Paisajes humanos de manos de Tomás Sánchez

/ 6 octubre, 2016

¿Y si mirásemos los paisajes de Tomás Sánchez como resoluciones abstractas donde el pensamiento se sedimenta de inabarcables maneras? La abstracción no solo se expende desde el universo de lo no figurativo, es también un estado de gracia siempre inabarcable, asociado más a la sensualidad de las formas y de las ideas que a la referencia, a la narración, al discurso.

Las imágenes que brotan de las manos y del ingenio de este artista cubano participan de una disipación intensa: la plenitud, tanto de sus lucernarios naturales, como de sus infernales acumulaciones de materia deleznable, generan un espacio cero para la percepción y la razón humanas. Constituyen una parada en la escalada de los conocimientos y las codificaciones; un dejar de ser y un desarropo excitantes, al fin. Y no es que su imaginario propicie nada más que placer estético, al contrario. Ello es signo manifiesto de una conciliación, más que posible, necesaria. Alejado de tópicos e íconos, el escarceo erótico que sus paisajes propician conduce a un replanteamiento total respecto a los conflictos ordinarios que nos aquejan.

Incluso, las suyas son precisiones cartográficas, necesarias estratagemas proferidas en pos de la ubicuidad. Sin intensión expresa de colocarle estigmas a su quehacer, cuando sus imágenes irrumpen en escena, siempre vaga alrededor de ellas el recuerdo fresco de aquellas mañanas presurosas, bañadas del cantar de los pájaros, en la extraordinaria Macondo. Cierto que en estos lindes no existe ya Latinoamérica, no existe Cuba, no existe el mundo si quiera; solo queda el hombre, oculto entre los peldaños de la selva. Mejor aún oculto entre la frondosidad que en su interior se prende.

Deleitables, las piezas reunidas en la muestra personal titulada Paisajes, presentada recientemente en el Museo de Arte Costarricense, exploran los intersticios de la individualidad con el candor de una suave caricia. En la experiencia de vida contemporánea escasean los mecanismos de relajación y abducción, sus intentos en cambio, exploran las posibilidades restitutivas, incluso, curativas del arte.

Ahora bien, es imposible inadvertir el funcionamiento de la figura discursiva del aislamiento en el conjunto de piezas ahora expuestas. Por supuesto su manifestación depende de un doblez elemental en la representación de este concepto. Por un lado, cada pieza en sí, como ya hemos comentado, exige un retraimiento desde el punto de vista emocional y perceptivo. Por otro lado, la sustitución de la figura humano, rasgo común en la obra visual de este artista, por el cuerpo poderoso y sibarítico de la naturaleza, comúnmente está asociado a un grado de plenitud espiritual íntimo jamás compartido, transmisible representativamente a partir del universo de lo visual.

Los espacios de enclave incierto de Tomás Sánchez develan siempre algo olvidado por el hombre: la belleza de su ingenio, la fortaleza de su conciencia y su compromiso con el mundo. Solo de sus manos, logramos recordar lo poderosos que podemos llegar a ser.

 

Nota: Las imágenes han sido extraídas del sitio: www.nacion.com

 

Luis Enrique Padrón Pérez

Luis Enrique Padrón Pérez

(Matanzas, 1992). Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana (2016). Premio Nacional de Crítica Guy Pérez Cisneros 2017. Subdirector Comercial de Galería Villa Manuela. Curador Asistente de Detrás del Muro

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