En el umbral de nuestra utopía

/ 4 agosto, 2015

La interacción arte-ciencia-tecnología (ACT) a pesar de haberse asumido como un terreno de acción en extremo potencial, no es en nuestro contexto una de las soluciones más exploradas. De lo contrario, se hubiese hecho palpable el fenómeno en la recién concluida XII Bienal de La Habana. No obstante, en el mencionado evento sobresalieron piezas como La evolución de la resistencia y Autopoiesis del artista Yusnier Mentadoi, las cuales demostraron que aun sin las condiciones necesarias -pretexto harto sugerido por los creadores locales- es posible ser totalmente avant-garde ya no solo en la construcción morfológica del texto artístico, sino también en la formulación de sus líneas discursivas.

En primera instancia, es importante identificar como cardinales, las categorías de evolución y resistencia, no limitándolas a lo que en apariencia son: variables lingüísticas en la conformación de un enunciado. Si nos detenemos en el análisis de la pieza a la que directamente aluden estos conceptos, percibiremos que la sintaxis de la obra y su significado devienen metáforas del funcionamiento de cualquier sistema social, incluido el nuestro. Para hacer válida esta parábola el artista recurre a una investigación precedente desarrollada por una universidad de neurociencia en los Estados Unidos y al trasladarla al campo del arte la dota de una fuerte carga semántica en función de sus intereses. Así, el gesto de encerrar una cyborgcucaracha en un espacio blanco, libre de oclusión que le ofrecía al espectador la posibilidad de controlar los movimientos del coleóptero mediante una aplicación Androideii, era solamente un medio para obtener el metaobjetivo: enfrentarnos al proceso de transformación en sí, demostrarnos la capacidad de reacción del animal -asumido como símbolo del individuo, del sujeto social- ante la insistente manipulación. Y es que, el ciego acatamiento inicial no tardó más tiempo que el destinado a la exposición en tornarse en escepticismo.

Pero el concepto de resistencia, debemos entenderlo también asociado a las propias operatorias del artista. Porque Yusnier crea a partir del comúnmente denominado “cacharreo”, busca soluciones alternativas para poder hacer un arte “primermundista” en un contexto desconectado y en ese sentido se vale de las licencias de la Creative Commons para usar software libre. Ello le garantiza además de legalidad, el abaratamiento de los costos –piénsese que el valor en el mercado de la aplicación para manejar la cyborgcucaracha ascendía a cien dólares, mientras que Yusnier creó una aplicación para móvil por menos de la décima parte de este precio-, así como trabajar desde y sobre el principio de la colectividad y la sociabilidad en la concepción del objeto artístico. Entonces visto así, lejos de constituirse utópica, la obra de este creador se articula como un desafío al sistema y en específico al sistema arte en Cuba, una oposición a la legitimación de los inoperantes y reiterativos modos tradicionales del arte en el circuito local y de sus viciados mecanismos de acción e inserción.

Por otra parte, subyace la idea de evolución, la cual trasciende el acto de mutación del animal y aun la evidente complejización de la propuesta del artista y de su postura, para erigirse en una preocupación de corte futurológico. La inminente obsolescencia del cuerpo humano producto del avanzado desarrollo de la tecnología y de las ganancias en el campo de la robótica, la electrónica, la inteligencia artificial, etc., es una tesis sostenida por Yusnier. En tal dirección, genera Autopoiesis. La misma consiste en la creación de un brazo robótico que reproduce en el espacio galerístico los movimientos realizados por el artista en el proceso de gestación de la pieza.iii La evolución se vincula, de esa forma, a la posibilidad de autorreplicarse, de regeneración, de multiplicación del objeto que prefigura, no obstante, la decadencia del sistema biológico revelando la proximidad de un mundo eminentemente programado. Con ello, además, habríamos de aceptar la cercanía de la transformación de nuestros valores estéticos, del canon de belleza: la biónica sería entonces una nueva realidad.

Y a pesar del constatado carácter polisémico, Autopoiesis es asumida como incompleta -hecho que también nos remite al concepto de evolución en tanto la obra en sí misma está planteada como una idea in crescendo– pues su consumación se logra una vez los receptores accedan al perfeccionamiento del código de programación y suban a la red las lecturas de sus propios brazos realizando cualquier actividad creativa, ya no necesariamente artística. Para ello se requeriría de un sitio web con el código, un espacio virtual que permita la visualización de la mano, así como pautas para construir el guante portador de los sensores. En fin, se necesitaría de la interactividad y del flujo de conocimientos y experiencias que supone Internet.

Por tanto, volvemos una vez más al principio de socialización, de intercambio que presenciamos en La evolución de la resistencia, pero que en Autopoeisis se revela de manera expandida, más lograda. Pues si bien es posible pensar la misión de Internet y de las comunidades de Open Source desde la masificacióniv y por ende, es esta la génesis del arte de Yusnier, en La evolución de la resistencia existe algo de conclusivo. Al contrario, Autopoiesis representa la posibilidad de retroalimentación, la cadena se extiende y el artista pasa a ser en la concepción de la obra no el último eslabón sino un mediador.

En resumen, Yusnier nos coloca ante un cambio de paradigma en el arte (lejos de élites y hermetismos) y sobre todo del sujeto artista. Queda claro que la noción de autoría, de propiedad intelectiva se disuelve, dado que el artista deviene un productor, un trabajador más en cooperativas del conocimiento. Hagámosle paso, pues, a este tipo de propuestas, en que la libre accesibilidad y circulación de saberes tal como apunta José Luis Brea “….conlleva la retirada efectiva de cualquier residual estética del genio e incluso de cualquier ideología estética -cualquier presuposición de que en el espectro de las prácticas artísticas comparece algún modo específico de la verdad del ser”v. Será ese el único modo de atravesar el umbral de nuestra utopía.

i Obras expuestas en Zona Franca y en la Galería Villena de la UNEAC, respectivamente.

ii Desde la aplicación Androide era emitida una señal Bluetooth a un Shields para Arduino y este a su vez a las antenas sensoriales intervenidas del coleóptero provocando en él falsas interpretaciones del espacio.

iii Esto se explica por la instalación en su brazo y mano de unos sensores que, conectados a un ordenador y mediante programación, registraban todas las acciones de la extremidad mientras trabajaba.

iv Programación de celulares, ordenadores, páginas web, redes sociales, etc.

v José Luis Brea. El tercer umbral, p. 50.

Marilyn Payrol

Marilyn Payrol

(Santa Clara, 1990). Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Profesora de Teoría y Crítica de la Universidad de las Artes (ISA). Es editora del sitio web de Art OnCuba magazine. Textos suyos pueden consultarse en la Revista Artecubano, La Gaceta de Cuba y en Art OnCuba Magazine.

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