Prólogo para un futuro arte contemporáneo cubano

/ 4 agosto, 2015

Sin dudas, el arte joven de las generaciones de artistas emergentes alimenta el panorama de las prácticas artísticas contemporáneas en cualquier lugar del mundo. Generalmente dichas promociones de artistas provienen de la academia, lo cual no solo nos habla de una fortaleza a nivel institucional en el campo de la cultura; sino de una promisoria salud en el desarrollo de los fenómenos artísticos. En Cuba una institución de larga tradición que se ha encargado de formar a nuestros creadores es la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, fundada en el año 1818 bajo la dirección del pintor francés Juan Bautista Vermay, y que llega hasta nuestros días por su invaluable aporte a la enseñanza artística.

Indiscutiblemente la participación de sus estudiantesi en la XII edición de la Bienal de La Habana ha resultado un segmento a atender dentro de las exposiciones colaterales del evento; en tanto la muestra que allí se exhibe funciona como termómetro del arte que se está gestando y pone de relieve los parámetros de calidad que en términos estéticos y conceptuales se respiran hoy dentro de la academia. Uno de los valores de la exposición El hombre y su universo -curada por Toni Piñera- es que pone a dialogar las obras de los discípulos con las de sus maestros, así como con la de más de diecisiete artistas latinoamericanosii; lo cual potencia el diálogo y desdibuja la distancia entre jóvenes y consagrados. Además, se convierte en el espacio propicio para la presentación de proyectos colectivos que como ZIP -el cual “pretende descomprimir y socializar procesos artísticos pedagógicos en la Academia”– aspiran a integrarse a la vanguardia del arte cubano contemporáneo.

San Alejandro robustece su atmósfera artística durante todo un mes a partir de una exposición colectiva resultante de la relación entre pedagogía y arte. La experiencia, al recorrer sus espacios, describe un marcado interés de los estudiantes por dialogar con el público. Atentos ante cada visita, los jóvenes creadores interpelan a quienes recorren el lugar escudriñando las potencialidades creativas de quienes allí exponen. Desde mi experiencia personal resultó sumamente atractivo poder confrontar ideas con dichos creadores emergentes. La exhibición por un lado les permite mostrarse a la palestra pública y chocar, quizá por vez primera, con las complejidades del entramado de elementos que conforman el mundo del arte; mientras que para nosotros -académicos, críticos, curadores, etc.-, nos facilita el poder analizar las particularidades y aventurar futuros síntomas de una promoción artística en gestación.

Precisamente, dentro del amplio repertorio de piezas expuestas se detecta, a nivel general, una inclinación hacia los resortes del arte conceptual; mientras que dentro del universo de lenguajes estéticos se favorece la práctica instalativa, sin dejar de lado el tradicional óleo sobre lienzo, el dibujo y la fotografía. Asimismo, se distingue cómo los creadores se nutren de su ámbito privado -muchas veces relacionado al espacio doméstico- así como de sus conflictos y relaciones interpersonales, al convertilos en sustrato conceptual de sus piezas y traducirlos en una poética más intimista. En otra dirección se comprueba la existencia de una zona de creadores que apuestan desde lo personal, y anclados a su contexto físico, ponen de relieve asuntos que atañen al hombre y a su relación con los medios de comunicación masiva, con la naturaleza y con el universo en general. Otro grupo de obras sobresale por su atractivo visual y lugar de emplazamiento. Me refiero a las instalaciones ambientales Nube -del escultor colombiano Ricardo Cárdenas-, al gran alfiler que graciosamente ha quedado prendido a la fachada del inmueble y al gran cubo rosa que semeja una confitura sobredimensionada; las cuales seducen estéticamente al transeúnte y funcionan por su apariencia como antesala de la exposición.

Si bien tras un sondeo de la muestra se descubren piezas más sólidas, atinadas o acertadas a nivel conceptual y procesual que otras, quienes provenimos del ámbito académico y trabajamos para él no dejamos de reconocer la pertinencia de El hombre y su universo, en tanto nos permite explorar las particularidades de nuestro futuro arte contemporáneo cubano y aventurarnos a establecer juicios y criterios, así como aquilatar su salud a partir del diagnóstico de su estado actual. A manera de preámbulo de lo que vendrá, con dicha exhibición sintomática del proceso de la enseñanza artística en Cuba, asistimos al prólogo de nuestro futuro arte contemporáneo cubano.

i Estudiantes de primero, segundo, tercer y cuarto año de la academia, junto a profesores de la institución.

ii Nómina de artistas extranjeros: Colombia (Ricardo Cárdenas, Sair García, Cristo Hoyos, Ana Mosseri, Bibiana Vélez, Fidel Álvarez, Adriana Ramírez, Olivia Miranda, Milena Arango, Juan Camilo García Walker, Charlie Alarcón), Argentina (Matilde Marín, Claudia Vivero), México (Susana de Celis, Othon Castañeda), España (Patricia Zalama), Chile (Camila Lobos), Venezuela (Miguel Herrera) Bahamas (Antonius Roberts) y Estados Unidos (Athena M. Castillo, Charles Anselmo, Peter Talbot).

Julienne López Hernández

Julienne López Hernández

La Habana (1989). Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Desde el 2012 trabaja como docente en el Departamento de Estudios Teóricos y Sociales de la Cultura de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Ha colaborado sobre temas de artes visuales cubano, latinoamericano y caribeño en publicaciones como Artecubano y el Boletín Noticias de Artecubano, y en sitios web y catálogos personales de artistas cubanos contemporáneos.

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