífico ejercicio de la escritura sobre etapas, generaciones y nombres olvidados de nuestra historia fotográfica (Un siglo del desnudo fotográfico en Cuba, la generación de los años 90 y sus Rituales del cuerpo, y Herman Puig, respectivamente), la gestación e impulso de publicaciones (la añorada y necesaria revista FC), el espacio concedido a los creadores, el apoyo a la investigación académica y a sus hacedores, Acosta de Arriba llega a este complejo proyecto. Primero legendaria exhibición, luego voluminoso libro, La seducción de la mirada… modula narraciones afianzadas. Este premio nacional de investigación del Ministerio de Cultura, en cuatro ocasiones y en dos el premio nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros, revela pautas y apreciaciones de su obra.

¿Qué antecedentes tomas de este tan particular enfoque temático en Cuba? ¿Qué motivación principal te condujo a hacerlo como libro? ¿La carencia casi absoluta de publicaciones de este tipo en el país, fue un impulso para tu aporte?

Lo primero que tendría que decir para responder las tres preguntas es que fue un libro por encargo. El editor de Polymita (el sello editorial que lo publicó) conocía de mis ensayos sobre el tema y me pidió que realizara un libro donde resumiera mis ideas sobre la temática. El resto corrió por mi cuenta como autor del texto y la selección de autores e imágenes. Desde luego que el hecho de no haber una literatura previa (salvo escasas excepciones) sobre el tema sirvió de acicate. Quise hacer un libro lo más completo posible sobre la fotografía del cuerpo en la historia cultural del país.

La línea temática comienza en el siglo XIX, más la representación de las imágenes parten de 1915. ¿Qué causa llevó a que no se incluyeran fotografías de los años iniciales de la presencia de este arte en la Isla?

No encontré desnudos de esa fecha, esa es la causa. Quizá los hubiera (casi con toda seguridad) pero no fue posible encontrarlos, de cualquier forma, el extenso estudio introductorio se refiere a cómo comenzó todo en la relación de la fotografía con el desnudo en la isla. Por eso es que el libro cubre todo ese período teóricamente, aunque falten imágenes de los primeros años.

Sobre el criterio de selección seguido: incluyes 90 fotógrafos con muy diversas maneras de decir, incluso extremas o baladíes, ¿no crees que estuvo demasiada abierta la boca del costal?

He escuchado ese juicio antes y no quiero discrepar al respecto, cada cual tiene y tendrá su opinión, desde luego; pero la idea de abrir la selección está asociada a la primera respuesta: es decir, hacer un libro lo más completo posible. En esa perspectiva y con la anuencia del editor (de que no tenía límite de páginas para el libro), pues amplié una selección que obviamente pudo ser más cerrada. Me movió el hecho de aceptar a jóvenes que el libro haría visibles y que podían estar comenzando una carrera exitosa en la fotografía del cuerpo. El tiempo dirá, en cada caso, la razón que tuve al incluirlos. De cualquier forma, también influyó en mí, al no hacer la selección más rigurosa que siento en tu pregunta se debió hacer, el hecho de no volver a estudiar los mismos autores de siempre, los que todos estudian, creí, lo sigo creyendo, que de la forma en que lo hice era la única que podía mostrar el amplísimo espectro del imaginario sobre el cuerpo existente entre los artistas del país.

Para ti, ¿qué diferencia existe entre una fotografía erótica y una pornográfica, entre una imagen sensual y otra soez? ¿Qué debe seducir de una imagen digna de ser antologada, publicada, ensalzada por un crítico?

La calidad visual de la imagen, ese es el referente único que entiendo posible. Por otra parte, la diferencia entre erotismo y pornografía me parece un tanto ambigua e imprecisa, eso depende mucho de las concepciones morales del degustador, de sus vivencias con relación al sexo. Lo que para unos es algo extremo, muy fuerte y próximo a lo pornográfico, para otros no es así. Este es siempre un tema complejo, lo he analizado incluso con especialistas del CENESEX muy preocupados con el mismo. Un crítico de cine francés dijo una vez algo que a mí me parece muy atinado: la pornografía es el erotismo de los demás.

