Lo que nos lleva a Appaloosa

/ 6 febrero, 2015

Homostalias Arquea Appaloosa es la nueva propuesta del artista Glauber Ballestero exhibida en la galería La Acacia durante los meses de diciembre y enero. La exposición compuesta por dibujos, resinas y una video instalación permite acercarse a la estética discursiva de este creador, en la que podemos advertir desde el primer contacto con las obras el simbolismo que estas encierran, dado que producen disímiles interpretaciones y efectos en el público, desde la propia interacción con las mismas hasta el instante de tratar de extraer su significado. De este modo interviene y se apropia de todo el espacio al instalar unas barreras blancas que recorren el suelo de la galería y que conectan las piezas. Podría resultar una brecha entre la realidad y aquella realidad otra que se inventa el artista. Sin embargo más que establecer un límite entre obra y espectador es una invitación a decodificar y a adentrarse en un mundo donde el orden, el equilibrio, la pureza y la paz devienen pilares.

Así en el universo Appaloosa el color blanco se convierte en símbolo, de ahí que la lectura de las obras implique establecer conexiones entre ellas a partir de su empleo. El blanco representativo de armonía, paz y serenidad se vuelve motivo y pretexto, que articula la visualidad y la carga conceptual de las piezas, y aunque el predominio del blanco es evidente, los colores están presentes, dado que el blanco no es más que la superposición del espectro de colores.

Si estableciéramos un recorrido a través de la exposición la video instalación es la pieza que de cierta manera sintetiza y sirve de base a la muestra. En ella observamos un panel de color blanco que yace en el piso, sobre el que se encuentra ubicado un recipiente que contiene pintura blanca de la cual germina la Homostalias Arquea, planta que, según el artista, provoca un estado de perfección y equilibrio. El video, por su parte, reproduce una serie de imágenes extraídas de audiovisuales ya existentes, editadas y convertidas en una sola secuencia que presenta a individuos realizando una serie de actividades cotidianas. Ambos elementos se erigen como base sobre la que se sustenta la creación de las obras, por un lado el color blanco de donde nace una planta que brinda paz, sosiego y estabilidad, un estado al cual infatigablemente queremos aspirar, y las imágenes que constituyen momentos trascendentales o no que pertenecen al transcurso de la vida. A partir de las mismas Glauber crea una serie de ocho dibujos, a modo de bocetos sobre fondo blanco encima de los que coloca incrustaciones de cera blanca.

No obstante una de las obras más impactantes es el dibujo de una figura humana de espaldas que recuerda a una de las bañistas de Jacques Louis David, desgarrándose la piel, escenario en el que se puede descubrir un paralelo entre el trabajo que implica parte de proceso de creación, el que no solo significa desgaste físico sino también intelectual, en el que se deja la piel y el alma. Y es que la serie de impresiones fotográficas dentro de cápsulas de resina, involucran una acción de deterioro para el artista al trabajar con sustancias altamente tóxicas que atentan contra su estado físico, por lo que le es imprescindible usar trajes protectores en la concepción de estas piezas. Esta acción nociva se queda atrás para brindar un producto de factura impecable que propone imágenes cubiertas por esta resina que elimina y a la vez blanquea, pero que se descubren paulatinamente ante nuestros ojos.

A pesar de esto, es posible llegar a un estado de perfección, que aún cuando pueda ser fugaz está ahí, y es la serie de patrones de evaluación de la personalidad concebidos por este creador y presentada a un grupo de científicos para que seleccionen ocho. Estas piezas generan un contraste entre estas formas perfectas y aquellas “imperfectas” de los pequeños fragmentos de cera que se observan en la superficie de los lienzos; contraste entre la paz y el desasosiego. Contraste que se repite una y otra vez en el transcurso de la vida y que podría reforzarse a partir del empleo del número ocho, símbolo verticalmente formal del infinito, presente en las series expuestas formadas por ocho piezas cada una.

A través de estas obras Glauber Ballestero nos incita a alcanzar, a atravesar la barrera que nos lleva a Appaloosa, a penetrar en un universo de serenidad, a tratar de captar ese instante de paz, de armonía, de luz en todos los momentos de nuestras vidas.

 

Fotografía: Glauber Ballestero

Yeniffer Torres Cordero

Yeniffer Torres Cordero

Yeniffer Torres Cordero (La Habana, 1989). Soy graduada de Historia del Arte. He publicado en Noticias Artecubano y el Caimán Barbudo. Me interesa el arte contemporáneo y los temas relacionados con el patrimonio cultural.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio