Las vibraciones cromáticas de Osy Milián

/ 28 noviembre, 2014

Osailys Ávila Milián, más conocida en el ámbito artístico como Osy, es una creadora que a pesar de su novel carrera, acopia ya trabajos de profunda carga emotiva.Ha logrado insertase con un lenguaje propio, espontáneo y sincero, que mezcla referentes de disímiles procedencias para abordar, en cada una de sus series, temáticas relacionadas con sus vivencias personales, pero sin llegar a ser autobiográficas, al menos en el sentido más estricto. En exposiciones como No return o Fragile, Osyha recogido el imaginario adolescentevinculando con maestría dos elementos aparentemente antagónicos: la ingenuidad infantil y cierta perversión inherente a la adultez. El proceso pictórico está ligado al proceso vivencial y sus experiencias, quizás un tanto fabuladas, son plasmadas en lienzos que generalmente ostentan grandes formatos. Las obras aparecen como especies de capítulos interconectados por una narratividad especial. Cada imagen es notablemente sugestiva. Igualmente engendran una reflexión de índole sociológica que se traduce en la caracterización de una etapa del desarrollo del individuo, con manifestaciones que le son comunes y otras que dependen de la época en que tenga lugar. El adolescente contemporáneo con Osy, forma parte indirectamente de las obras pues este “grupo social” es deconstruido desde el interior, ya que ella también forma parte de él.

Sus obras más recientes denotan un acoplamiento de su poética. Las temáticas ya no son tan descriptivamente vivenciales sino ahora más elaboradas, pasadas por el filtro de la subjetividad, aunque sin abandonar su característico imaginario.

En términos formales, podemos darnos cuenta cómo en las piezas de los inicios, era perceptible con mayor énfasis una propensión al punk, lo psicodélico, a la iconografía japonesa, esta última que ahora se hace presente de manera más sutil. La nueva producción se aprecia más sosegada y se vale de la incorporación de íconos publicitarios así como de cierta influencia del comic y el diseño. Bebe del pop más acérrimo, apostando por la intensidad cromática, por la estridencia visual. Sus cuadros son grandes provocaciones, grandes planos de color que conviven, se contaminan, se niegan, se contraen y se expanden en un universo arbitrario e incongruente. Y es que son desprejuiciados, francos, osados, intensos. Sus inquietantes universos pictóricos tienen vida propia y contagian al espectador con la vibración que generan sus colores.

Osy es irreverente pero muy centrada en su trabajo y coherente en sus planteamientos ideoestéticos. A través de los retratos –a veces anónimos- enfatiza en temáticas que habían sido apuntadas desde las series precedentes como son el sexo, el alcohol, las drogas, los objetos de consumo, la moda, la artificialidad. En estas piezas adquieren un sentido más grandilocuente pues nos habla de cómo estos tópicos están intensamente relacionados en la conformación/proyección de la identidad del sujeto contemporáneo. Utiliza igualmente su propia experiencia de artista y traslada también estos conceptos al plano de las leyes del arte mismo, para determinar cuáles son sus implicaciones en la sociedad actual. Es decir, le interesa ver cómo la producción artística se vincula a diferentes categorías generando así binomios como arte y consumo, arte y moda, arte y mercado.

Sus obras están abocadas a explorar la interrelación entre códigos simbólicos supuestamente incompatibles, para dotarlos de un sentido diferente desde el arte. Con la pluralidad de ingredientes formales y conceptuales es capaz de crear un mundo muy especial que transgrede las leyes naturales. Hombres verdes o azules, ataviados con sombrillas decoradas con Mickey Mouse, conviven en el espacio pictórico con bandadas de pájaros; así como chicas que desarrollan una relación muy particular con los gatos. El vínculo hombre-animal se pone al mismo nivel que el de hombre-objeto, ya sea este una sombrilla, un teléfono celular, incluso el universo de la moda, concepto objetivado en determinados componentes como el tatuaje o la manera peculiar de pintarse las uñas, por ejemplo. De esta forma nos habla de la relatividad de lo natural y lo artificial y de los delgados lindes entre uno y otro. También se hace partícipe de la idea de cosificación de ser humano y del sentimiento de enajenación convertido en especie de rasgo identitario de personajes que al igual que ella, están en busca de su lugar en el mundo.

Su pintura es genuina y provocadora, dos elementos de gran valía a la hora de juzgar una pieza; una pintura donde realidad y ficción de inmiscuyen, donde los signos se hacen difusos, donde lo aparentemente banal cobra un sentido pasmoso y viceversa.

Chrislie Pérez

Chrislie Pérez

La Habana, 1985. Crítica de arte y curadora. Especialista de la Galería ARTIS 718 del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Mención en el Premio Guy Pérez Cisneros que otorga el Consejo Nacional de las Artes Plásticas en la categoría de reseña (2013). Sus trabajos aparecen en publicaciones como Artecubano, Noticias de Artecubano, La Gaceta, Arte por Excelencias, entre otras.

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