Oliva y el alcance de su propuesta

/ 25 octubre, 2016

La Galería de Arte Cubano ArteMorfosis, ubicada en Zúrich, Suiza, acogió una exposición del reconocido artista Pedro Pablo Oliva (Pinar del Río, 1949), del 26 de agosto al 17 de septiembre. Esta sede es un espacio de reciente apertura que ha acogido a otras figuras importantes de la plástica cubana como Flora Fong, Ernesto García Peña, Gilberto Frómeta y Alicia Leal. El proyecto tiene entre sus propósitos expandir y divulgar el arte cubano allende los mares y para ello ha preparado una ambiciosa agenda de trabajo con figuras prominentes de la isla.

Las recientes presentaciones del quehacer de Oliva realizadas en este año ratifican la riqueza de su imaginario, el amplio espectro de manifestaciones abordadas y su presencia junto a colegas contemporáneos. En marzo formó parte de Growing Up to Neverland (Creciendo en la tierra de Nunca Jamás), junto a Lázaro Saavedra, Sandra Ramos, Esterio Segura, José A. Vincench, The Merger, Ernesto Leal y Javier Castro, en la Galería Scarfone/Hartley de la Universidad de Tampa. Esta muestra proponía -a través de una metáfora, que parte de la historia de Peter Pan- el quehacer de un núcleo artístico que reafirma las posibilidades del arte para unir a estos dos países tras el restablecimiento de los vínculos y salvar la distancia que los separa, aprovechando la relación histórica de Cuba con la ciudad de Tampa.

Asimismo, entre junio y julio, Oliva presentó Apuntes de Viajes, en el Centro de Artes Visuales de Pinar del Río y en la Galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en La Habana, entre julio y agosto. Esta muestra sui generis mostró una faceta menos conocida de su producción artística. Consiste en un compendio de más de un centenar de dibujos, tintas y acuarelas de pequeño formato, realizados recientemente, los cuales nos permiten compartir tanto sus preocupaciones formales como conceptuales. Las piezas constituyen bocetos y divertimentos del autor, muy frecuentes a lo largo de toda su trayectoria, que surgen como fruto de la inmediatez y brotan espontáneamente, como resultado de la síntesis de figuraciones caprichosas en tiernas composiciones resueltas con la audacia del trazo y manchas de color.

Sin embargo, en Rostros de mi isla, exhibida en Zúrich, presenta una colección que contrasta con la anterior. De su nutrida producción artística, esta vez, el repertorio está conformado por una treintena de obras recientes, compuesta por pinturas y esculturas en bronce, realizadas entre 2013 y 2015. Entre los atractivos de esta muestra está la posibilidad de apreciar cinco de las últimas esculturas realizadas por el artista en RUN Art Foundry, en EEUU, que demuestran la versatilidad de su quehacer y la originalidad de su discurso.

En este conjunto se aprecia la ligereza del trazo en el dibujo, el colorido de su paleta y la agudeza de un imaginario que recrea personajes y situaciones de la vida cotidiana resuelto en diversos soportes. Su universo revela una visión poética del escenario cubano, gracias a ese estilo personal que le permite esbozar las criaturas y situarlas en un ambiente de placidez, aun cuando represente una situación dramática.

La misión de su arte es relatar la cotidianidad. Desde una visión aguda, recrea asuntos vitales de la sociedad, basado en el estilo que ha caracterizado su trabajo, hace referencias al devenir cotidiano en la isla caribeña, en las cuales trasluce su visión sobre el comportamiento humano mediante metáforas, permeadas de sentido crítico, como resultado de la poesía que emana de su naturaleza. Su acervo cultural se nutre de la realidad social de su país que constituye una inspiración constante para el autor.

En su fértil, amplia y diversa producción artística recrea la naturaleza humana, las actitudes sociales; traduce sus sentimientos y convicciones en un discurso caracterizado por una iconografía propia y una estética particular. La operatoria simbólica de su producción nos remite a su acercamiento a la realidad en su tránsito por diversas etapas en una amplia trayectoria, en la cual ha abordado diferentes manifestaciones, técnicas y soportes.

Desde la época de su graduación en la Escuela Nacional de Arte en 1970, cuando ya su imaginario reflejaba figuras líricas y seductoras, su discurso se ha mantenido atento a los acontecimientos de su entorno, abordando la aguda representación visual de temas actuales. El vínculo social de su repertorio temático asume, con amor y desenfado, estampas de temas cotidianos y esa capacidad de captar la realidad social le ha conferido el calificativo de ser un cronista de su tiempo.

