Narciso frente al espejo

/ 19 marzo, 2018

  • “Sí, la pintura de Maykel Linares es autocomplaciente y dulzona para con el espectador. Es la muestra de un hedonismo pictórico que presenta a la manifestación como acto intuitivo de la realidad y que solo busca agradar a cualquier precio”.

Mientras escucho estas expresiones durante la inauguración de la muestra Jetlag de Maykel Linares en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, no dejo de observar sus cuadros. Las obras me dicen todo lo contrario, reclaman mayor profundidad en su apreciación y comprensión. Es muy fácil emitir juicios con tanta ligereza. Para el “mundillo” del arte, circuito en el cual se identifican a los denominados enterados (en su mayoría personas sedientas de reconocimiento social y alcohol), solo importan sus criterios poco fundamentados, los cuales denotan que son incapaces de comprender el quehacer artístico contemporáneo. Por supuesto, tampoco se puede defender lo indefendible, como fue el caso del 7mo Salón de Arte Cubano Contemporáneo.

Para objetar estos desmanes basta con escudriñar el universo pictórico que propone el creador. Él resuelve sus trabajos a través de una técnica precisa, deudora de los procederes impresionistas y expresionistas, con excelente manejo de las manchas de color. Así, Maykel se inspira en la oda paisajística europea del siglo XIX que preponderaba las experiencias de la naturaleza en su inmensidad. El resultado son paisajes rurales muy bien concebidos en el orden formal, donde nada es fortuito; incluso la ausencia humana puede ser vista como elemento que alude al ocultamiento, lo cual trasmite sensaciones de inquietud y amenaza.

Por su parte, los entornos pictóricos captan instantes reales, a modo de fotografías, que van desde el vuelo de un pájaro hasta las vistas de determinadas especificidades de la flora. En esas representaciones apacibles cada fragmento de realidad conlleva la complicidad del espectador que identifica lugares comunes, los cuales exhiben el paisaje como motivo que ha acompañado el largo periplo de la Historia del Arte. La activación de este proceso cognitivo responde a un logro loable: las obras trascienden el simple acto contemplativo. Maykel transita por este terreno de arenas movedizas y sale airoso. En buena medida sabe hasta qué punto poner a prueba al receptor de sus obras. Por ello recicla procederes y temas a través de un ir y venir histórico que, como el polvo en el viento, se muestra imperceptible y nunca el mismo. En ese recorrido desenfadado y consciente está la huella del artista que recoloca al espectador frente a la obra. Su pincelada es incesante en la búsqueda del detalle justo, ese que se presenta pletórico de luz y color.

Narciso se observa frente al espejo, se extasía y se autorreconoce. De ese mismo modo Jetlag somete el arte a su propio reflejo, lo enfrenta a sus propios constructos históricos y es precisamente de estos que proyecta una imagen diferente, alejada de las apariencias. Al final, el artista deja su propia estampa porque su trabajo va más allá del simple hecho de embadurnar el lienzo porque sí.

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