Los demonios y las malas palabras

/ 11 junio, 2015

Una entre muchas, que no todas y ni siquiera la mayoría de las tantas y diversas obras que apreciarse puedan en esta ciudad tomada a las carreras por la Bienal de La Habana, se distingue por su total ausencia de nadería conceptual. Sin malabares retóricos, sin penas y con mucha, mucha gloría, sin taparse las vergüenzas, con humor desenfrenado y con lúcida desfachatez, recorrió media capital, a pleno sol, a la vista de los vecinos, de los transeúntes y de quien quisiera verla, desde El Vedado hasta La Cabaña.

De pronto estaba yo allí, mientras se desataba el aquelarre. Yo, mal acompañado por mi pobrecito celular que, por suerte, todavía me saca de uno y otro apuro y hasta tira fotos. Enfrente de mí, con descaro inaudito, un jeep Willys pintarrajeado a como Dios pintó a Perico, afirmaba desde su defensa delantera: “fui Willys, soy Lada”.

Eso, apenas ese detalle, punto y aparte, y justo en este minuto, con los repentinos vientos por nadie avizorados y que sin pronóstico ninguno azotan esta isla desde el día de San Lázaro, es un aviso, una alerta, una declaración profunda, rabiosa, dura y descarnada, para quien sepa leer detrás de las palabras. Son, sí, solo cuatro palabras, pero por una vez la ecuación visual resulta vencida y esas cuatro palabras dicen más, mucho más, que cualquier millón de coloridas imágenes instantáneas.

Del Willys (perdón, quise decir: del Lada), colgaban quinicientos espantajos por banda. Colgaban mariposas oscuras, dorados fantasmas colgaban, espectros que resucitan cuando la noche termina, demonios con alas, azules funcionarios de las sombras, ángeles de la muerte, sátiros sedientos, mamarrachos sin alma. Reían, alborozaban. Todavía no hay nada que celebrar, pero ya ellos celebraban.

Atado al jeep, en su parte más alta, un negrísimo ataúd cargado de cruces blancas. Rotulado en muy amarillas letras, por sus cuatro costados, el cajón mortuorio ponía, en español: bloqueo. Ponía, en inglés: blockade. No ponía “embargo”, ese eufemismo engañoso que ni cuesta decir ni dice nada. Ponía con todas sus letras “bloqueo”, que no es lo mismo, ni se sufre igual.

Los ocupantes del esperanzado Lada, estaban adelantando el funeral del bloqueo, lo estaban tocando con sus propias ganas. Ahora que de pronto te asomas a la ventana y, donde nunca la hubo, donde era impensable, ves otra bandera además de la mía, ahora cuando tantas obras de tantos artistas hablan de paz, hablan de tolerancia y hablan de más nada, este jeep, con todos sus demonios encima, pareciera una mala palabra. Este jeep pone por delante la cuestión vital, la cuestión humana. No se anda con regodeos formales, no juega a ser “polite”, no se mide cuando habla.

Entonces vi al artista, en medio de todo, salido de la nada. Era, es, el Alberto Lescay, chequeando por fin su obra ya lista, antes de dar la señal de arrancada. A una voz suya, el jeep partió a recorrer La Habana, y en cuatro zancadas estaba yo junto a Lescay, presentándome ante él, nervioso y agradecido de que alguien, él, por mí, y por tantos, dijera una palabra. Al verme me clavó los ojos, con una mirada que venía de muy lejos, como si desde el otro lado del Atlántico me mirara. Para él, solo tuve una pregunta, y así la recuerdo: Maestro, ¿por qué, ahora que pareciera que cambiarán las cosas entre Cuba y Estados Unidos, y ahora que tantas obras vistas tratan el tema pero solo desde la alegría y la celebración, usted acaba de lanzar un reclamo concreto?

El maestro me contestó: “Porque mientras haya tiempo, es importante incorporar al menos un segundo para que se acabe ese demonio”.

Yo le di las gracias, me di la vuelta y me fui sonriendo. El funeral del bloqueo había comenzado a recorrer La Habana.

Ernesto Pérez Castillo

Ernesto Pérez Castillo

La Habana, 1968. Escritor. Premio de Novela de la UNEAC por Haciendo las cosas mal (2008). Ha publicado los libros de cuentos Bajo la bandera rosa (2009), Filosofía barata (2006) y las novelas Medio millón de tuercas (2010) y El ruido de las largas distancias (2011).

Comments

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JPBárcenas

12 junio, 2015

Muy buen articulo tio, por favor avisame cuando hagas otros, que hace rato no leo nada tuyo, que bueno tener la posibilidad nuevamente de hacerlo, saludos… te quiere, tu sobrino.

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