La cerámica contemporánea cubana

/ 8 enero, 2015

Una praxis que se revitaliza

 

De manera general cabe decir que en la cerámica cubana de las últimas décadas se advierten una serie de cambios en la concepción formal de las propuestas. Hay, en consecuencia, una redefinición del arte cerámico dada las características de las proposiciones objetuales de sus principales exponentes. Este concepto renovado se aprecia en la libertad que tiene el creador de hacer todo lo que considere pertinente para propiciar determinadas reflexiones: a manera de ejemplo, podría mencionarse la incorporación de elementos extracerámicos y hasta materiales industriales que se imbrican o comparten escenario con los propios de la disciplina; así como la ambigüedad de los mensajes que permiten variadas lecturas.
Lo grotesco funge como elemento desacralizador en la obra de algunos autores. Cabría mencionar, en este caso, la serie Comilones (2000) de Osmany Betancourt, una versión de Las chismosas (1995) de Martha Jiménez, los deformados y agresivos órganos sexuales elaborados por Darlyn Delgado en En boca cerrada…mirada cómplice (2006) y ya desde las iniciales piezas de la Sánchez se da de manera abierta una negación de lo sublime formalista que llega a su máxima expresión en las formas escatológicas que devienen lo más reciente de su quehacer en la cerámica. De modo que la visualidad que en muchos casos se potencia en las obras está en función de las posibles interpretaciones que se pretenden sugerir.
Se percibe además el carácter efímero que tienen algunas de las obras instalativas realizadas por creadores tanto consagrados como noveles, siendo justamente la instalación una de las modalidades discursivas protagónicas en este nuevo milenio. Estamos en presencia, indudablemente, de un objeto artístico, más que de una cerámica diferenciada. En este sentido resaltan propuestas como Tsunami (2010) de Humberto Díaz, Lo más inquietante (2001) de Sergio Raffo, la exposición Sentido (2004) de Lisbet M. Fernández y Epojé de Teresa Sánchez, por solo precisar algunos ejemplos.
Con respecto a los significados es preciso apuntar que los discursos se centran en la problemática humana -uno de los significados de mayor generalidad del arte postmoderno- y que se agudizan las formas de decir en algunos artistas. Precisamente en relación con la problemática humana es válido mencionar que los asuntos abordados han sido, en su mayoría, de suma sensibilidad, comprometidos con cuestiones de índole social y que, incluso, son preocupantes en la actualidad no solo para Cuba, sino que –en algunos casos- se hacen extensivos a otros contextos.
El fenómeno migratorio ha sido tratado por varios artistas desde diversas perspectivas. Ángel Rogelio Oliva lo aborda desde el punto de vista del desmembramiento familiar y todo lo que ello implica. Este creador, en una obra como El pan nuestro de cada día (1991) se interesó por otra preocupante cuestión: el reparto del mundo por las potencias imperialistas, poniendo especial énfasis en las consecuencias de hechos tan negativos que afectan a los seres humanos.
Reflexiones sobre asuntos macrosociales y de índole universal que son por demás de máxima actualidad como la incomunicación, la cosificación, el consumismo, la falta de democracia, entre otros no escapan a la disciplina. Como expresión de la inconformidad y una crítica frontal a la falsa unanimidad, se impone entonces hacer referencia a la pieza perteneciente a la serie Reflejos titulada Relatividad del concepto unánime (2004) de Ángel Rogelio Oliva Lloret, pues el centro de atención de la obra gira en torno a esta palabra y lo relativa que puede ser su aplicación.
Por su parte, los niños de Lisbet en la exposición Doble blanco (2006) vuelven a protagonizar esa fractura comunicacional en el siglo XXI que es a decir de muchos la “era de las comunicaciones”. También a través de sus peculiares infantes logra adentrarse en las principales consecuencias que puede generar el consumismo desmedido del capitalismo –ejemplificado en la interrelación entre llantas de automóviles rozando casi las cabezas de los pequeños- en Agáchate, agáchate (2006) con lo cual quizás plantea que ese mundo tecnológico y cosificado puede llegar a destruir lo más sensible del individuo.
Tampoco son ajenos al discurso cerámico contemporáneo planteamientos de índole feminista, la prostitución, trabajada por varios artistas, pero presentada por Martha de una forma tan cruda en For sale (1998), desde ese humor negro que aflora en algunas de sus representaciones. Igualmente la sexualidad ha ocupado un espacio importante, respecto a esto último no pueden ignorarse las representaciones de los órganos sexuales elaborados por Darlyn a través de los cuales pretende ahondar en la conducta sexual y su impacto en el entorno social, siempre desde una mirada desprejuiciada.
Desde esa expresividad y agresividad formal que los caracteriza Osmany Betancourt y Teresa Sánchez también se muestran preocupados por el individuo y sus principales aflicciones con una notable profundidad en los significados y temáticas que trabajan. La opresión del hombre, su carga psicológica y también física, su encerramiento quedan manifiestas ya en las piezas iniciales de estos creadores. Desde los denominados comprimidos de Betancourt nos hallamos ante lo que pudiéramos considerar una estética claustrofóbica. No menos impactantes son El viaje, Avestruz -en los primeros años de la década del noventa- de Teresa, por solo apuntar dos ejemplos. Se trata de propuestas que pueden ser entendidas desde lo personal hasta lo colectivo.
El primero, apegado a la figuración de raíz expresionista, ha arribado a una poética propia. La exposición La comparsa (2006) bien pudiera resumir la versatilidad que caracteriza su hacer en este último período. Nos propuso precisamente una comparsa de objetos tan disímiles como tendederas de las que cuelgan por medio de ganchos artefactos como tanques, rostros sufrientes; hombres y mujeres en actitudes esperanzadoras o de resignación, una tasa de baño intervenida, llevada a la galería como auténtica obra artística, en esa acción desacralizadora, entre otros elementos. De modo que se puede afirmar que las desesperanzas y frustraciones del ser humano no escapan a su obrar en la cerámica ya sea en piezas de pequeño, mediano, gran formato y hasta en instalaciones.
Por su parte, la Sánchez, igualmente versátil, y a criterio expreso “tratando de evitar el encasillamiento” ha logrado articular un discurso sólido del que son resultado obras con un marcado lenguaje neoexpresionista que podemos clasificar como “tremendismo grotesco”, pero también figurativas o parcialmente abstractas. Desde luego que su proposición del excremento para insinuar la absoluta deshumanización y pérdida de los valores de la sociedad actual es realmente inusitada. Complejos – tal vez por desconocidos- son los términos que identifican algunas de sus creaciones lo cual dilata su comprensión.
En síntesis es válido decir que con este acercamiento queda demostrado que la manifestación y muchos de los que han hallado en ella un medio idóneo para plasmar sus principales inquietudes ideoestéticas ponen de relieve en sus obras los cambios acontecidos. Es evidente entonces que hay una agudeza y complejidad en lo que respecta a la solución de las propuestas y los temas abordados. Ello se expresa en el carácter grotesco de algunas representaciones, la incorporación de elementos extracerámicos y su recontextualización, el auge del instalacionismo, que unido a muchos otros elementos dificultan las posibilidades interpretativas, genera nuevas y encontradas lecturas y enriquecen esta praxis que, sin lugar a dudas, está a la altura del resto de las expresiones de la plástica contemporánea cubana.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio