Rompiendo olas en marea alta

/ 29 diciembre, 2014

Quienes conocen el trabajo de Mabel Poblet, probablemente se sorprendan con esta nueva entrega presentada en la Bienal del Fin del Mundo, celebrada recientemente en Argentina. Mabel en su proceso de proyección y concreción de la obra, echa mano de cualquier recurso que tenga a su alcance. Con esto me refiero a que las ideas proceden de sucesos y/o experiencias cotidianas personales y ajenas. De esta manera, casi siempre nos topamos con trabajos emotivos, pues en ellos expresa sentimientos y estados de ánimo como pudieran ser la incomunicación, la alegría, la tristeza, la soledad, el agobio, la ternura. Nos tiene acostumbrados a un discurso introspectivo, donde la autorrepresentación se ha mantenido como línea fundamental. Pero Mabel no aparece aquí, al menos no físicamente, y es el mar el que se manifiesta como signo comunicativo esencial.

Marea alta es una obra que no pasa inadvertida, que nos sobrecoge de una manera contundente; especialmente a los que tenemos el mar como parte importante de nuestras vidas. Una vez más, esa masa de agua que nos rodea y nos define, que determina esa condición de ensimismamiento inherente a nuestra cualidad de isla. El mar se convierte en límite pero también en vía de escape, conexión con lo que hay un poco más allá. Para algunos es sinónimo de sueños, de futuro promisorio, sobre todo, cuando en actitud aventurera o quizás desesperada, se pretende cruzar y apostar a lo que se encuentre al otro lado.

Pero es de sabiduría popular que el mar es traicionero, y así nos lo hace saber Mabel, introduciendo la inquietud a través de un inmenso espejo quebrado por ella misma en actitud ¿catártica? Se completa, entonces, esta instalación con dos elementos de elevadísima carga expresiva, la proyección del mar y el espejo roto, así como todas las posibles significaciones que la combinación de ambos pueda generar. El espejo ha sido usado por la literatura como un artefacto inquietante. Aparece a lo largo de la historia humana como un medio de autoconocimiento y también, por qué no, de autoengaño. Se ha entendido como una manera de desnudar el “yo”, de mostrar el alma y sus deseos más profundos. Otras veces, como revelador del futuro o quizás como una posible entrada a otros mundos, rasgo que puede constatarse en el relato A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll. En Marea alta la significación está relacionada con todas las anteriores.

Una primera lectura nos situaría en el fenómeno migratorio, ampliamente abordado por la producción plástica, en el que cruzar el mar se convierte en total acto azaroso, donde la incertidumbre es justamente lo único seguro. Marea alta tiene una significación tremendista, ya que el espejo pudiera analogarse con la idea del horizonte, que es a la vez sinónimo de ilusión y expectativa. Expectativas que se muestran dislocadas, imprecisas, rotas. Tiene que ver con la posibilidad-imposibilidad de realizar los sueños, que depende muchas veces, de factores totalmente aleatorios. Sin embargo, también pudiera verse como una reflexión en torno a la identidad individual y grupal. El espectador puede relacionarse con la obra de una manera sui generis. Participa también de ella pero no con una interactividad directa, sino simulada. El público puede “meterse” al agua, experimentar a nivel mental dicha sensación, y así involucrarse en la historia aparentemente impersonal propuesta por la artista, mezclándola con las propias vivencias y sensaciones. Su presencia complementa y enriquece la pieza, principalmente porque genera un estado de extrañamiento, un reconocimiento distorsionado de la realidad.

Marea alta evidentemente es diferente a las obras anteriores de Mabel Poblet y propone un nuevo camino en las búsquedas estéticas de esta creadora. Su propia imagen desaparece para dar protagonismo a “retratos” de otros, pero aún poniendo énfasis en las posibilidades expresivas del fragmento y en las historias de los individuos. El mar se nos presenta como ese estado primigenio, el punto cero, alfa y omega, donde todo empieza y también termina, donde inevitablemente, seguirán rompiendo.

Chrislie Pérez

Chrislie Pérez

La Habana, 1985. Crítica de arte y curadora. Especialista de la Galería ARTIS 718 del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Mención en el Premio Guy Pérez Cisneros que otorga el Consejo Nacional de las Artes Plásticas en la categoría de reseña (2013). Sus trabajos aparecen en publicaciones como Artecubano, Noticias de Artecubano, La Gaceta, Arte por Excelencias, entre otras.

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