Malas traducciones

Una conversación con Sunjong Lee

/ 1 agosto, 2019

Durante el montaje de la exposición Ejercicios de natación al aire libre, colaboración entre los proyectos Ensayo Cero y Spam, que formó parte de las actividades colaterales de la pasada Muestra, conversamos con una de sus artistas, la joven coreana Sunjong Lee. Mientras hablamos, de fondo está una de sus obras: dos fotos de lo que parecen ser burós de hoteles, detrás de los que se pueden ver varios relojes que marcan la hora que es en distintas partes del mundo. Una de ellas es la de Pionyang, de modo que automáticamente me pregunto qué hora será en esa ciudad, en este instante. Pienso trasladar la pregunta a Lee, pero desisto y me decanto por una que, quizás, no está tan alejada.

¿Cómo llegas a Cuba?
Vine hace unos años con una amiga, de vacaciones, cuando todavía estaba en la universidad. Pero la verdad es que fueron unos días muy raros. Llovió todo el tiempo y casi no salí de la habitación del hotel. Digo raro porque uno viene y piensa que todo va a ser sol, y calor, y playa, pero no fue así. Me quedé con mi amiga en el cuarto ordenando comida y viendo capítulos de una serie retransmitida. Igual me asomaba a la ventana y hacía una de las cosas que más me gusta: mirar a la gente, sus recorridos, como se ordena el caos de la ciudad…

La ciudad está muy presente en tu trabajo, al igual que la concepción del tiempo, y el trayecto. Perdona que vuelva sobre lo mismo, pero ¿cómo es que llegas en esta ocasión a La Habana?
Sí, el tiempo, la ciudad. Me interesa demarcar un trayecto, y la operación de unir los puntos. Tienes una calle, una plaza, un baño, y luego buscas un sujeto con el que construir, a la distancia, dos pensamientos, el visible y el invisible, el de acá y el de allá. Supongo que por eso en mis obras los tiempos y los espacios se mezclan y confunden, y por eso los sujetos se desplazan, para construir la experiencia en la que se van a comprometer. Estos viajeros, además de testigos, tienen una singularidad: llevan puestos los anteojos de la ficción, pero como el viaje es accidentado, la verdad es que no ven demasiado bien. Me gusta, por otro lado, alejarme del punto de vista de las víctimas, de la épica, de la nostalgia, de lo vintage y del lugar común. Prefiero desfigurar, extrañar, de modo que se devele algo que parecía oculto.
Vuelvo a Cuba por una amiga cubana que conocí en Estados Unidos. Estuvimos hablando algo de estos temas durante algunas horas, y me convenció de venir.

A pesar de que hace años vives en San Francisco, el centro de tu obra sigue siendo Pionyang ¿A qué crees que se deba?
No hay nada deliberado en esto. No hay un plan previo, sino que es algo que se ha mantenido de forma natural. No he vuelto a Pionyang, pero la sigo sintiendo muy cerca… tiene un tipo de luz muy particular, es un lugar muy limpio. Y luego hay un punto de unión con mis padres, con mi biografía. Voy a esa ciudad solo en mi cabeza, para hacer pequeños actos simbólicos, que tienen que ver con colgar y descolgar paréntesis, hacer un comment, contextualizar información para lidiar mejor con ella. De ninguna manera cuando accedo a esas imágenes ejecuto esa especie de plan preconcebido. Por el contrario, no tengo un objetivo claro. Me gusta no tener objetivos claros, y perderme un poco. Para decirlo con más claridad, perderse es perder el hilo, ir por otro lado, no saber a dónde ir. Creo que en el fondo siento una profunda desconfianza respecto al sentido.

¿Cuál es tú relación con el arte cubano?
Mi relación con el arte cubano ha sido incompleta y frágil de muchas maneras. Ahora voy a estar por un tiempo más y espero que eso cambie. Ya he ido a algunas exposiciones y me han parecido muy divertidas. Me gusta La Habana, me siento como en casa.

¿Quiénes imaginas que son tu público?
Personas más o menos como yo o como tú, ¿no? No creo mucho en eso de públicos. Las obras se encuentran con su público de la misma manera que una persona que mira al cielo por si acaso encuentra una respuesta y justo se le cruza una estrella fugaz. Y esa estrella, por demás, puede que no sea nada.

Aunque la exposición Ejercicios de natación al aire libre se incluye en el programa colateral de la Bienal de La Habana, forma parte en principio de las actividades de la Muestra Joven ICAIC. En ese sentido, me gustaría preguntarte: ¿Qué películas coreanas recomendarías?
¿Películas coreanas? …no sé, es difícil. El otro día vi The Sister Brothers, y me gustó mucho, aunque no es coreana. Recomendar películas me parece una tontería. ¿Puedo recomendarte otra cosa?

Claro…
Pues deberías intentar con el hangul. ¿Lo conoces?

No.
Es el alfabeto coreano. Es el mejor sistema de escritura para la tecnología digital, ocho letras básicas que se combinan entre sí. Nos ha hecho más rápidos que cualquiera en la transmisión de contenidos digitales.

¿Por qué no utilizaste ese sistema coreano para tu exposición en La Habana? Veo muchas notas en español.
No sé, creo que, en el fondo, me gustan las malas traducciones, sobre todo porque implican un nivel de exposición que me interesa, relacionado con la creación colectiva inconsciente. Tiene que ver con cómo, aunque tú creas que eres el único autor de esa obra que has firmado, al estar constantemente dialogando con amigos, con amores, con alumnos, con contactos de redes sociales, con personas en la calle, etc., estás creando de un modo colectivo. Y ahí está para mí la gran apuesta política del arte, que es la conversación.

¿Y Ejercicios de natación…la recomendarías? ¿Por qué?
Precisamente por eso, porque son ejercicios. Ustedes los cubanos son un poco sedentarios.

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