Pintura de siempre…

/ 16 octubre, 2018

Mucho se ha debatido desde el siglo XIX sobre el fallecimiento de la pintura, golpe súbito que ha conducido a un olvido trascendental de las manifestaciones tradicionales del arte, en gran medida, por la lógica de quienes se enfrentan a una sociedad en constante cambio y dinámicas donde la inmediatez se superpone a cualquier indicio que requiera pausa, detenimiento, minuciosidad. La llegada definitiva de las nuevas tecnologías y la entrada a “una época de información desordenada”, tal como nos advirtiera Arthur C. Danto en los años sesenta, condenan buena parte de la producción artística a un reacomodo de sus funciones o su casi decisiva desaparición. Pero la pintura continuó. Prosigue sus desplazamientos, sobreponiéndose a la sentencia de muerte preconizada por Paul Delaroche, impresionado por la fotografía en 1839, reacomodándose al deseo de Joan Miró de asesinarla y reafirmando el dictamen del importante artista mexicano, crítico y teórico Yishai Jusidman, quien advierte en el arte y la pintura valores sin los cuales nuestra cultura sería menos humana.

El contexto cubano presenta pintores grandiosos que han dominado completamente todas las tendencias artísticas y son referentes obligatorios de la manifestación. Muchos han encontrado y entendido el vínculo de su producción con los infinitos relatos visuales de la postmodernidad, pero sin perder esa conexión primera con el oficio y las posibilidades expresivas de color. Uno de los artistas que han emergido recientemente defendiendo esta postura es Alexander Silva (Mayabeque, 1976), cuyos cuadros han sido herederos de la continuidad, donde las figuras demarcan ese espacio ambiguo e ilusorio tan semejante al mundo real.

Su obra más reciente, Vestigios de la refiguración, la cual lo ha acompañado en estos últimos tiempos, impone al panorama creativo una visualidad dominante que se fundamenta en la representación sobredimensionada de rostros de mujeres, saturados por las convergencias del color. Sus modelos parecen sacadas de esas colosales pantallas, las cuales ofrecen un amplio abanico de mensajes y una cobertura informativa generada por las instancias mediáticas, donde cada vez es más frecuente la virtualización de la realidad.

Asistimos nuevamente a una especie de choque visual que intenta colocarnos ante la interrogante del “arte como modelo de construcción de identidades individuales” (Anna Zeidler-Janiszewska). Silva nos induce a reflexionar sobre el indiscutible desarraigo de nuestras propias imágenes e historias, a partir de una manipulación, a veces consiente, de lo que deseamos ser.

Vestigios… reacomoda entonces la eterna huella de la pintura más tradicional, el trabajo en el lienzo, las mezclas de colores, la pincelada académica y la siempre vuelta al oficio, con una figuración nacida de inquietudes de nuestro tiempo, en donde el arte ya no es reflejo minucioso de la realidad, ni le interesa, pero es bandera de reflexión ante sucesos de marcada connotación social.

Alexander es consciente de esa mutación de la identidad de los individuos hacia nuevas formas del comportamiento, donde importa más “la moda de moda” y el patrón de belleza que marca tendencias, cada vez más alejado de la imagen real. La pintura es su estandarte, un medio idóneo para presentar sus preocupaciones sobre un universo que vive en estado de actualizaciones constantes. Como acérrimo observador y apoyado por la fotografía, escoge sus modelos y actúa como artista-revelador de una naturaleza transformada y un relato construido a golpe de color.

La experimentación formal y cromática que el artista inició hace algunos años ya desborda la superficie del cuadro. Sus últimas mujeres piden a gritos salir del marco, mezclarse entre el tumulto y la provocación, traspasar la frontera del tiempo y la linealidad de los espacios rutinarios. Lo que comenzó como alteración, conjunción y yuxtaposición de áreas cromáticas, ideas y excelente dibujo, dio paso a un pensamiento desbordado de originalidad y concepto, el suyo, orquestado a partir de la visión de un mundo impreciso en el cual vivimos.

Hay sensualidad y misterio en la representación de cada obra porque Alexander incorpora una combinación de perspectivas donde también hay sitio para ello. El arte necesita no sólo de reflexión movilizadora y transformadora, le es muy necesario la sostenibilidad y el desbordamiento. Sin dudas, continuaremos recibiendo de este artista su vocación por la pintura, como expresión genuina del talento.

Deivy Colina Echevarría

Deivy Colina Echevarría

Licenciado en Historia del Arte por La Universidad de La Habana. Se desempeña como especialista de una galería de arte y se encarga fundamentalmente de los procesos curatoriales de la misma. Sus intereses profesionales están relacionados con la crítica de arte, sus principales aciertos, desaciertos y espacios de circulación.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio