Aporías del pensamiento artístico I

Un acercamiento a la obra de Rafael López-Ramos

/ 1 septiembre, 2016

Rafael López-Ramos (Cabaiguán, Cuba, 1962). Estudió en el Instituto Superior de Arte (ISA) entre los años 1987 – 1991. Graduado de la Academia de San Alejandro en 1985. Sus más recientes exhibiciones han sido Chromatic Aporias (2015) en el Museo de Arte Contemporáneo de Miami, Wonderland, The Art Link Miami (2013) y 17 Frost Art Space, Brooklyn, NY (2012).

Desde 1980, su trabajo ha sido incluido en el grupo de exposiciones como Stealing Base: Cuba at bateThe 8th Floor, NY, 2013;Cuban Art outside Cuba, State University of NY at Buffalo, 2006; 1er Salón de Arte Cubano Contemporáneo, Museo Nacional de Bellas Artes, Habana, 1995; Nacido en Cuba, Museo de Arte Moderno del Estado de México, Toluca, 1992; Suave y Fresca, Museo Nacional de Bellas Artes, Habana, 1988. Como una de las referencias teóricas sobre la obra de Ramos, se encuentra el libro: Cuban Artists Across the Diaspora: Setting the tent against the house, por Andrea O´Reilly Herrera, University of Texas, 2011.

 

En el 2011 tu obra fue incluida en el libro Cuban Artists Across the Diaspora: Setting the Tent Against the House, escrito por Andrea O´Reilly. ¿Qué significa para ti el haber sido uno de los artistas seleccionados para conformar dicho libro?

El libro de Andrea toma como referencia el proyecto CAFÉ: the journey of Cuban artists, una serie de exposiciones en diferentes espacios académicos y museos, curadas por Leandro Soto, en algunas de las cuales participé. En él la autora “se enfoca en el proyecto CAFÉ para explorar la larga y turbulenta historia cubana de movimiento y ruptura, desde la perspectiva de sus artes visuales y para meditar sobre la manera en que uno se reconstituye y reinventa en el contexto de la diáspora.” Para mi y para mi esposa y colega Natasha Perdomo fue muy importante el haber sido incluídos en su estudio pues cuando nos visitó para entrevistarnos aun vivíamos en Vancouver, Canadá, y estábamos experimentando en carne propia ese proceso de reajuste y adaptación que ocurre en los primeros años de transplante geográfico y cultural. Y por supuesto, también fue bonito participar en el proyecto junto a otros artistas que conozco desde que iniciamos nuestros estudios en Cuba o participamos juntos en algunas exposiciones de los años 80 y ahora formamos parte, desde hacie varias décadas, de esta marea diaspórica o especie de nación extraterritorial, junto a otros artistas de origen cubano que se han formado o incluso nacido fuera de la isla y siguen creando una obra en la que la cubanidad sigue siendo un referente notable.

El tema de la Diáspora cubana en Estados Unidos, específicamente en Miami, siempre ha causado debate en torno a la vinculación del término con el arte. ¿Qué le ves y qué no le ves de atractivo al hecho de formar parte de la Diáspora como artista?

El tema, en el contexto de Miami, puede cobrar un matiz aun más controversial al ser etiquetado como “arte del exilio”, pero esa es una camisa de fuerza que se deja poner o no el artista, confinando el alcance de su obra a los límites de un getto. Es como haber escapado de un corral para meterte en otro un poco más amplio, con más sombra y alimento, pero corral al fin. Frecuentemente se habla de la libertad como un concepto absoluto y universal, nada relativo, y a veces perdemos de vista no sólo los límites que se imponen, en diferente grado, en cada contexto donde aterricemos, sino también los que solemos autoimponemos para no resultar discordantes en el coro. Yo me he salido de esa monotonía coral cada vez que lo he considerado necesario, porque me gusta que mi obra dialogue con el medio social donde se crea, (y no me refiero a Miami, esta suerte de ciudad-estado que es para muchos cubanos), sino a los Estados Unidos y a todo este planeta cuasi globalizado en que habitamos al salir del archipiélago cubano, no importa dónde fijemos residencia. Siempre he sido muy libérrimo e independiente, y prefiero hacer las cosas a mi manera aunque me cueste el doble de trabajo (podría explicar la ausencia de mi obra en tantas colecciones privadas, locales, de arte cubano, parafraseando a Beuys “I love Miami and Miami hates me”); pero es divertido saber que el día que la “descubran”, tendrán que adquirirla en el mercado secundario, al doble o el triple de su valor actual, siendo la mía una producción más bien escasa y restringida. Y para terminar de responder tu pregunta, lo que me resulta más atractivo de esta condición diaspórica, es aquello de que “El aire hace al águila”, como diría Goethe.

La Iconografía en tu obra representa buena parte tus percepciones del mundo como artista. Los personajes vinculados a la historia (cubana principalmente) son cómplices entre sí, sustentando un lenguaje en ocasiones con sugerente ironía. ¿Cómo describirías el tratamiento de la historia en tus pinturas?

Considero la Historia oficial que se enseña en los libros de texto y programas educativos de casi todo el mundo, no sólo en Cuba, como una fábula urdida para controlar mejor a las masas, aislándolas del resto de sus congéneres en torno a conceptos como el patriotismo y el nacionalismo, que pueden hacer que alguien esté dispuesto a morir en una guerra, el negocio e industria más lucrativos en la era moderna, explotando un instinto primitivo que aun pervive en nuestros genes.

