¡Nuevos gritos en la pared! (Fragmentados)

/ 30 mayo, 2016

En los primeros años de la Revolución cubana la cultura jugó un papel significativo en la formación de nuevos valores y, la cartelística, como mecanismo difusor para la transmisión de mensajes visuales dirigidos a un pueblo incipientemente analfabeto, asumió no solo el discurso político del proceso triunfante sino también una campaña de orientación social y de bien público sin demeritar por ello su alta calidad formal. Fotógrafos, cineastas, plásticos, diseñadores y demás personas vinculadas hasta ese momento al mundo de la publicidad brindaron sus experiencias para crear carteles y vallas que inundaron espacios urbanos inimaginables. Paradas de ómnibus, vidrieras de centros comerciales, muros, y otros lugares sirvieron de soporte a lo que con posterioridad llegó a denominarse como “gritos en la pared”. Al respecto Alejo Carpentier escribiría en una ocasión:

Más que afiche, más que cartel, más que anuncio, es una siempre renovada muestra de artes sugerentes, funcionales, si se quiere, ofrecida al transeúnte. […] Los artistas cubanos del cartel, del afiche, libres de la idea fija de la incitación comercial, tratan de llevar un arte a la calle, allí donde todos lo vean.[i]

Salvando las distancias temporales y, en cierto sentido, las concepciones ideoestéticas que rigieron la producción cultural de los ’60, recientemente quedó inaugurada en la galería Artis 718 del (FCBC) la exposición de pinturas Discurso fragmentado, de Harold López en su segunda edición. Recordemos que la primera había tenido lugar compartiendo una de las bóvedas de la Fortaleza San Carlos de La Cabaña como parte de la mega-muestra Zona Franca, Colateral a la XII Bienal de La Habana (mayo-junio, 2015).

Los personajes que aparecen en la serie, como los anteriores, caminan con desenfado por alguna que otra calle o acera citadina, ya en pequeños grupos entablando una posible conversación o sumergidos en la soledad –absortos en sus pensamientos–, esas charlas y fantasmas que suelen asaltarnos en nuestro devenir cotidiano. (¿Qué cocinaré esta noche? ¿Cuándo pasará la guagua? Quisiera salir de compras o pasear el fin de semana pero no tengo dinero). Son preguntas habituales, a veces sin respuesta inmediata. Algunos parecen enajenarse por completo de su realidad circundante, como totales autómatas, mientras que otros amén de los gestos que aparentan y las acciones que ejecutan, tampoco manifiestan demasiado interés por observar su entorno.

Elucubraciones aparte, desde el punto de vista técnico Harold se enfrenta a varios conflictos, y los resuelve sin mayores problemas. Sus composiciones responden a encuadres meticulosos donde el respeto por los planos, los contrastes de fondo-figura y el uso de la perspectiva con sus recurrentes diagonales traducen un excelente dominio para nada exclusivo del pincel y del color, sino desde la propia maduración de la idea. Todo comienza en la imaginación, tal vez una imagen o un modelo vivo originen una obra en determinado momento, pero el resto depende netamente del artista y de su particular ingenio. Aquí, como en toda la Historia del Arte, no cabe el cuestionamiento, ¿fotografías pintadas o pinturas reproducibles? La imaginación y la destreza siguen siendo las claves del éxito.

La amplia gama de colores, –muy bien resuelta la disposición museográfica por cierto–, desde los cálidos hasta los fríos, incluyendo las vestiduras de los sujetos retratados, vienen a potenciar la línea expresiva que encierran dichos discursos… El intenso colorido tiende a provocar y estimular la mirada y el juicio crítico-estético del espectador, y como en la rue parisina de inicios del siglo XX o la influencia académica culminada en 1998, la fiera[ii] indomable no descansa en el interior de este artista.

Por último, los muros representados en sus lienzos descubren diversos segmentos de textos. Frases o tan solo pocas letras aluden de modo directo a nuestra historia a lo largo de más de cinco décadas. La propaganda política volcada a la calle ha sabido calar hondo en la conciencia individuo-colectiva, y ya se hace imposible no distinguir en cada palabra la esencia de un discurso formador de tantas generaciones, aunque aparezcan fragmentados y muchos en el presente ni siquiera adviertan estos otros “gritos en las paredes”, la lucha de un pueblo continúa, al menos para terminar su día y seguir edificando el mañana.

[i] Alejo Carpentier. “Una siempre renovada muestra de arte sugerente”, en Cine Cubano, nº 54-55, 1969, p. 90.

[ii] Referido al Fauvismo como movimiento pictórico surgido en Francia (1904-1908). En sus años de estudio en la Academia de Artes San Alejandro Harold López fue discípulo de la artista y profesora Rocío García quien tiempo después instituyó un taller de enseñanza llamado Los nuevos fieras.

Alain Cabrera

Alain Cabrera

Licenciado en Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en el año 2008. Desde esa fecha y hasta la actualidad se desempeña como editor de la revista Artecubano, crítico de arte y fotógrafo. Textos de su autoría aparecen en publicaciones nacionales y extranjeras entre las que destacan la revista Artecubano, el tabloide Noticias de Artecubano y el sitio web de crítica Saloncritik (creado por José Luis Brea).

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