Entre la desobediencia y la presión contenida

La obra de Elio Rodríguez

/ 12 enero, 2015

Aún recuerdo la primera vez que entré en el Departamento de Historia del Arte de mi Facultad de Artes y Letras, aquí en La Habana. Recién había ingresado a la carrera, y teníamos nuestra primera entrevista en los predios universitarios. En la pared del fondo de ese gran salón que ha sido testigo de tanta historia, tantos trabajos de curso, defensas de tesis, reuniones de trabajo y festejos por el cumpleaños de algunos de nuestros más reconocidos profesores, llama la atención un pequeño cuadro que tiempo, bastante tiempo después de aquella primera vez, supe que era de Elio Rodríguez.

Mi primera impresión, he de confesarlo, no fue positiva. Por su rejuego icónico, me parecía que su lugar estaba más seguro y definido junto a la “candonga”[1] de la feria del puerto, que en el Departamento de Historia del Arte. Cuando aprendí un poquito renegué mentalmente de tan superficial apreciación, y entendí que su lugar era, en primera instancia, bien lejos de los cuadros con los que lo había emparentado.

Elio Rodríguez es de los que apuestan por el “grosor de la metáfora”; forma parte de una generación que vivió muy de cerca no solo el “período especial”, sino también las implicaciones que en el orden social y cultural resultaron de las medidas –fundamentalmente económicas- destinadas a hacerle frente. La apertura a la inversión de capital extranjero y el auge de la industria turística en el país (re)configuraron una red de producción simbólica destinada al público que venía a Cuba, fundamentalmente, en busca de exotismo y placer.

La proliferación de estereotipos en relación con la sexualidad del cubano[2] y la recreación visual de ambientes paradisíacos, convirtieron a Cuba en un espacio construido virtual y fácticamente en el lugar idóneo donde encontrar buen sexo con mulatas de grandes caderas, negros de enormes falos, y un sinnúmero de experiencias que llevarse como souvenirs de regreso a sus países de origen.

Justamente ahí se encuentra una de las zonas más prolíficas de la creación de Elio Rodríguez, alias El Macho. Según sus propias palabras, asumió este personaje –luego de una exposición individual de igual nombre- “(…) como un heterónimo desde el cual poder expresar las ideas que (…) [le] preocupaban, desde donde se sublimaran los clichés y los prejuicios que tenemos sobre las identidades.”[3] De este modo, el artista abría las puertas a una gran labor encaminada a explorar las bases históricas, sociales y culturales sobre las que los sujetos construyen o forman parte de un tipo de identidad de carácter local y, a su vez, global.

El trabajo de El Macho se inserta en una línea crítica de los estereotipos culturales, empleando los propios constructos visuales de estos para subvertirlos. Pudiera decirse que es un trabajo de “desobediencia”, esa que no se ciñe a los imperativos de una u otra postura con claridad aparente. Para aquellos que están poco familiarizados con las estrategias y rejuegos del arte contemporáneo, podría parecer que las obras de Elio Rodríguez son más una apología que una crítica a la acelerada construcción de una nacionalidad folclorista y abiertamente dirigida a la complacencia de un mercado foráneo. Sin embargo, si se conoce un poco el devenir del arte hasta nuestros días, y se está familiarizado con el código en que el artista intenta transmitir su mensaje, puede comprenderse un sentido totalmente opuesto.

Podríamos decir, sin mucho rigor, que su postura es similar a la de los artistas pop de los Estados Unidos de la década de los sesenta. Si no conocemos la postura del creador, la ambigüedad es una característica que permite dicha comparación. Pero El Macho, a diferencia de aquellos tan cínicos (en el buen sentido de la palabra, si es que ello es posible, pues todavía nos hacen hablar de sus obras), manifiesta una clara posición:

La construcción de las “identidades” que expongo se hace a partir de estereotipos. Mucha de mi obra habla de las identidades que construimos para diferenciarnos del otro, pero que al final terminamos creyendo. (…) Me gustaría que mi obra se entendiera como “cuestionadora” en un sentido bien amplio, cuestionadora de todo arquetipo, de toda definición, de lo aparente.[4]

Hace veinte años Elio Rodríguez creó Macho Enterprise S.A., con las siguientes palabras de presentación: “(…) una entidad esencialmente lucrativa y de placer. Agrupa a todos los individuos e instituciones (…) que hayan mostrado su deseo de mojarse dentro de la gran salsa en que estamos metidos, o que posean capital suficiente para aportar a la noble y, siempre elevada causa de trabajar por la cultura nacional (léase lo de elevada en relación con los aviones).”[5] Se declaraba además la composición de diversos Comités: el de Honor contaba en su nómina con la presencia de Andy Warhol, Madonna y Jeff Koons; y el Asesor incluía a Raúl Martínez y a Pepito (el de los cuentos).

Las primeras creaciones de El Macho, desde la pintura y el cartel la mayor parte de las veces, conforman ahora el patrimonio artístico de Elio Rodríguez, junto a sus más recientes obras de carácter tridimensional. Su marcada intención por el juego con la sexualidad, las formas voluptuosas y los órganos genitales como parte de esa supuesta identidad cubana, adquieren vida en trabajos cerámicos e instalativos.

Desde Ceiba Negra hasta Presión contenida, su más reciente exposición individual inaugurada el pasado 11 de diciembre en la galería Charpa de Valencia, este artista expande a límites inimaginables el trabajo con el espacio, el material y el volumen, como un modo de continuar y, a su vez, rebasar el impacto de aquellas primeras obras bidimensionales.

El 27 de noviembre de este mismo año su trabajo formó parte de la muestra Iconografías de la desobediencia, que tuvo lugar en la Galería Punto de Valencia. En esta ocasión, El Macho participó con una obra volumétrica donde llamaba la atención una vagina fálica con clavos y candados. Pero hace solo unos días, Elio ha impuesto al público un reto mayor.

Recordando la tesis de mi amiga Carolina Barrero, Presión contenida es una instalación de “ocupación total del espacio”, donde la obra no es solo lo material, sino la acción de apropiación del entorno que le sirve para expandirse. Según la nota de prensa, se busca subvertir “la lectura tradicional donde cada obra discursa individualmente”[6].

A partir del trabajo con la escultura blanda, con materiales como el fieltro y la goma, Elio Rodríguez aprovecha las potencialidades y posibilidades de movimiento de las obras, así como la capacidad de los receptores de intercambiar con la pieza y ajustarla, acomodarla a su antojo. Partiendo de una propuesta donde nada es totalmente explícito, se da lugar a la exploración y generación de sentido por parte de todos aquellos que visiten por estos días la galería Charpa.

Queda claro que Elio Rodríguez, o su heterónimo El Macho, ha desarrollado una carrera que ha ido in crescendo. Nada es despreciable y nada puede dejar de ser visto para poder valorar con justeza y acierto crítico las capacidades no solo de hacer arte porque sí, sino el saldo que deja en los espectadores que asisten a la comprensión de su obra.

 

[1] Comúnmente se le llama así a los cuadros de las ferias que promueven los estereotipos sobre la cultura cubana (principalmente mulatas, frutas, paisajes tropicales, ron, tabaco y carros de los cincuenta).

[2] Si se quiere especificar aún más, del cubano negro o mulato.

[3] Pablo Ruiz. ELIO RODRÍGUEZ – EL MACHO. Todo empezó como un juego, sin mayores pretensiones, pero poco a poco se fue conformando en un personaje, una marca (Entrevista). En www.machoenterprise.com. Consultado el 8 de diciembre de 2014.

[4] Ídem.

[5] Elio Rodríguez. En www.machoenterprise.com/texts.html. Consultado el 8 de diciembre de 2014.

[6] Elio Rodríguez exhibe ‘Presión contenida’ en Valencia. En www.diariodecuba.com. Consultado el 8 de diciembre de 2014.

 

Gabriela Ramos

Gabriela Ramos

(La Habana, 1990) Graduada de Historia del Arte. Profesora de Teoría de la Cultura Artística en la Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana. Miembro del Programa Interdisciplinario de Estudios del Caribe, Centro de Estudios del Caribe, Casa de las Américas.

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