En busca de la matriz del grabado en Cuba

/ 4 octubre, 2016

Resultan complejos los debates en torno a métodos de trabajo y estrategias organizativas implementados en la novena edición del Encuentro Nacional de Grabado 2016. Este, como un intento loable en la revitalización de la gráfica cubana, no se encuentra ajeno a controversias acaecidas en el mundo de la creación artística, y sobre todo, a las crisis que atraviesa este tipo de eventos no solo en la Isla, sino a nivel internacional. Lo cierto es que esta vez el Encuentro parece recuperar su ritmo, y tras la realización trienal, procura consolidar una estructura que sea capaz de rediseñarse en una cita bienal.

Reconocer la labor realizada por el Taller Experimental de la Gráfica (TEG) desde su fundación en 1962, es fundamental para rememorar eventos de marcada relevancia como los Salones de Grabado y sobre todo, los Encuentros Nacionales. Este último, como su nombre lo indica, fomenta la participación de creadores sin distinguir privilegios entre los diferentes territorios del país, de manera que se ofrece legitimidad, visibilidad y respaldo a la producción de las obras y la realización de proyectos.

La presente edición abarca artistas de seis provincias, entre ellas Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Cienfuegos, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba, siempre solventando las urgencias de los más jóvenes y estrechando los vínculos con las figuras ya establecidas dentro del gremio de grabadores. Consabida es la continuidad, las dependencias, los guiños e incluso las rupturas que vienen apuntalando a buena parte del sector gráfico. Mientras tanto, las nociones de vanguardia se favorecen a un ritmo marcado por el valor de la experimentación, entendida esta como necesidad, como conocimiento, como estudio, como fin último de placer que ofrece un proyecto experimental en su más profundo alcance.

Las nuevas promociones ostentan nombres como Marcel Molina, Osmeivy Ortega, Jesús Hernández, Dairán Fernández, Octavio Irving, entre otros, quienes apuestan por un arte que se integra a una heterogeneidad acentuada en técnicas, soportes, estilos, operatorias, y aunque pletórica de revoluciones no desdeñan el rescate de la tradición.

Octavio Irving es quien preside esta edición de la muestra-concurso, actual director del TEG quien contribuyó al rescate del Encuentro en su celebración de 2013, después de seis años de aparente atraco. Octavio es graduado de la Academia San Alejandro en el 2000 y del Instituto Superior de Arte en 2006, recibiendo en 2007 el Premio La Joven Estampa, certamen que auspiciaba Casa de las Américas en aras de reconocer a los artistas de la región del Caribe y América Latina y que lamentablemente ya no existe.

La obra de Irving se sustenta en un paradigma de conciencia estética que proyecta sus focos de atención hacia una multidimensionalidad comprensiva e interpretativa de las formas. Es decir, la manera en que se asume una actitud abierta ante la variedad de símbolos y códigos que conviven al interior del objeto, y cómo estos le plantean un insospechado número de relaciones de sentido al espectador.

La serie Objeto de mis manías ofrece mediante la técnica calcográfica, la posibilidad de explotar universos reflexivos que se desprenden de la ambigüedad de la imagen. Esbozadas a modo de barcos, quizás pequeños botes, acaso estructuras ovales como base de la representación, cada pieza pacta entre lo real y lo abstracto de manera que, lo esencial y más importante, es la actualización y regeneración del sentido originario a su contexto de recepción.

Irving opta por el ícono del bote para repetirlo en sus tres obras que conforman la serie Persistencia de las formas, con la cual obtuviese el galardón en 2007. En ella propone una visualidad muy similar en todas las piezas y advierte sobre la reutilización de este símbolo en el espacio insular. Sin embargo, desde su muestra personal dentro del proyecto Zona Franca en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña de la pasada Bienal, el artista viene madurando la idea de acercarse al fenómeno del original múltiple desde otra perspectiva. Nuevos giros se avecinan, la sociedad está continuamente cambiando y con ella la cultura, el arte. Los desafíos que enfrentan los grabadores en la Cuba de hoy mucho tienen que ver con las actividades cotidianas que avanza de manera indetenible. Eso sí, si algo resguarda la fe en el arte es que nuestros artistas siguen apostando por el grabado como medio para la creación.

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