Entrevista a Rodney Batista

/ 25 noviembre, 2014

Rodney Batista y su segunda oportunidad de existencia mediante la imagen

Polémicas, inquietantes, perturbadoras e impresionantes resultan las fotografías de Rodney Batista. Su más reciente serie Mundo de mi mundo, estuvo expuesta hasta hace solo unos días en la galería Servando del Vedado capitalino.

De naturaleza transgresora e iconoclasta, llegó esta muestra en la que entre la contemplación de la vida y la muerte encontramos retratos de impresionantes cuerpos, tanto humanos como animales: “piezas”, como se empeñan en llamarles en la escuela de medicina donde cumplen su función social como objetos donados a la ciencia. Rodney los rescata de allí, les ofrece una segunda oportunidad, de formar parte, nuevamente de su mundo, que es también el nuestro. Plagadas de simbolismos y alegorías, estas imágenes pueden resultar perturbadoras. Lo cierto es que nadie puede sustraerse al efecto que causan.

Egresado de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro en la especialidad de pintura, Batista construye las atmósferas, incluso interviene los cuerpos y cual doctor Frankenstein crea sus propios híbridos. Nada tiene que ver con el artista del lente cazador de historias y momentos, él compone sus escenas.

Entre lo antropológico y lo espiritual, en estas peculiares y nunca antes mejor llamadas “naturalezas muertas” se puede apreciar el dolor pero también la esperanza, la nostalgia por añorar lo que nunca jamás sucedió. Los títulos poseen también gran importancia en la interpretación de las obras, que afloran de las vivencias y experiencias personales del artista.

Confieso que pocas fotografías me han conmocionado tanto como las de Rodney. Algo similar me sucedió con las instantáneas del norteamericano Joel Peter Witkin, con quien el joven artista cubano tiene puntos en contacto y cierta analogía formal y conceptual, pues ambas obras indagan en la estética de la muerte y escudriñan restos mortales.

Los protagonistas de la obra de Rodney son cadáveres humanos, aunque también fotografía de restos animales. Pero no son cadáveres recientes, ni cadáveres cualquiera, son cadáveres que sustrajo de la morgue donde aguardaban ser objeto de alguna investigación anatómica. Son cuerpos a los que el formol y la pátina del tiempo impregnaron sus indelebles huellas. Yacen aun insepultos, y por tanto siguen materialmente en este plano astral exigiéndole su permanencia y reclamando atención.

La fotografía revela al sujeto tal y como es y lo inmortaliza en el tiempo para ser contemplado en la eternidad. La muerte ha jugado un peculiar papel en la historia de esta técnica y arte convirtiéndose en un género mediante los retratos a difuntos que tanto se realizaban desde 1839 en Francia. Pronto comenzó a extenderse esta práctica en toda la sociedad europea de la época, donde la mayoría adquiría este tipo de recuerdo por ser menos costoso que un retrato pintado. Esta obra homenajea, de cierta forma, aquellas reliquias.

Susan Sontang en unos de los ensayos publicados en su libro Sobre la fotografía nos relataba cómo no era lo mismo presenciar una operación en un quirófano que ver fotografías sobre ello. No es lo mismo porque in situ el que observa puede ser dueño de lo que mira, mientras que en una fotografía, al reflejar un sólo instante, nuestra mirada es dirigida por quien compuso la escena sin opción alguna por nuestra parte. Con Batista nuestras pupilas se enfrentan a una imagen que a priori puede resultar desagradable en nuestro ideal de lo bello. Estas representaciones se alejan de la belleza que conocemos y preferimos, pero de algún modo nos atrapan e invitan a seguir mirando, es la fascinación por lo desconocido lo que no deja indiferente a nadie.

Sobre las polémicas que desatan estas imágenes, sin precedentes en las artes visuales cubanas, entre otros aspectos medulares para su idónea interpretación, ArtOnCuba conversó con el artista.

¿Por qué un graduado de pintura decide hacer fotos tan irreverentes y transgresoras en vez de pintar?

Cuando estaba aún en la Academia desarrollaba un trabajo que tenía relación con el cuerpo. Dibujaba otro tipo de composiciones con la anatomía humana. Plasmaba lo que no se ve, lo que está debajo de la piel. Trabajaba con el mismo cuerpo tratando de cambiarle de alguna forma sus funciones, estructura y distribución original. Eso luego me llevó a otro tipo de obra de la cuál su primer exponente fue una instalación que incluía a un osito de peluche abierto por un lado donde se podía ver algunas vísceras. Tuvimos un problema con esta pieza. Estas vísceras empezaron a descomponerse y los inspectores de Salud Pública le pusieron una multa a la galería. Todo eso me condujo a la fotografía, porque es un medio propicio para registrar todo lo que me interesa como artista, esa realidad que está implícita y que no siempre se ve.

