Invitación a un café con Tomás Sánchez

/ 31 mayo, 2018

 

Inevitablemente, siempre que retorno a la Facultad de Artes y Letras de la Universidad La Habana, mi mente se llena de gratos recuerdos. Orgulloso, como casi todos los que han tenido la oportunidad de estudiar allí, reconozco la valía de la academia que me formó durante cinco años. Así, la señalo con el dedo y digo a quienes me acompañan: ¡Esa fue mi facultad y lo será por siempre! Visitarla es una oportunidad de compartir con excelentes profesores que llevan el amor por el oficio, y más aún, cuando estas visitas tienen como colofón el ser partícipe de experiencias difícilmente irrepetibles. Agradezco la oportunidad de haber presenciado en mi facultad, de forma fortuita, la presentación del libro La pintura como expansión de la conciencia. Entrevista con Tomás Sánchez, presentado por su propio autor, el crítico de arte David Mateo. Igualmente, significativa para la ocasión, fue la intervención de la profesora Hilda María Rodríguez, exhaustiva, perspicaz y elocuente con su reseña crítica sobre el libro. Sus palabras constituyeron un aliciente más, para que el autor de estas líneas devorara la entrevista que, gentilmente, gracias al reconocimiento de mi interés, ella misma se encargara de depositar en mis manos.

No lo podía creer, tenía en mi poder y de forma gratuita un ejemplar del libro que ansiaba desde que hace unos meses tuviera noticia de su lanzamiento a la palestra pública a través de Art OnCuba. Mis enormes deseos de redescubrir la obra de Tomás Sánchez reclamaban imperiosamente el sentarme frente a frente con la entrevista. Del resultado de este anhelado encuentro quisiera compartir algunas ideas y apreciaciones que bien pueden motivar al lector ávido de conocimiento a adentrarse en el universo tomasiano. Advierto: no esperen encontrar en sus páginas comentarios malintencionados o chismes históricos. Es verdad que hay historia no contada, pero en ella prima el respeto y el entendimiento, en la medida de lo posible. Por ello, si es de los que busca artificios roñosos para alimentar sañas históricas, no intente leerlo, jamás comprenderá la esencia de su protagonista.

Cuando estudiaba Historia del Arte me presentaron la obra de Tomás Sánchez en una de las clases del semestre de arte cubano. Después leí varios textos donde se hacía alusión a su obra, en muchos se referían al paisajista cubano. Lo cierto fue que aquellas “masticaduras” -arropadas por la norma de lo trillado- no bastaban, había algo en su obra que me intrigaba. Si bien era capaz de reconocer la excelencia y maestría del artista, solo podía atinar a deleitarme con el resultado puramente visual. El cómo y el por qué eran parte de lo que alimentaba mis ansias de descubrir el sustrato del creador. Precisamente, hacia esas esencias está encaminada la entrevista a fondo a Tomás Sánchez, y en develarlas radica parte de sus logros.

Al leer el texto sentía que tenía en frente a Tomás Sánchez. Sin conocerlo nunca, ni haber escuchado su voz, podía imaginar una charla de esas que son acompañadas con un buen café. La impresión era que me hablaba directamente, que no mediaba ningún cuestionario, simplemente dos amigos que se sientan a conversar sin tapujos. De la mano de este logro corre la exactitud del crítico, que reconoce su lugar y deja que fluyan las ideas del protagonista.

David Mateo propone un entramado de preguntas salpicadas de inquietud y perspicacia. Su interlocutor acepta el reto de adentrarse en un terreno de arenas movedizas, del cual sale airoso. Su opinión sincera y amena encausa el recorrido histórico que va desde su formación artística hasta la actualidad. En medio de esta vorágine se insertan, como pinceladas, las propias vivencias de Tomás, aderezadas con su punto de vista.

El texto transita por diferentes períodos creativos del artista, en estos se avizora la maduración pensamiento-quehacer, o lo que es lo mismo: el desarrollo de la filosofía de vida de Tomás Sánchez acompaña y halla expresión en su producción artística. Este binomio es indisoluble a la hora de entender por qué Tomás es único e irrepetible. Además, en sus palabras se intuyen décadas de arte cubano donde el camino se tornaba pedregoso, pero no por ello aminoró su aprendizaje y deseos trabajar; tanto fue así que experimentó con manifestaciones como el grabado. Sobre estas incursiones invito al lector a que descubra sus inicios y el esfuerzo propio que conllevó.

Otro tópico que no podía faltar en la conversación, tratándose de unos de los artistas cubanos más cotizados a nivel mundial, es el mercado del arte. La seducción por la venduta es algo que ha puesto a prueba al artista, pero cuando hay respeto por sí mismo se doblegan los intereses mercantilistas a los propios. Estas experiencias bien pudieran ser aprovechadas por nuestras más jóvenes generaciones de creadores que se ven merodeados por el “tengo que vender y ese es mi objetivo fundamental”.

Sin el menor ánimo de hacerse una apología, Tomás expresa lo que ha significado para él asumir su conciencia artística. Reconoce el sentido propio que le ha atribuido a su obra, pero también el que subyace a través de las interpretaciones de la crítica especializada y demás receptores. Hay un proceso de retroalimentación que lo ha llevado a esparcir su horizonte significativo. De ahí lo saludable de la cercanía entre crítico y artista, en la medida que le permite al primero conocer de cerca el proceso creativo y sus procederes, eso sí, siempre que prime el juicio descomprometido y el respeto mutuo. Posibilidades como estas son bien aprovechadas por Mateo a la hora de extraer la enjundia del entrevistado.

La sencillez de Tomás Sánchez no tiene límites, los premios y su entronización en el circuito artístico a nivel mundial no han opacado sus deseos de hacer lo que le gusta y vivir a su manera. Es por ello que escuchamos la voz de alguien realizado, aunque no pudiera lograr en su tierra todos los emprendimientos que quiso. A pesar de ello expresa su voluntad de dialogar, escuchar, entender y perdonar. No hay espacio para rencores.

Si me preguntaran qué me ha dejado la entrevista a Tomás Sánchez, diría que una bocanada de aire fresco. Es bálsamo en un mundo donde reina la artificialidad y la vanidad.

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