Niels Reyes. Más allá de la inercia

/ 21 octubre, 2014

A Niels Reyes, como a la mayoría de los artistas de nuestro tiempo, le preocupa la trascendencia; siente el impulso de pasar a la Historia como aquel sujeto que fue capaz de encontrar en el arte su razón de ser. En el relativamente corto tiempo que lleva desarrollando su trabajo ha sabido desplegar, desde la creación, una línea estética sólida, avalada por reconocimientos como la residencia K.K.A, en Vienna (2012); o el reciente Gran Premio de la expo-venta de arte cubano contemporáneo Post-it (2013), en cuya segunda edición participa como jurado.

Su obra dialoga con una legitimidad pictórica que se remonta a los mismos inicios del arte cubano. Desde los óleos de Jean Baptiste Vermay, primer director de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro; hasta los retratos cubistas de Servando Cabrera Moreno, o las barrocas Floras de Portocarrero, su creación revisita un género que se ha provisto de no pocos adeptos. Sin embargo, en medio de una tradición tantas veces transitada, el joven pintor logra encontrar su propio sendero. Para él, los presupuestos estéticos del retrato sobrepasan la reproducción de meros rasgos faciales. No se limita a la expresión de una mirada, ni a la desnudez de un torso.

Sus Rostros reflejan esa condición, exclusiva del artista, que le permite abordar vidas ajenas y nutrirse de sus vivencias. Es ese “deseo inextinguible de estar siempre en otro lugar”, del que habla Junot Díaz en La breve y maravillosa vida de Oscar Wao. Mediante sus obras, Niels transforma la realidad a su alrededor y reconstruye arbitrariamente historias que desconoce. Incluso es capaz de urdir relatos que, por ajenos, le resultan extraordinariamente fascinantes. Cada uno de sus personajes es el héroe autónomo de su propia secuencia, con el espesor de un pasado que aglomera historias familiares, conflictos generacionales, nacionalismos; todo en un instante sublime, evocador, en el que la existencia misma se reduce a un fragmento de lienzo.

Para el joven artista, el óleo es un espacio vital, la circunstancia inmediata de sus personajes; arde en empastes y devela expresiones, estados de ánimo. El óleo representa el contexto, el pasado, el futuro; todo yuxtapuesto en esa volumetría de capas; condensado alrededor de miradas ineludibles. Más allá de efectos gratuitos, la imposición de la línea, la desestabilización de las formas, o incluso la distribución del color, así lo prueban. Son recursos que le facilitan la narración de fragmentos, más bien, segmentos de una realidad tergiversada: un relato sin el uso de la palabra. Una simbiosis magistral entre concepto y forma, cuyo código es universal, pero a la vez único, indivisible; dispuesto para que cada espectador ̸ lector encuentre los reflejos de su propia existencia. De ahí que la indeterminación sea otra de sus armas; una indeterminación que germina en las grietas de la experiencia ajena, y que el creador conoce –o manipula– plenamente.

“El arte –como admite Philip Roth en Zuckerman desencadenado– siempre está controlado, el arte está dirigido, el arte siempre está amañado. Así es cómo se apodera del corazón de los hombres.” Niels Reyes es plenamente consciente de ello, eso lo puedo asegurar. De ahí que me refiera a la idea de una trascendencia, a su necesidad compulsiva de contribuir, en cierto modo, a la modelación del arte cubano. Por ello insiste en la terminación de sus obras, en un aparente caos que finalmente deviene en orden, en catalogación y escrutinio de los estados de ánimo.

Según imagina esos mundos viscerales y la narración fluye por sus manos; deja una huella indeleble en el lienzo, una marca que cuenta su historia, la del sujeto que fue, o incluso que pudiera ser. Definitivamente, existe una voz implícita en la inercia de esas miradas; en los rasgos que reproducen esos Rostros, en cuyo conjunto un receptor ávido es capaz de leer, entre líneas, al artista que ocultan. La trascendencia –y disculpen mi insistencia–, una vez llegado a este punto, deja de ser un problema.

Rigoberto Otaño Milián

Rigoberto Otaño Milián

La Habana, 1987. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Actualmente ejerce como especialista del sello editorial Collage Ediciones del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Ha publicado textos sobre arte cubano en catálogos y revistas.

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