¿Cómo llegas a este tipo de fotografía?

Tuve una experiencia que me marcó aunque, en una primera instancia no tuve el interés de trabajar con cuerpos. Tuve la intención de abordar esta temática para dotar los cuerpos que fotografío de vida, de alguna forma. Para darle una continuidad en este mundo a sus existencias truncas.

¿Qué relación estableces con estos cuerpos?

Esta relación surge desde que me inserté en este medio y comencé a relacionarme con ese tipo de fenómeno. Me impactó muchol cómo eran manipulados y nombrados esos cuerpos que ya habían perdido su vida. Eran llamados piezas. De cierta manera borran su historia. Me chocó un poco, porque ya no son asumidos como personas sino como piezas de estudios de medicina, cuerpos donados para la ciencia. Trabajo en la escuela de medicina Girón donde me facilitan los cadáveres. Esos cuerpos se despersonalizaron, perdieron su naturaleza y empezaron a jugar oro rol en la sociedad. Básicamente lo que me interesaba era rescatar y poder inventar una nueva historia, por eso siempre acoto que no me interesaban sus historias anteriores, de cómo vivieron y murieron, a pesar de existir documentos en algunos casos que lo expongan. Su pasado no me importa. Con ellos parto de cero, en el momento exacto en que irrumpen en mi vida.

Además de la obra de Joel Peter Witkin, ¿Qué otras influencias reconoces en tu obra?

Sin conocer la obra de este fotógrafo norteamericano comencé a realizar obras similares aunque trabajamos diversas temáticas dentro de la fotografía a difuntos, pero tenemos algunos puntos en contacto. En el siglo XIX empezó a surgir un tipo de fotografía familiar que se le llamaba muerte niña. Cada vez que se moría un familiar se le hacía una suerte de homenaje a ese último momento en que ese cuerpo iba a estar con esa familia. Hacían construcciones, escenarios donde contextualizaban a ese cuerpo como si estuviera viviendo normalmente. Esto ha trascendido, en algunos países latinoamericanos como en México y hay algunas de mis piezas influenciadas por esto.

¿Por qué titulaste Mundo de mi mundo tú más reciente muestra personal?

Lo extraje de una frase de la religión de Palo Monte. No soy practicante de ninguna religión en específico aunque estas creencias tienen puntos de conexión con mi obra no hago religión con el arte. La esencia de mi propuesta es otra, es más de crear otra realidad. Trato de poner dialogar en un mismo espacio la vida con la muerte, también a nivel físico, como un objeto inanimado que estuvo conectado con la vida junto a otro que fue creado por el hombre y que en ese espacio se vuelvan una misma cosa prácticamente. Esa frase me interesó porque encierra una poética que se puede entender de disimiles maneras, porque encierra un paralelismo. Se refiere a este mundo de los que ya no están que paralelamente mediante mis fotografías vuelve a formar parte del mundo de los vivos. Para le religión esta frase está ligada a la bipolaridad y el antagonismo que se evidencia en las manifestaciones del mundo, por ejemplo el mundo de día tiene un orden y de noche tiene otro y al final son la misma cosa.

Tu obra es diferente y compleja. ¿Cómo ha sido su recepción y qué opiniones ha suscitado?

Una obra tiene tantas lecturas como espectadores la vean según sus experiencias y subjetividades. He tenido buenas críticas y otras no tanto. Empezaré por las malas. Muchas veces se me ha cuestionado la parte ética por el hecho de manipular los cuerpos humanos, pero planteo siempre que ya esos cuerpos dejaron de ser personas para convertirse en objetos al servicio de la ciencia. Ya ellos están en otro plano, me podrían cuestionar si yo estuviera profanando un cuerpo que tuviera una historia y una memoria. Pero con los que yo trabajo parten de cero porque ya están fuera de lo que entendemos como seres sociales. Son solo piezas, como los denominan y califican en donde los obtengo. Como sabes, trato de darles otra oportunidad de existencia mediante la imagen.

Cecilia Crespo

Cecilia Crespo

Periodista. Ha recibido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo Cultural otorgado por la UNEAC y la UPEC a periodistas en Cuba menores de 35 años. Sus textos aparecen frecuentemente en diversas publicaciones cubanas especializadas en cine y artes visuales.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio