René Francisco: Para dónde vamos?!

/ 13 noviembre, 2014

Es esa una notable pregunta, sobre todo por lo compleja que puede resultar su respuesta tanto en la sociedad contemporánea, como en nuestro contexto inmediato, e incluso, en el campo de lo artístico. Con esa incógnita tituló René Francisco Rodríguez, Premio Nacional de Artes Plásticas 2010, la muestra que se inauguró el pasado viernes en Collage Habana. Esta exposición está “rara” apuntó alguien en la inauguración, la cual, como era de esperar, estuvo colmada de un selecto público. Y efectivamente, cierta desorientación, presumiblemente intencionada, se respiró en la propuesta.

Un extenso arsenal de pinturas, videos e instalaciones, además de los resultados pedagógicos en canteras fértiles como DUPP, ubican a este artista en el más alto reconocimiento del arte cubano, sobre todo por lo oportuno de una actitud frente al arte siempre a tono con los presupuestos de su tiempo. Muy recordada es la producción que resultó del dúo René Francisco – Ponjuán en la década del 90, (este último galardonado con el Premio Nacional el pasado año, y de quien, por cierto, se acaba de inaugurar en el Museo de Bellas Artes la muestra del Premio). Antológicas también resultan las prácticas de inserción social del arte de René Francisco: A la ca(sz)a de Rosa (Barrio El Romerillo, 2003); Agua Benita (barrio Buenavista, 2008) e Intercambio Buenavista (2009). Diverso para cuestionar desde diferentes tratamientos artísticos su contexto social, cultural y político: Ajuste de cuentas (muestra personal, MNBA, 2003) y Proyecto palitos (exposición Plaza Almada, CDAV, 2009); paródico y lúdico, en su Tubosutra (1999), cuyos personajes han representado múltiples discursos, es imposible tacharlo de ingenuo.

Resultó ciertamente extraño, detrás de la señalética mecánica de la entrada de la exposición -con evidente intención de obstruir y confundir la orientación hacia dónde ir-, encontrarse con la operatoria formal y temática que identifica su trabajo, pero con determinados resortes inquietantes, que hacen guiño a fórmulas comerciales, a estéticas complacientes y caminos probados. Su pintura, que concibe a la figura desde una especie de puntillismo, muy pastoso y texturado, recrea al individuo diluido en la multitud. Desde esta tensión – comunión plástica, entre el sujeto singular y el colectivo, hace metáforas de cuestiones dialécticas que marcan el devenir humano, y en particular el del cubano. Aunque incluyó varias obras en las que construye incisivas palabras o sentencias sobre la existencia, a partir de la formación de letras con filas humanas, lo desconcertante estuvo en una paleta radiante, cálida, hasta ajena que se desplazó por diferentes partes de la galería en diversos formatos, incluyendo los pequeños y redondos, con un marcado efecto estético, y más dirigida a aludir a las masas, en una radicalización de la abstracción plástica y conceptual. El tema de las masas, evocado de modo insistente en la obra de Mariano Rodríguez, para enfatizar el volumen de lo colectivo cuando este ideal se reclamaba con fervor, y las marchas eran prácticas cotidianas en las década del sesenta, parece resultarle oportuno a René para remitirse fundamentalmente a determinados grados de confusión en nuestra sociedad: dónde y cómo encontrar el referente, la utopía, el idealismo, la praxis…

En la muestra también René hace visitaciones a otras estaciones de su obra que a pesar su versatilidad plástica lo han identificado. En ese sentido sus tubos personificados, dotados de singular gracia y expresividad, que no obstante remiten a la cosificación del individuo, a la repetición de moldes y a cierta condición de “manipulado” inmanente al ser humano, también concurren a Collage Habana con un marcado interés de resaltar lo relativo al laboratorio, y si una vez intentaron actitudes de individualización, ahora parecen cansados, autómatas, despersonalizados. Acaso vivimos tiempos de enajenación?

La ironía subyacente en toda la producción de René, se respira en esta propuesta, que, obviamente pensada para los intereses de la galería devenida insigne del Fondo Cubano de Bienes Culturales, también establece un puente con la exposición Bésame mucho de Eduardo Ponjuán, en esa actitud iconoclasta de producir desconcierto. El contexto para la sociedad, el mercado y el arte ha cambiado, y sus intereses también: Para donde dónde vamos?

Onedys Calvo

Onedys Calvo

Tiene una Maestría en Historia del Arte. Vive y trabaja en La Habana. Es curadora de la Oficina del Historiador de la Ciudad y es la Directora del Palacio del Segundo Cabo: Centro para la interpretación de las relaciones culturales Cuba-Europa. Además, trabaja como periodista en la emisora Habana Radio, y colabora con diversas publicaciones especializadas, tales como Artecubano, Revolución y Cultura y de OPUS Habana.

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