Su imaginario ha ido evolucionando acorde a los cambios acontecidos en las dinámicas de las relaciones cotidianas. Actualmente asume la temática de la sobrevivencia y la posibilidad de poder alcanzar determinados anhelos, retos que muchas veces superan las expectativas. Se nutre de diversos sucesos cotidianos para crear sus estampas o piezas tridimensionales marcados por una acentuada crítica social matizada por su fina sensibilidad artística y el buen sentido del humor, siempre a flor de piel.

Rostros de una isla constituye una ventana abierta para reconocer en este conjunto las diversas actitudes que asume el individuo ante situaciones extremas, expresado con un lenguaje simple mediante composiciones atractivas, que invitan a reflexionar sobre el tema tratado. El proyecto está avalado por una propuesta conceptual muy precisa que, desde un acercamiento lúdico y simbólico, recrea su devenir en una obra centrada en la contemporaneidad.

Hacedor de un arte distinguido por el mensaje directo, sutil y espontáneo, Oliva ha reflexionado sobre disímiles temas de la cotidianidad en las diferentes etapas de su devenir. Sus recientes realizaciones se enfocan en la tragedia de la emigración resuelta en composiciones elaboradas a partir de imágenes simpáticas, que expresan la tragedia del hecho desde una poética sutil que denuncia la realidad.

La pasión y la energía se funden en cada propuesta. La gran carroza y El gran viaje, ambas De la serie Navegantes, así como en Viajero pájaro, son esculturas en bronce. En la primera, unos personajes transitan sobre el lomo de un pez; en la segunda, se aprecia una sombrilla con un grupo numeroso de personas dentro de ella, que navega en el mar; y en la última, aparece un grácil pájaro que sostiene en su lomo a dos personajes, mientras camina con extremo cuidado sobre la superficie del océano. Alude a la precariedad de las embarcaciones utilizadas para navegar y a situaciones límites de los seres humanos, que ante la imposibilidad de otras formas de emigrar, asumen las más inverosímiles maneras. Sin embargo, en Los extraños juegos de Lucas se aprecia a un gato de pie, que incólume, ladea su cabeza, para que un niño duerma sobre él, paradigmática expresión de su latente ternura. Esta colección sintetiza el testimonio de su inventiva y agudeza creativa, minimizando el dramatismo de las escenas, amparado en la serenidad que se respira en sus realizaciones, cual hilo conductor que las circunda, lo que se evidencia en cada proyecto ejecutado.

Merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2006, Oliva es uno de los pintores más reconocidos de las artes visuales cubanas. Desde su graduación en la Escuela Nacional de Arte en 1970, su obra refleja su dedicación al servicio del arte desde el magisterio, como hacedor de un variado y meritorio repertorio, y mecenas del arte. Es un singular artífice, creador de un amplio y valioso repertorio en diversas manifestaciones. Su operatoria lo sitúa como uno de los artistas más sólidos en el panorama artístico. Forma parte de la vanguardia artística cubana y su producción artística descansa en una visualidad, cuya maestría delata un universo mágico de amplio espectro pleno de metáforas, que aluden desde las más simples hasta las más complejas situaciones del devenir social. Proyecta la realidad, asumida desde una propuesta lírica y mediante la representación de figuras resueltas con un tratamiento marcado por la ingenuidad de los personajes. Su obra pictórica y dibujística exhibe excelencia técnica, fantasía visual, agudeza psicológica y coherencia conceptual en un discurso que nos remite al examen y la reflexión de la realidad cotidiana.

La denuncia y el compromiso conceptual de sus proposiciones estéticas aprovecha las ventajas que le ofrecen las dinámicas del arte para ofrecer su meditación a nivel de la visualidad. Su legado introduce una nueva estética para darle cabida a ese espacio de reflexión que anida en la historia universal de las artes visuales asumidas desde un amplio repertorio que asume la diversificación de temas mediante estrategias discursivas activas en el terreno estético contemporáneo. El impacto social de su patrimonio artístico lo revela como una de las figuras cubanas más consolidadas en el panorama cultural actual. Oliva ha patentizado en universo enriquecedor y diverso en una operatoria que expresa la hondura de su dimensión filosófica.

 

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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