El paisaje: ¿género pictórico?

/ 23 diciembre, 2014

Durante años se ha definido el paisaje como un género pictórico que ofrecía una determinada manera de representar: un ambiente, un entorno, la relación del hombre con dicho escenario que el artista se encargaba de describir y recrear. Se ha dicho que el paisaje, como tendencia, es un género noble aislado de contingencias y que tradicionalmente se ha comportado como un espectáculo de formas que tiene cualidades visuales y espaciales.

En la Isla, el paisaje asentado en el siglo XIX se entrecruza con el arribo de científicos, dibujantes y grabadores extranjeros, más tarde criollos; así el género se presencia, desarrolla, institucionaliza (Academia de San Alejandro) y testimonia una continuidad, verificable en las dos primeras décadas del siglo xx. Con ajustes y transformaciones se desliza en décadas posteriores, tal vez no con el mismo ímpetu de otras tematizaciones, pero con énfasis en nuevos renglones como: lo urbano, lo sub urbano, los parques, las calles (Calle de noche de Víctor Manuel), que coinciden con la visión que supera la ruralidad –como tendencia- vigente en el siglo xix. Lo urbano se asocia a la modernidad y el paisaje será también su conductor (La ciudad de Portocarrero).

Podría decirse que el paisaje se ha mantenido en un decurso de actualizaciones, cambios y reajustes que le ha permitido ser expresión de los diversos procesos acaecidos en los diferentes horizontes socioculturales. La dinámica de la vida moderna, las transformaciones en el concepto de arte, la manera de asumirlo, las nuevas propuestas estéticas (Relación de Tomás Sánchez) han incidido en el instrumental discursivo. Contrario a lo que algunos piensan el tema no ha perdido vigencia, se ha impregnado de valencias novedosas, se ha renovado, posicionado y se inscribe en las meditaciones contemporáneas.

No solo aparecerán nuevos soportes, sino que se advierte una pluralidad donde el género pictórico se sumerge, expande, contrae, se invisibiliza, se trasmuta en otros enunciados y se asume en otros medios (instalaciones, video, fotografías, los medias)

En estas mudanzas y alteraciones del paisaje se inscribe de manera particular esta Segunda edición del Evento de Paisaje, desplegado en las instalaciones de la Oficina del Historiador (Casa de México, Palacio de Lombillo, Museo de Arte Colonial). Algunos podrán preguntarse ¿pero otra vez el Paisaje? Una posible respuesta, ¿estamos ante una propuesta tradicional? Para muchos, paisaje equivale a color y este proyecto subvierte una de las valencias históricas. Resulta una interesante convocatoria en que se pone de manifiesto tradición y modernidad, si me permiten la utilización de este par. La invitación induce a la presencia del tema en soporte bidimensional: dibujo, grabado y fotografía, sugestivo planteo curatorial, pues si bien se conoce la multiplicidad de soportes, intencionalmente se plantean soportes convencionales mas no pictóricos.

Cuando se examinan las muestras se verifica que la invención temática trasciende la génesis del género para, sobre prácticas artísticas aparentemente conocidas: ofrecer nuevos espacios (Julio César Peña, Nadar, nadar hasta llegar), escenarios indeterminados (José Omar Torres,Sin título), una iconografía diferenciada e innovadora (Kelvin López, De la serie Logros), modelos de representación, con lo cual también contribuyen a la modificación del soporte al recolocarlo en una nueva dimensión.

Así transcurren delante del espectador, visiones desde el aire (Dayrán Fernández, Polar), la desmesura (Octavio Irving, Persistencia de las formas II), la aparición de lugares que los paisajistas tradicionales nunca hubieran incluido en un primer plano (Frank Mujica, Sin título), la ambigüedad iconográfica(Jorge López Pardo), el paisaje como facilitador de reflexiones y cuestionamientos de la cultura, de la vida cotidiana nacional (Douglas Pérez, El secreto del fin), que ofrece no solo metáforas sobre los acontecimientos sino que insta a lecturas particularizadas e interpretaciones atrevidas a partir de las motivaciones y concatenaciones que estos ofrecen. Se sugiere desde la hibridez, lo laberíntico, el fragmento, (Mario García Portela, Sin título), la imaginación, nuevas maneras de ver y leer el aparentemente género tradicional.

Se pone de manifiesto como el paisaje ha quebrado sus límites genésicos y ha ampliado no solo los márgenes sino que se ha abierto a un sinfín de modalidades discursivas e iconológicas, a partir de la búsqueda de nuevas parcelas de la realidad.

Estamos ante construcciones mentales de gran imaginación en las cuales unas veces el referente se identifica, otras se muestra solo el fragmento que permite la fantasía o las asociaciones, concurren macro imágenes que accionan nuevas visiones, o se ofrece el valor místico de la atmósfera (Jesús Gastell, La tierra prometida). Así la lectura de este conjunto del siglo xxi se convierte, en la apropiación que de él haga el observador.

El observador no es un contemplador a la usanza del pasado, cuando era un ente pasivo que era inundado por el paisaje y su visualidad, hoy día se considera que el espectador al mirar desata en su mente recuerdos, imágenes, realiza asociaciones, comparaciones, o sea pone en juego sensaciones, recuerdos y conocimiento. Por lo cual se pone en valor la capacidad del público para apreciar esta propuesta “paisajística”.

La conceptualización se ha apropiado del paisaje, ruta que le ha propiciado un universo de alcances y dimensiones. La metáfora se combina con el realismo conceptual que, como apuntan los especialistas, ofrece un rostro interdisciplinario, a partir de un nuevo concepto de la realidad, donde convergen la imagen manipulada, se engaña la mirada con objetos que parecen pero no lo son, se utiliza la deconstrucción, y se mezcla la publicidad con la tecnología y la información.

Actualmente la crítica latinoamericana se pregunta: ¿Ha perdido el paisaje jerarquía al apropiarse de técnicas y procedimientos que le eran ajenos, o al servir de conductor a ideas que sobrepasan su representatividad tradicional? ¿Ha quedado hoy disminuido si se compara con el lugar ocupado a lo largo del siglo xx?

El Segundo Evento de Paisaje podría alegar o al menos sugerir algunas respuestas, donde generaciones diferentes se aúnan para procurar una mirada singular sobre aquel género pictórico llamado paisaje.

 

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Comments

Johnf661

9 agosto, 2015

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Johna662

9 agosto, 2015

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