En tu libro visualizas no solo firmas muy jóvenes, quizás hasta inmaduras miradas. Muestras tanto la desnudez clásica como la sutil, la lúdrica, la efectista, la irreverente y los códigos de lo erótico-perverso. ¿Se puede hablar de una belleza de lo obsceno, una estética de lo grotesco? ¿Fotografías consideradas arte sin dobleces en la mirada del cuerpo, la carne y el sexo?

Desde luego, si no fuese así artistas del calibre de Goya, Bacon, Lucien Freud, Bhaltus y los cubanos Herman Puig, Antonia Eiriz y Roberto Fabelo, no serían adorados por la crítica más exigente. Lo otro sería someterse a las moralinas más hipócritas y el arte está por encima de esas limitaciones. El libro se hizo pensando también en ese propósito, ayudar a hacer más diversa, ecuménica y cosmopolita la percepción de los cubanos sobre la sexualidad y el cuerpo.

¿Cuál fue el mayor reto de este libro?

Hacerlo. Fue una verdadera odisea, después que estuvo terminado faltó el dinero para la impresión. Ahí me quedé solo, absolutamente solo, y salí a buscar la forma para que el libro existiera. Pasé tres años tocando puertas, pero solo la comprensión del impresor valenciano Miguel Selvi, la ayuda de Enrique Rottemberg, uno de los artistas incluidos en la selección, más la colaboración de los directivos de varias instituciones (CNAP, MNBA, FCBC, Galería Habana y el CNPC), hizo posible que el libro viese la luz. No voy a explicarte el rocambolesco método que hallé pues es aburrido, pero el libro existe por la concertación de todas esas voluntades.

¿Estás satisfecho con la recepción, circulación y manejo, público e intelectual, de tu libro?

En sentido general, sí. No obstante, se presentaron algunas dificultades con la circulación del libro por algunas provincias de Cuba que merecen un comentario. Hubo dos provincias en las que agentes de los órganos de control calificaron al libro de pornográfico y no se pudo vender en las mismas, hubo que retirarlo. Para nada importó que el libro fuese premiado con el Premio Anual de Investigaciones que otorga el Ministerio de Cultura y el Premio Nacional de Crítica de Artes que otorga el CNAP, simplemente la ignorancia y el exceso de facultades de autoridad de personas no especializadas ni calificadas, impidieron que el libro tuviese una circulación nacional. Por suerte, se puede comprar hoy en Casa de las Américas, en el MNBA y en las galerías del FCBC, todas entidades situadas en la capital.

Por otra parte, desde el punto de vista de la crítica de arte ha recibido buenas recepciones en medios como El País, de España (a página completa), La Vanguardia, de Valencia y Cartelera Turia, también de España, El Nuevo Herald, de Estados Unidos (también a página completa) y en La Gaceta de Cuba y revista Artecubano (con un ensayo extenso), en nuestro país. Hay opiniones muy interesantes vertidas en estos medios sobre el contenido y la necesidad del libro que no citaré aquí por una cuestión elemental de modestia. De todas maneras, sí te diré una conclusión que me resulta importante: estos artículos y opiniones sobre el libro me confirmaron que no debe leerse como un catálogo de desnudos, sino como un estudio que permite apreciar las variaciones, en el tiempo, de la imagen cuerpo en la fotografía y el arte cubanos.

Creo que la opinión general ha sido muy positiva con relación al libro y desde luego eso, más la opinión unánime de los fotógrafos (quizá la percepción que más importe), me hacen sentir muy bien. Sentir que se ha hecho un mínimo aporte a la literatura sobre fotografía en Cuba, una escritura realmente incipiente, como se sabe, es indudablemente motivo de satisfacción.

¿Pensarías en un segundo tomo?

Sí, desde luego, esa es una idea que me interesaría mucho, pero que conllevaría encontrar una editorial que juegue su papel eficazmente. Sería muy interesante constatar lo que pudiera arrojar un despliegue de más jóvenes fotógrafos del cuerpo y algunos nombres que se me escaparon en el primer libro. Sería formidable.

Grethel Morell Otero

Historiadora de la fotografía cubana, curadora y crítica de arte. Dos veces Premio de Investigación Fotográfica (Fototeca de Cuba, 2009 y UNEAC, 2010). Publica en importantes revistas culturales cubanas y en numerosos sitios web especializados. Autora del libro Damas, esfinges y mambisas. Mujeres en la fotografía cubana 1840-1902 (Ediciones Boloña, 2016). Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros (2016).

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