Raúl Cordero: una nueva exposición en Suiza

/ 26 noviembre, 2014

Raúl Cordero: homo ludens, la pintura y una nueva exposición en Suiza

 

Aún no acaba la gastada discusión sobre la pertinencia de la pintura en el ámbito de las artes visuales contemporáneas. Todavía hay quienes no han entendido que la pluralidad y las estrategias de la posmodernidad vacían de sentido cualquier estéril supuesto de que una manifestación, proceder o hecho artístico es superior a otro. No sé por qué, a día de hoy, siguen existiendo debates tan infructuosos.

Después de la gloriosa generación de artistas de los ochenta, el llamado Nuevo arte cubano que sin dudas renovó en la Isla las prácticas artísticas, vino esta otra a la que pertenece Raúl Cordero, que protagonizó un retorno al oficio, al “buen hacer”, pero de un modo totalmente diferente. Si bien la primera incluyó las performances, las  instalaciones, el arte más efímero que algunos creen es el único síntoma de posmodernidad o contemporaneidad, la segunda apostó por esa densidad tropológica de la que hablaba Rufo Caballero, propuso miradas oblicuas, elípticas, y participó de la renovación de muchas manifestaciones con larga tradición en el país.

La pintura de Raúl es provocadora a partir del modo en que modifica los sucesos que ¿representa?  Su intención no es, evidentemente, la de la mímesis de la realidad. Su objetivo  es más subversivo en el plano de lo artístico, es provocar un extrañamiento en el receptor que cuestiona los niveles de manipulación de la imagen que se muestra.

De la relación que desde hace un tiempo Raúl Cordero ha establecido con otras manifestaciones –principalmente fotografía y video-, surgen obras que a partir del lenguaje de la pintura proponen narraciones incompletas para que sean reajustadas y llenadas de significado por el receptor. La superficie del cuadro no es un sitio para la mera contemplación, sino para la intervención directa del espectador, en tanto debe generar un sentido determinado que complete la propuesta de la obra. El artista otorga a la pintura un halo de misterio que trasciende una funcionalidad representacional específica. Sus preocupaciones son de carácter ontológico, y animan una exploración realmente profunda del medio, sus límites, su cometido, sus posibilidades.

En un mundo donde es preponderante la imagen, lo visual, el proyecto artístico de Raúl Cordero se inserta de manera coherente para intentar resituar o restituir los valores del medio pictórico ante otras formas de cultura que se han vuelto más reconocidas en las últimas décadas.

Uno de los procedimientos más interesantes en la obra de este creador es el emborronamiento de la imagen, como metáfora del cuestionamiento a la fidelidad de la representación para con la realidad que le ha servido de referente. En las obras que estarán hasta el 20 de diciembre en Mai 36 Gallery Showroom (Zürich, Suiza), se utiliza este recurso. La pieza S/T (Dead Facebook members) incluye un trabajo con resina de poliéster –presente en otras de sus obras- que consiste en la escritura también difusa de la frase que funciona como subtítulo. La inclusión de esta consecución de puntos de resina puede tener la intención de sugerir un determinado sentido a una composición que es prácticamente abstracta.

La otra resulta más interesante, sobre todo por su relación con el campo específico del arte, sus instituciones y las diferentes funciones que asumen los sujetos al interior del mundo de la creación –artistas, críticos, curadores-. Con el título Disaster I. The curator, Raúl Cordero pone a disposición del público una obra semejante al fotograma de un video que cuenta una historia más amplia que el fragmento que se muestra. Tirado en el suelo, aparentemente inconsciente por el golpe de una lámpara de techo, yace el cuerpo de un sujeto que automáticamente identificamos con la figura del curador –por la relación inmediata que establecemos con el título de la pieza-. Esta imagen, mínima porción de un suceso mucho más amplio, funciona como metáfora de determinado proceso que puede estar relacionado con el personaje al que se alude; puede incluso estar estableciendo una crítica sobre el papel de este individuo en específico.

Cada quien puede hacer su interpretación, pues Raúl emplea el juego visual también como modo para que interroguemos una y otra vez las formas, límites, procesos que conforman nuestro contexto más inmediato.

Gabriela Ramos

Gabriela Ramos

(La Habana, 1990) Graduada de Historia del Arte. Profesora de Teoría de la Cultura Artística en la Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana. Miembro del Programa Interdisciplinario de Estudios del Caribe, Centro de Estudios del Caribe, Casa de las Américas.

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