Sandra… antes de convertirse en isla I

Algunas experiencias personales y artísticas influyentes en la obra de Sandra Ramos

/ 30 julio, 2016

Al final soy isla; necesito de mi espacio, de mi familia, de mi gente.

Sandra Ramos

Cada persona construye la historia de su vida a partir de sus memorias. El comportamiento de un individuo es determinado, en parte, por sus vivencias resignificadas en el recuerdo. Para los artistas este reservorio ha sido su fuente nutricia fundamental en la generación de sus obras. Algunos han preferido los temas más colectivos o universales; otros, en cambio, han exorcizado sus interioridades.

A la artista Sandra Ramos Lorenzo (La Habana, 1969) se le ha visto convertida en isla en sus innumerables grabados, dibujos y pinturas. Varios hechos figuran en sus títulos como escritura de su memoria individual. La mención de algunos nombres – Wendy, Alejandro, Alexa-, y algunos rasgos estéticos familiar de la historia del arte se ha dejado al descubierto entre sus “gavetas”.

Los orígenes de Sandra-artista no deben buscarse en su genealogía. Rompió la tradición de la vocación laboral familiar para dedicarse al arte. Este desvío fue gracias, según Sandra, a la abuela de su amiga Wendy Navarro, Gloria Gonzáles, quien las incentivó desde niñas a matricular en cursos de arte. La casa de su amiga fue un espacio influyente, los padres de Wendy eran diseñadores de vestuario y escenografía. Sandra confesó respecto a este primer acercamiento al arte lo siguiente: “a mí me encantaba ir allí a ver a la abuela pintar paisajes y retratos al óleo, además de que había un ambiente visual y un buen gusto en aquel lugar que como niña me impresionaron mucho”[1]. Este interés fue estimulado además por su madre, quien pintaba para ella y su hermana, pequeños cuadritos con animales para ambientar el cuarto, y les hacía piñatas, máscaras y decoración para cumpleaños. Sandra recuerda de esta época hasta el olor de la pintura al óleo que tenía su mamá en unos pequeños tubitos con los que realizaba todas estas tareas.

Aquella especie de pasatiempo se convirtió en una pericia profesional, que fue validada en 1993 al finalizar sus estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA). Desde su primer reconocimiento, el Premio Salón Nacional de Enseñanza Artística de San Alejandro en La Habana, recibido a la edad de 19 años, a Sandra no le han faltado becas de creación artística, galardones nacionales y foráneos, y sobre todo, distinciones notables dentro de la historia del arte cubano a partir de los inicios de la década del noventa.

El discurso de las primeras obras de Sandra Ramos, sobre todo el de las fechadas a partir de 1989, opta por una estética conceptual sin la primacía del dibujo y propone una crítica sutil e inteligente, unas veces directa; otras, bajo el entramado de sus metáforas. Este lenguaje le permitió a Sandra “salvar” su obra y con ella, también, “sus circunstancias”.

El contexto no le fue ajeno. Desde sus trabajos en torno al tema de la migración la catalogaron rápidamente como una artista con plena convicción crítica sobre los problemas económicos, políticos, sociales e identitarios de su nación. Estas narraciones no fueron producto solamente de impresiones externas de la situación; Sandra vivió los desmanes de estos desarraigos. Sufrió el abandono de su primer esposo –Alejandro-, quien en 1992 decidió marcharse a Venezuela. La determinación de quedarse a vivir en Cuba resultó una “una decisión muy difícil y triste también, pero correcta”[2], como lo fue, además, tener a su hija Alexa, fuente primordial de su inspiración, un bien ante tanto caos. Su mejor amiga de la infancia, Wendy, también emigró entre el denso flujo que despedía la isla en los noventa. Otras amistades y compañeros de trabajo dijeron igualmente adiós. Sandra experimentó la separación, pero también la permanencia. Comprobó que el trauma del que “se queda” y “el que se va” no fue solo una vivencia personal, sino un estado general, incluso para los que ni siquiera rozaron el problema.

La impronta de Frida Kahlo incitó la creación de vías para canalizar estas situaciones. Su alter ego y auto-citas directas le han acompañado desde entonces. Esta propuesta conecta sus axones descriptivos y anecdóticos con la estructura compositiva de ciertas obras de Sandra Ramos. La imagen fotográfica de Sandra protagoniza igualmente una y otra vez sus piezas. Las citas, en cambio, pertenecen no solo a su universo interior, la artista recurre también a la apropiación de otros que les son afines y los reinterpreta en un acto “antropofágico”. Rufo había aquilatado ya estas relaciones conceptuales entre Sandra y Frida. Frida fue piel y Sandra, piel e isla, “porque ella como Frida, lanza un cordón umbilical a su otro yo, que es el superyó insular”[3].

Entre las causas fundamentales de la migración en los años noventa estuvo el factor económico[4]. La obra de Sandra, consecuente con esta idea, ha sostenido provocadores discursos que proponen a todos pensar sobre su propia experiencia y la del país. Estos temas fueron moldeados por una poética resultante de la asimilación y producción de una estética plural y dinámica, aprehendida durante sus estudios académicos y en las constantes visitaciones a la historia del arte y la literatura.

 

[1]   Entrevista a Sandra Ramos. Cit. en López-Cabrales, María del Mar. “Sandra Ramos, Alicia en un país que se llama Cuba”. Una isla con cara de mujer. Ediciones Nuevo Espacio, New Jersey, 2007, p. 11.

[2]   Ibídem, p. 12.

[3] Caballero, Rufo. “Allí; El espacio en el arte cubano contemporáneo”. Óp. Cit. p. 94.

[4]   Martín Fernández, Consuelo et al. “La emigración de Cuba desde fines del siglo XX y principios del XXI: lecturas y reflexiones mirando a la Ciudad de La Habana”. Anuarios del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales (CEMI), La Habana, 2007, p. 160. (Versión Digital)

Claudia Taboada Churchman

Claudia Taboada Churchman

La Habana, 1990. Crítica de arte y curadora para la Galería Villa Manuela. Textos suyos pueden consultarse en catálogos de exposiciones y en publicaciones como la revista Artecubano, Revolución y Cultura, La Jiribilla, el tabloide Noticias Artecubano y los sitios web Habana Patrimonial y Habana Cultural. Recientemente uno de sus proyectos curatoriales fue premiado con la Beca de Curaduría que otorga el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

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