Sacudir al museo

A propósito de la exposición Joyería de autor

/ 20 mayo, 2016

El Museo Nacional de Bellas Artes constituye la institución legitimadora del arte y de la cultura en general, desde sus inicios ha sido el espacio canonizador por excelencia, a donde todos ansían entrar y –si es posible– quedarse. Tanto es así, que incluso las muestras transitorias exigen determinado nivel de solemnidad, siendo por lo general de corte antológico o historiográfico, y utilizando como obras los fondos del museo a partir de estudios de colección. Sin embargo, con motivo de la I Bienal de Diseño de La Habana, el vestíbulo del Centro de Información Antonio Rodríguez Morey (la Biblioteca del Edificio de Arte Cubano) ha servido de escenario para una novedosa exposición de bijouterie/orfebrería[1] titulada Joyería de autor. Esta fue inaugurada en la tarde del 18 de mayo (de 2016), contando con numeroso público asistente, el cual decidió acercarse al museo para actualizarse un poco en materia de diseño.

Desde el propio título vemos una dignificación de la figura del diseñador de joyas, ya que la etiqueta “de autor” lo pone a la altura de los grandes directores de cine, quienes efectivamente por su singularidad dicen realizar un “cine de autor”. De esta forma se establece una particularización de cada estilo creativo, la cual genera sellos propios o marcas al interior de la industria. Dichas firmas componen una amplia nómina (19 en total) de diseñadores participantes: Héctor Montaner, Iván Abrahantes, Jorge Gil, Jorge Oliva, Maite Duménigo, Michel Calzadilla, Antonio Braña, Mariela Notario, Senén Tabares, Mayelín Guevara, Jose A. Villa, Raiko Valladares, Rosana Vargas, Sofía M. de Aguiar, Ton Haas, Michel Aguilar, Yailin Pérez, Yaniel Rodríguez y Yasniel Valdés.

Este plano de la moda, las joyas, es noticia en países con un desarrollo superior hace mucho tiempo, pero para Cuba constituye una novedad notablemente llamativa, por lo que pudiera ser esta una manera de incorporarnos a dinámicas sociales propias de nuestra época. La visualidad utilizada en los posters o carteles promocionales es muy contemporánea, a la manera de las magazines norteamericanas, con la inclusión de modelos que portan el producto a vender (véanse los stands de Rox o el del trío de Maite Duménigo, Michel Calzadilla y Antonio Braña) y los contactos de los autores en la parte inferior para generar demanda y comunicarse fácilmente con los clientes.

Las obras poseen, más allá de la manufactura (la técnica de la filigrana en el trabajo de Oliva), elementos de valor como piedras raras y/o preciosas y materiales exóticos (el uso de la formica por Mayelín Guevara) desconocidos por la población cubana. Muchos de los soportes de las piezas gozan de una gracia sutil en su diseño, simulando una suerte de pantalla de lámpara que porta la refinadísima joyería expuesta; así como el hecho de que están situadas en vitrinas y poseen un pie de obra dentro de ellas, lo cual deja implícita la idea de que nos encontramos frente a una exposición seria y digna de respeto, en lugar de estar asistiendo a una ordinaria feria artesanal.

El montaje de la exposición estuvo realizado con la síntesis y el gusto exquisito de un diseñador –genéricamente hablando. Cada vitrina pertenece a una poética y autor diferente, y a su vez, sobre las mismas aparecen carteles promocionales dotados de didactismo al explicar datos del proceso creativo o las particularidades del material empleado, ambos aspectos manifiestos en Dale presión de Mayelín Guevara. La muestra invadió ese pequeño espacio a partir del uso de paneles para la división de autores, sirviendo estos “muros” de pladur de soporte para los carteles mencionados y estructurando una suerte de stands que diagonalmente intersectan al visitante.

La aceptación de la muestra fue perceptible en su inauguración, manteniéndose el sitio colmado hasta tres horas más tarde aproximadamente. Además, numerosas personas firmaron el libro de impresiones que se encontraba en el umbral, felicitando a los autores por su talento e ingenio y reconociendo la calidad estética de las obras mostradas. Resulta totalmente válida una iniciativa de este tipo en un espacio como el MNBA, ya que sirve para dinamizar su condición inamovible de institución aurática en pos de vincular a ella público no entendido en materias de arte, pero si interesado en interactuar con una muestra como Joyería de autor por la funcionalidad y glamour que descubre en lo allí exhibido.

[1] La orfebrería está circunscrita a la producción de joyas con materiales preciosos, mientras que la bijouterie (bisutería) imita el aspecto de estos materiales con otros menos valiosos y más perecederos.

Dayma Crespo Zaporta

Dayma Crespo Zaporta

(La Habana, 1994). Licenciada en Historia del Arte. Profesora de Antropología del Instituto Superior de Arte (ISA). Miembro del Consejo Editorial de la Revista Universitaria UPsalón. Colabora con publicaciones como UPsalón, ArtOnCuba, A Mano, Cachivachemedia, D Aquí, etc.

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