Kmilo Morales: revisitación del zen

/ 20 agosto, 2015

“El zen todo lo genera, lo penetra, lo fortalece”.

Daisetz Suzuki

La japonesa es la cultura de la contención, la serenidad, la calma. Indagar en sus recónditos sistemas filosóficos, estéticos y morales supone un reto al espectador foráneo, en tanto Nipón se nos devela cual rara avis del panorama sociocultural por las auténticas maneras que ha elegido para manifestarse. En Cuba, no han sido escasos los creadores seducidos por la cultura del archipiélago asiático. Kmilo Morales (Holguín, 1990) es un joven pintor que rescata en su obra el sentir y la expresión del zen al hacer de su pintura un espacio de meditación que se inicia en el propio proceso creador. Para ello, nos propone en su exposición personal “Lugar, tiempo y espacio” (Casa de Cultura de Plaza, 2015) una serie de lienzos donde se rememora la visualidad de los jardines de roca nipones, auténtico resultado del espíritu zen. En el contexto cubano, tal ejercicio de refinamiento sutil pudiera pasar inadvertido al espectador poco familiarizado con dichos saberes. De manera que valdría apuntar los rasgos principales de esta rama filosófica y estética dentro del budismo.

En gran medida, el budismo zen es responsable de la estilización y elegancia formal distintivas dentro de la estética japonesa. Dicho fenómeno tiene su génesis en el Período Kamakura (1185-1333) cuando se creó la escuela zen por el maestro Eisai (1141-1215). A partir de este momento, el zen fue especialmente acogido por la clase samurai debido a su naturaleza sencilla y predilección por la auto-disciplina y la meditación (llamada zazen) como vía idónea para alcanzar el satori o iluminación. En las creaciones artísticas, el zen se manifiesta en tres conceptos esenciales: el sabi, el wabi y el shibumi. Cada uno por separado, o confluyendo en un mismo objeto o modelación del arte, plantea un ideal de elegancia y refinamiento a partir de la sencillez formal.

Grosso modo, sabi propone la belleza que tras sí deja el paso del tiempo sobre los objetos. Expresa además, un fuerte sentido de soledad y recogimiento. Sabi se entiende como sutileza, sugerencia, introspección. Sabi es el vacío, mas no la vacuidad. En el zen, lo vacío es la fuente primigenia de sentido, de plenitud; representa la posibilidad de expansión vital. No es, por tanto, un acto de anulación, sino de desprendimiento, aislamiento y purificación del pensamiento y los sentimientos. Wabi es el eje medular de la estética nipona: es la sobriedad, el refinamiento y la calma que se revela en el aspecto natural de los objetos cotidianos: una taza para el té, la arquitectura vernácula, el arreglo floral más humilde; ante tanta belleza, el espectador solo encuentra una conmovedora paz interior. Por último, el shibumi se refiere a la elegancia y el buen gusto a partir de la simplicidad, la síntesis de recursos y la develación de las calidades del material artístico. La comunión con la naturaleza es vital para el shibumi: la asimetría natural es perfecta, de ahí que el hombre debe imitarla y no enfrentarla o serle hostil.

En la obra de Kmilo Morales son harto reconocibles estos ejes neurálgicos del zen, sabiamente acoplados en obras de gran formato que abren una ventana al mundo interior del público. Cada roca representada constituye un universo independiente en apariencias inamovible, con la intensa energía de su pesadez formal apoderándose del lienzo. La poderosa pincelada evita lo hiperreal a favor de establecer zonas texturales donde la huella del pigmento rastrillado sobre el lienzo recuerda la actividad homóloga en el suelo de gravas del jardín zen.

Esta labor debe entenderse como mecanismo reconciliador que equilibra al sujeto con su entorno, en tanto la naturaleza forma parte indisoluble del Hombre y sólo el diálogo armónico con ella posibilita la paz interior. Morales usa su pintura no solo como propuesta artística, sino como método y excusa de introspección. El predominio de tonalidades blancas, grises y negras elimina todo riesgo de distracción al espectador: la fuerza se concentra en las formas, no en el color. Para el artista japonés, la contraposición blanco-negro expresa la lucha no conflictiva de los contrarios (filosofía yin-yang) al tiempo que rememora las estilizadas formas del arte caligráfico –por una parte- y de la pintura sumi-e, también fruto de la meditación del monje zen.

De ahí la profunda e inimitable armonía con la naturaleza, la evocación de los kami o espíritus que forman la esencia de las cosas, la búsqueda de lo sagrado por medio de las formas y colores rememorados, la profunda espiritualidad que encierra la austera atmósfera de estos jardines de rocas (también llamados “jardines secos”) son aspectos representados por Kmilo Morales no como motivos pictóricos, sino como sentimientos y estados reflexivos del “yo” y el “ser”. Atemporales y subjetivos como el propio zen…

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Comments

Maria Victoria O'Hana

8 noviembre, 2015

Recomiendo que visiten la pagina http://infinitohavanagallery.weebly.com/kmilo-morales.html si les interesa la obra de Kmilo.

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