Mi pintura es, como toda obra de arte, una ficción que se desglosa en dos niveles de expresión, el de la propia pintura como materia física y retiniana, composición de colores y formas que pueden ser percibidas como abstracción si entornamos los ojos, pero al abrirlos por completo y enfocar cada elemento, comenzamos a leer la narrativa implícita en cada una, esa otra fábula que alude a la Historia oficial, subvirtiéndola con dosis de humor o absurdo para poner al desnudo sus troneras y costuras, no con un afán mobilizador, que rozaría las fronteras entre el arte y el panfleto –eso que hoy llaman más elegantemente “ARTivismo”-, sino más bien como un mensaje estético codificado que serviría para dar testimonio de las cosas que caracterizaron este peculiar periodo de la civilización humana y, por su puesto, para dar gusto a un puñado de raros que hoy coincidan en percibir esa obra como un vehículo cultural vivo en el que ven reflejados sus propias obsesiones, filias y fobias, independientemente si le combina o no con el color del sofá. Pero los personajes o símbolos que empleo proceden de los más diversos contextos históricos, culturales o tradiciones iconográficas y los mezclo libremente para lograr una especie de retablo de títeres que parodia –y se burla de- ese gran escenario dramático que pretenden ser la Historia y la Cultura.

El uso del color en la mayoría de tus obras, tiene un alto nivel de contraste entre colores fríos y cálidos, lo cual se manifiesta por ejemplo en tu serie Chromatic Aporias. ¿Qué importancia le otorgas al color para conformar la semiótica en cada una de tus piezas?

El proyecto Chromatic Aporias fue concebido ad hoc para una galería del Museum of Contemporary Art, MOCA, de North Miami, una suerte de site specific, conformado por cuatro pinturas de gran escala, una para cada pared del espacio, que es casi cuadrado y por ello recurrí al formato cuadrado. Pero su principal rasgo en términos cromáticos, es que compuse cada pieza jugando con un par de colores complementarios: Azul-Naranja, Amarillo-Violeta y Rojo-Verde –que repetí en una de las obras, invirtiendo su ubicación de fondo a figura, pues son sólo tres pares. La razón por la que recurrí a la armonía por complementarios es que en ella los colores vibran, casi chillan al ser yuxtapuestos; son una especie de contrarios que sin embargo se complementan y siempre están unidos en la naturaleza –la sombra de cada color contiene a su complementario. Por eso me pareció una metáfora que encarnaba muy bien, aunque sutilmente, el concepto de aporía.

En el resto de mis obras uso el color de manera muy específica, en dependencia del tema o los elementos visuales que formen la composición, por ejemplo en La noche oscura del alma y Telón de fondo, predominan una gama de colores fríos entre azules y violeta, más bien oscuros.

“La mezcla carnavalesca de tan disímiles narrativas quizás podría explicar -encarnándolas- las paradojas culturales, filosóficas y políticas que ha enfrentado el alma cubana durante varios decenios de su historia, al tiempo que representa una recreación contemporánea del concepto aristotélico de aporía: la igualdad de las conclusiones contrarias”. Así planteas respecto a tu serie Aporías. ¿En esa mezcla carnavalesca propones un cambio sociopolítico para esa alma cubana o es solo un recurso artístico de representación pictórica?

Hace tiempo gané conciencia de los límites del arte para transformar la sociedad, por ejemplo, cuando lo intentamos en los 80 los que terminamos transformados fuimos los artistas. Sólo pretendo documentar metafóricamente un estado de cosas y ayudar a reflexionar en torno a eso, cada cual desde su propia interpretación y llegando a sus propias conclusiones. El alma de una nación (su idiosincrasia) es algo bastante difícil de alterar, de ahí que los poderes más bien analicen esas peculiaridades para lograr ejercer mejor el dominio sobre aquellos. Retomé esta serie, después de dejarla dormir por más de una década, pero fue como un proceso, para nada condicionado por el restablecimiento de relaciones Cuba–USA, pues se fue reactivando poco a poco con obras específicas como El caballo de Troya, 2011; The Allseing Girl, 2013; y cuatro pequeñas piezas que realicé para la exposicón colectiva Short Story, curada por Rubén Torres Llorca para la Galería Juan Ruiz, en junio de 2014, de las cuales se expusieron tres: Who´s Next in Line?, Yawning All the Way to Heaven y As Above, So Below), pero más allá del tono ligero e irónico de la mayoría de las obras que la integran, se aproximan al tema desde una mirada más bien humanitaria, y un sentimiento de profunda compasión, tratando de acabar de entender yo mismo y ayudar a los demás a comprender, quiénes somos en este mundo, en este hemisferio y este continente, más allá de todos los disfraces, sobrenombres y destinos que nos han sido asignados desde la fundación misma de la República de Cuba. Y no se trata de dolernos o conmiserarnos por nuestro destino, sino de intentar sacar alguna lección práctica de todo lo vivido.

Maylin Pérez Parrado

Maylin Pérez Parrado

(Camagüey, Cuba, 1989). Curadora, crítica e historiadora del arte independiente con sede en Holanda, Cuba y Panamá. En el 2011, obtuvo el título de licenciada en Historia del Arte, por la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Desde el 2012 hasta el 2015 fue curadora de la Fototeca de Cuba y de la Fábrica de Arte Cubano (FAC). Ha colaborado como curadora en la galería Arteconsult, Ciudad de Panamá, y forma parte del grupo internacional Art Consulting Network, con base en Italia. Actualmente se desempeña como directora de la Fototeca de Panamá. Su labor profesional se desenvuelve dentro de la curaduría, el mercado de arte, la enseñanza, la investigación, la promoción cultural y los medios de comunicación para el ecosistema artístico actual.

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