El Palacio y su nueva majestad

/ 5 marzo, 2015

“La verdadera historia de Cuba es la historia de sus intrincadísimas transculturaciones”.[1] El mestizaje cultural nos caracteriza como sociedad casi como a ninguna otra. Esto resulta, sin dudas, una verdad a gritos ya definida a todas luces por Fernando Ortiz al declarar que somos un pueblo transculturado. A pesar de que sea este un fenómeno común a muchas culturas en mayor o menor medida, para Cuba significa que no haya nada totalmente incorruptible en nuestra identidad. Somos, eso sí, la sumatoria infinita de estados anteriores, de causas y efectos, de un crecimiento rizomático sin antecedentes para la humanidad.

Este linaje lleno de alteraciones circunstanciales -“por las complejísimas transmutaciones de culturas que aquí se verifican”[2]– ha incidido en la conformación del ser social hasta hoy, por la pluralidad de discursos que intervienen en la diégesis que nos define. El Palacio del Segundo Cabo, tras un complejo proceso de rescate patrimonial y desarrollo cultural producto de un proyecto de cooperación entre la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, la Unión Europea y la Oficina Regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe en La Habana, se reinventa para agasajar con su nueva función las permutaciones existentes entre el Viejo Continente y Cuba a lo largo de cinco siglos de relaciones.

Como Centro de interpretación para las relaciones Cuba-Europa, el Palacio del Segundo Cabo constituye un espacio para el diálogo intercultural entre los “dos mundos que recíprocamente se descubrieron y entrechocaron”.[3] La experiencia, al tiempo que inédita en nuestro contexto, venía siendo imprescindible para revitalizar la dinámica institucional de la cultura cubana.

Como Palacio, la edificación es testigo de la historia labrada por sus cantos y de los pasos andados y desandados tantas veces en el núcleo fundacional de la villa habanera. La obra arquitectónica de aliento barroco con el tiempo alternó sus destinos entre Casa de Administración de Correos, oficina y residencia del subinspector Segundo Cabo, sede del Senado, Tribunal Supremo, academias de Historia, de la Lengua, de Artes y Letras, Consejo Nacional de Cultura y, finalmente, Instituto Cubano del Libro.

Hoy como centro interpretativo, el Palacio, con su perene majestad, es un intento por narrar la verdadera historia de las culturas sobre las que se reedifica nuestro presente. Aunque inconcluso el relato, pues faltaría hallar otros espacios que propongan la inclusión de las culturas restantes en un todo polisémico, el Palacio del Segundo Cabo viene a cubrir una larga espera en la obra constructiva de lo nacional, para su historia y cultura.

 

[1] Fernando Ortiz. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. La Habana, Ed. Ciencias Sociales, 1983, p. 86.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem, p. 88.

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio