No me interesaba documentar algo que abundaba tanto…

Entrevista a Iván Cañas

/ 14 marzo, 2016

En el recién finalizado año quedó listo el libro Iván Cañas: La otra Cuba 1968 – 1988, que antóloga veinte años de trabajo del reconocido fotógrafo, quien fuera corresponsal de la afamada e irrepetible revista Cuba Internacional en los años 70. Con gran parte de la obra inédita, estas páginas recogen cerca de 450 imágenes, organizadas entre reportajes, retratos, ensayos y fotografía de autor que hablan de la Cuba y los cubanos cotidianos desde un matiz neorrealista, desfogado y sin oratorias. Un libro de una generación y un tiempo histórico del que poco se habla sin caer en modismos, de la imagen espontánea y a la vez sutilmente conjeturada de una Isla y sus habitantes en pleno ¨fervor¨ de fijezas y variaciones.

La investigación, el concepto y curaduría de La otras Cuba… estuvo a cargo de Grethel Morell, quien le realizara una entrevista exclusiva al artista en su nostálgico estudio en el Condado de Miami.

 

Grethel Morell: Trabajaste doce años en la revista Cuba Internacional, entre 1968 y 1980, publicación vanguardista del periodismo y la gráfica en Cuba y Latinoamérica, con un staff de diseñadores, editores y escritores de lujo y una dinámica de trabajo casi exclusiva para el momento, donde te convertiste en uno de sus fotógrafos más publicados. ¿Qué fue para Iván Cañas la experiencia Cuba Internacional?

Iván Cañas: La revista Cuba… estuvo ubicada de una manera muy especial en el periodismo cubano post- triunfo-revolución. No seguía la línea editorial de las otras publicaciones de la Isla en ese período. Comenzó a principios de los 60s en un formato muy parecido a la revista norteamericana Life, es decir, una revista gráfica donde la fotografía en especial tenía un papel protagónico. Poco después, en el 70, comenzó a llamarse revista Cuba Internacional y su proyección giró entonces hacia el exterior. Al estar en función de tener aceptación en el extranjero, la revista proyectaba una imagen discreta en relación al énfasis en la Revolución. Sin lugar a dudas fue la publicación ideal para un fotógrafo…

G.M: Mientras tus contemporáneos giraban fundamentalmente sus cámaras hacia los líderes verdeolivos y las grandes manifestaciones populares, Iván Cañas fotografiaba la gente común, retrataba con el elogio de la dignidad al cubano simple. ¿Por qué esa predilección hacia el obrero, el viejo, el negro, el proletario….?

Has trabajado diversos géneros en tu ya extensa carrera, fotografía de estudio, retratos, publicidad, fashion, paisaje, teatro, danza…. pero resalta con un acento muy personal el reportaje, el fotodocumentalismo. ¿Por qué ese especial interés de Iván Cañas en lo inmediato, en los ambientes, en la calle, en el documento?

I.C: Siempre sentí que la fotografía era y es una forma de interpretar la realidad. Esa teoría de que la fotografía es una reproducción mecánica de la realidad no resiste un análisis serio. Si le damos a una persona exactamente la misma cámara con el mismo lente que a otra, y a ambos les pedimos retraten un mismo tema, veremos que el resultado nunca será idéntico, lo cual prueba que el ser humano piensa y luego decide como retratar lo que ve, y sobre todo, interpreta a su alrededor. La fotografía es quizás la más joven de las llamadas Artes Plásticas, la pintura, el grabado, la escultura y etc. Nunca me interesó retratar ni a líderes políticos, figuras del gobierno, deportistas e incluso artistas de la época. Lo hice y mucho, pero solo cumpliendo con mi deber como fotógrafo de una publicación. Lo que realmente me fascinaba, era retratar, documentar la vida de la gente de a pie, la gente humilde, el campesino, el obrero desconocido. Disfrutaba inmensamente cuando cumpliendo con mis obligaciones como reportero de la revista, me metía dentro de los pueblos de provincia y me rodeaba de legiones de gente humilde, en las fábricas, en los centrales azucareros, en las minas, en los campos de Cuba.

G.M: Algunos fotógrafos de tu generación pueden agruparse en lo que yo nombro Nuevo Fotodocumentalismo Cubano, o Fotodocumentalismo Cubano de los años 70, que en esencia son aquellos que supieron mirar a la otra Cuba, la menos apologética, la menos reiterada, la menos trillada en carteles, masas y consignas. Y que de igual forma son parte ineludible de la historia de la Isla. Pero es la generación menos promovida, menos conocida. ¿Siente Iván Cañas que algo le debe la Historia?

G.M: ¿Por qué siempre miraste a Cuba en blanco y negro? ¿Por una cuestión de técnica y época, o por el realismo dramático que favorece al estilo?

I.C: En realidad, fotógrafos apologistas de la Revolución, abundaban… y era una actitud que funcionaba en aquel entorno, abría puertas. Siendo honesto, te diré que a mi, como artista, como testigo de la realidad que me rodeaba, no me interesaba dejar testimonio de algo que abundaba tanto… era el pan nuestro de cada día. Y a estas conclusiones arribo ahora que estoy inmerso en la misión de rescatar el testimonio de mi labor como fotógrafo en las pasadas décadas del 60, 70 y los 80´s.

El uso del Blanco y Negro en la fotografía fue y sigue siendo mi preferido. El mundo del color es algo más industrial, mucho menos personal que el clásico Blanco y Negro. Una de las cosas que me encantaban de la revista Cuba… era que los fotógrafos no solo tiraban las fotos, también las procesaban y las imprimían en el cuarto oscuro. De esta manera el resultado de tu trabajo era mucho más personal que el de otras publicaciones donde el fotógrafo tiraba las fotos… pero las procesaba otro.

G.M: Tu fotolibro El Cubano se Ofrece es uno de los primeros libros de ensayo fotográfico realizados en Cuba tras 1959, y actualmente su maqueta se encuentra en la prestigiosa Colección Permanente del Museo Reina Sofía, en España. ¿Qué significa para Iván Cañas la trascendencia de este libro?

I.C: El Cubano se Ofrece, el primero de mis libros fotográficos, vio la luz en Ediciones Unión en 1982, pero en realidad fue hecho en 1969, 13 años antes de que se publicara. Este libro, que al principio fue cuestionado por la dirección del Instituto Cubano del Libro ya que según ellos ofrecía una visión “pesimista” de la Revolución y después, luego de que yo le añadiera algunas imágenes en el final de su discurso menos “pesimista”, muchos años después me dio la alegría de haber sido seleccionado como unos de los mejores Fotolibros Latinoamericanos de la historia con su correspondiente inclusión en varias ediciones antológicas, así como su adquisición para la Colección Permanente del Museo Reina Sofía.

G.M: Compartiste vida y trabajo con grandes nombres de la intelectualidad cubana, como el pintor y diseñador Raúl Martínez, el músico Sergio Vitier, el escritor y guionista de cine Eliseo Alberto Diego, el fotógrafo y cineasta Mario García Joya (Mayito), el suizo que más influyó en la fotografía cubana Luc Chessex… Fotografiaste de una manera exclusiva al inmenso de las letras hispánicas José Lezama Lima. ¿Qué significó para Iván Cañas haber sido parte de ellos y de la historia?

I.C: Raúl Martínez fue una figura clave en mi vida. Con su talento y dedicación me abrió los ojos y gracias a su magisterio, comprendí que la fotografía, como medio de expresión y realización creativa, era una carrera prácticamente infinita. Sergio Vitier más que un amigo, fue y será por siempre un hermano del alma. Nos conocimos en nuestra adolescencia y andamos juntos un largo trecho de nuestras vidas. Lichi Diego fue un gran artista y una bellísima persona que formaba parte de nuestra época de gloria en la querida revista Cuba… Mayito García Joya marcó con su obra hitos en la Fotografía Cubana, y tiene el merito indiscutible de haber promovido nuestra fotografía en diversos escenarios mundiales con su labor aglutinadora y promocional, y Luc Chessex, el Suizo, uno de los más importantes fotógrafos vivos a nivel mundial, me ayudó a mi y a muchos de mis coterráneos a iniciarnos en esta carrera con su ya en aquel momento vasta experiencia y larga trayectoria en la fotografía. En el caso de Lezama Lima, lo conocí gracias al maestro Raúl Martínez, que una vez terminada la maqueta de El Cubano se Ofrece, me llevó a su casa para mostrársela… Aproveché esa visita para hacerle una serie de retratos que con el paso del tiempo han ido adquiriendo valor para coleccionistas y museos. Cuando me instalé en Miami en 1992, mi amigo de toda la vida, el fotógrafo José Alberto Figueroa, me guardó en su casa una parte importante de mi archivo. Mucho tiempo después de esto, arribando al 2010 cuando se cumpliría el centenario del nacimiento del laureado escritor, Figueroa me recordó que entre mis negativos estaba esta serie que valía la pena mostrar, y se lo agradeceré por siempre, ya que ha tenido un éxito espectacular.

G.M: A diferencia de muchos artistas de tu época, provienes de una familia muy vinculada al arte, que además tenía el privilegio de una posición social favorable, en un país pobre y limitado. Fuiste músico, tuviste una relación directa con el teatro, la televisión, el cine… ¿Cómo determinó el contexto de los Cañas -Boix en el camino creativo de Iván?

I.C: Obviamente, la herencia genética jugó un papel clave en mi orientación hacia el mundo del arte. Mi madre, Magali Boix, hija de un cantante lírico, comenzó su carrera como actriz primero en la radio, fue fundadora de la Televisión Cubana como locutora comercial, labor que alternaba con su trabajo como actriz de teatro, que continuó durante toda su vida en Cuba.

Mi padre Darío Cañas, también fue actor de teatro y cine, además de mago y prestigitador. Mi único hermano, Pedro Cañas es músico. Con ese entorno familiar, comencé mi acercamiento al arte como actor secundario con solo 12 años, en dos ocasiones tuve el privilegio de trabajar con Raquel Revuelta y su hermano Vicente. Al darme cuenta que las tablas no serían mi futuro, probé con la música y comencé con la guitarra. Con solo 16 años y dentro de las filas del ejército, unos amigos y yo creamos un cuarteto vocal, “Los Olivos” que años después y bajo la dirección de Luis Carbonell debutó como “Los Cañas”. Paralelamente al debut del cuarteto ya había comenzado mis clases de fotografía con el maestro Raúl Martínez, y solo 2 años después de haber debutado en el universo de la música, decidí dejar el brillo de las luminarias, la radio y la televisión y ocupar un puesto de fotógrafo que existía en la revista Cuba.

G.M: Si te ofrecieran la posibilidad de volver a retratar Cuba, luego de más de 20 años de ausencia en su imaginario, ¿qué tomarías?

I.C: Volvería a algún pueblo de campo en el interior de la Isla para hacer “El Cubano se Ofrece Parte II”.

G.M: Defíneme en una frase qué ha sido para ti la Fotografía.

I.C: La vida misma…

Grethel Morell Otero

Historiadora de la fotografía cubana, curadora y crítica de arte. Dos veces Premio de Investigación Fotográfica (Fototeca de Cuba, 2009 y UNEAC, 2010). Publica en importantes revistas culturales cubanas y en numerosos sitios web especializados. Autora del libro Damas, esfinges y mambisas. Mujeres en la fotografía cubana 1840-1902 (Ediciones Boloña, 2016). Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros (2016).

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