No es lo que es

/ 27 enero, 2015

La bestia que se escapa

 

En Villa Manuela, y programada para los meses de noviembre y diciembre, estuvo la muestra fotográfica No es lo que es y tengo la fortuna de que ya ha sido retirada, quizá con demasiada premura, lo cual me da por cierto una invaluable ventaja: nadie podrá contrastar in situ las ideas que aquí se me dé por arriesgar.

El dúo de fotógrafos Liudmila & Nelson se unieron esta vez al muy joven Alfredo Sarabia (median entre ellos más de quince años, lo cual no dice nada, salvo que probablemente no sean intereses generacionales los que los enyuntan) para topar las paredes de la galería de la UNEAC con sus visiones. Allí estuve, uno más, cero a la izquierda todo lo que pude, entre los cientos de personas que atestaban el lugar, hablando todos entre ellos, y hablando de otras cosas, la mayoría ajenas a las imágenes de gran formato que colmaban las paredes.

Por ir a contracorriente, por ser “pesao” y por desentonar un poco, siempre me da en las exposiciones por prestar atención a “lo mostrado”. Me detengo un rato largo ante las obras, me leo las fichas técnicas, intento que si no unas, al menos las otras me digan algo, lo cual no siempre es tarea fácil y las más de las veces no es más que esfuerzo duro y vano.

En la ocasión no actué de manera diferente, pese a que dentro de la sala llovía sobre mojado, muy mojado. Las instantáneas de Liudmila & Nelson reproducían la realidad tantas veces retratada, las vallas cargadas de tanta propaganda política inútil, el descalabro que produce la distancia entre la intención y lo logrado, el ojo que solo consigue ver lo que quiere ver, quizá lo que quiere que se vea, y todo lo demás se le escapa de entre las manos. Ensoñaciones casi siempre intervenidas por los fotógrafos, un color aquí, el trasplante de otra imagen allá, muy, demasiado, a la manera que otras tantas le he visto hacer a Carlos Garaicoa, por citar un ejemplo entre cuantos, y es que son tantos que pareciera estar uno viendo, una y otra vez, y otra vez de nuevo, la misma foto, algo que en principio no digo que esté mal, si el intento fuera el de captar un entorno que mucho se repite a sí mismo, hasta el bostezo.

De otro lado, sin empastarse demasiado a sus colegas, salvo por el empeño en retratar el lóbrego, oscuro paso del tiempo por encima de las cosas, estaban las escenas capturadas por Sarabia, donde a diez de últimas es casi siempre el protagonista un aparato fotográfico, que se deleita posando en medio de la imagen y desde allí nos mira. Delante de estas obras no pude menos que recordar esas novelas, esos cuentos contemporáneos (que también se cuentan por tantos y tantos) en los que el personaje principal es un escritor, historias que develan al autor muy concentrando en la tenaz tarea de narrarse el ombligo.

Además, no había mucho más, sino pura redundancia en la retórica del desencanto. El vino, sí señor, era decente y abundante. De allí me fui con esa sensación que lastra las ganas hasta de comentarlo: muestras como aquella se regodean, para mi gusto demasiado, en el testimonio del naufragio, el sinsentido de los días que transcurren sin que pase nada. Sin embargo, el animal que intentan capturar está vivo, va cuatro pasos adelante, y siempre se escabulle de las cámaras.

 

Fotografías: Alain Cabrera

Ernesto Pérez Castillo

Ernesto Pérez Castillo

La Habana, 1968. Escritor. Premio de Novela de la UNEAC por Haciendo las cosas mal (2008). Ha publicado los libros de cuentos Bajo la bandera rosa (2009), Filosofía barata (2006) y las novelas Medio millón de tuercas (2010) y El ruido de las largas distancias (2011).

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Excelente artículo!

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