El espacio blanco, blanco

/ 20 octubre, 2016

De conocimiento universal, el color blanco es indicativo o alegoría de la paz, la luz, el sujeto iluminado, el bien, la pulcritud, la bondad, la pureza, el renacimiento, la redención, la castidad. Al indagar sobre las connotaciones y significados simbólicos y psicológicos de este color, hallamos que lo blanco es representativo, en la mayoría de los ejemplos, de nobleza,  positividad, origen, comienzo, lo inexistente, el vacío.

Cuando se está ante un espacio en blanco, se hace alusión a cómo llama siempre a la provocación, pues invita a descomponer y romper con esa perfección y esa sensación de ausencia que lo pulcro o limpio siempre lleva como condición. Por ello, es frecuente escuchar la insinuación que recibe el escritor, o el pintor hacia el espacio al papel o el lienzo vacío, en blanco. Hacia ese espacio en espera de ser llenado, completado o sacado de la imparcialidad que trasmite el color.

Hago esta referencia, pues en el pasado mes de septiembre se ha inaugurado una exposición en la galería del Centro Hispanoamericano de Cultura, cuyo título Espacio en Blanco, toma como eje primario la conceptualización formal y conceptual de este recurso plástico dentro del arte cubano contemporáneo. La exposición ha sido curada por Chrislie Pérez, joven que ha sabido labrarse un espacio y reconocimiento dentro del ejercicio curatorial de nuestro país. Recuerdo el éxito que resultara una de sus anteriores exposiciones Ellas sí hablan, del año 2012 en la Galería Villa Manuela.

En la muestra participan artistas como Pedro Oraá, Wilfredo Prieto, Douglas Argüelles, Luis E. Camejo, The Merger, Plastic Guajiras, Adriana Arronte, Marcel Márquez, Donis Llago, Dania González Sanabria, Glauber Ballestero, Jorge Wellesley, Gabriel Cisneros & Osvaldo Ferrer y Kmilo Morales. La propia curadora participa además como artista. Su obra da apertura no solo al recorrido visual y a la disposición museográfica de la exposición, sino que, deviene umbral de las demás piezas.

La propuesta de Chrislie, colocada en el margen del artista /curador -pues se mofa y coquetea entre la intención del artista y la voluntad o el poder que tiene el curador como director de la muestra-  presenta una obra, Inconformidad (2016), de índole conceptual, en la cual  delimita sobre la pared un espacio que estuviese reservado para la pieza que como curadora y responsable en la selección de una nómina y un concepto curatorial, hubiese sido esencial dentro del discurso que se desea proponer en la exposición. De ese modo, el espacio en la pared revela cuan homenaje o gesto de reclamación, la presencia/ausencia  de la obra maestra del Movimiento Suprematista, Blanco sobre Blanco de Kasimir Malevich.

Pudiera tomarse esta intervención de la curadora como manera de anunciar lo que se apreciará en la exposición. El eje central se mueve entre tomar a este  elemento plástico de mutable significación,  pues para algunos es valor que registra condiciones de luminosidad en los colores, y en otros es reconocido como el  cuarto color; y al igual que Malevich replantearse los múltiples modos de repasar y experimentar con este recurso pictórico. En este sentido, es muy coherente el principio rector que se presencia en la museografía y diseño curatorial, donde no solo se expresa en el espacio elegido -galería del Centro Hispanoamericano- la intención y anhelo del curador de trabajar con el cubo blanco y casi perfecto, sino que las obras, la selección se justifica en el principio del predominio del blanco en la visualidad de las mismas. Así cuando se accede a la exposición se tiene por momentos la certeza de entrar a un lugar impoluto y extrañamente homogéneo y neutro. A la obras las hermana esta condición, la gran mayoría luce la incorporación de este elemento en la construcción de la imagen.

De este modo pudiéramos decir que hallamos la presencia de piezas que asumen y abordan el tema central de la exposición, desde la ponderación de dicho recurso plástico. Al igual que hiciera Malevitch la pureza y la autonomía que toma el elemento luce las posibilidades expresiva y estéticas de un recurso pictórico como es el blanco. En esta cuerda encontramos las obras pictóricas de Pedro Oraá, Luis E. Camejo y  Douglas  Argüelles que juegan en el caso de los dos últimos con las posibilidades que, en una escala monocromática, podemos encontrar desplegado a este elemento. La tesitura de blancos y grises, apoyadas además sobre un fondo claro, revelan las sutiles diferencias de los tonos y las operatorias técnicas para manejar los deslices cambiantes en la relación fondo/figura.

Asimismo, tenemos otras piezas que si bien visualmente son blancas, tienen como objeto de análisis  la significación de lo blanco en determinados contextos. Encontramos así la obra de Wilfredo Prieto (Tapa, portada y contraportada, 2011) que toma como plataforma el conceptualismo y el ready made, ya que presenta un pedazo de papel higiénico tal escultura efímera o libro/objeto sobre una base que realza entonces su condición de obra de arte. De cierta manera hay una cita a la obra de Duchamp,  en el simple gesto de desnaturalizar un objeto diseñado con otros fines y para su uso en otro espacio y redefinirlo con otra dimensión semántica: la del objeto artístico. A su vez el fragmento de papel higiénico alude a esa irónica existencia que le imprime su utilidad, pues un objeto que es absolutamente blanco, impoluto, limpio, despojado de impurezas, termina empleándose para eliminar la prueba fehaciente de la cita que se ha tenido con la suciedad humana, el excremento. Esta obra realmente me parece extraordinaria porque pareciera ese pequeño lienzo dispuesto para que cualquiera lo tome y pinte, quizás a lo Jackson Pollock, su obra personal, esa que quedará bajo el impudor de la mancha creada según el grado de intensidad o emoción de quien se sirva.

Así por estilo aparecen obras como la de Adriana Arronte (Desvío de recursos, 2016) pieza constituida por figurillas, adornos corrientes caseros de pasta blanca, material que en el esmaltado brillante de su exterior, simulan objetos de fina cerámica. Arronte extrae a estos adornillos de su “habitat” cotidiano, de su orgánica función dentro de los hogares cubanos. Notamos en ellos la intervención de la mano de la artista, pues decapitados, amputados de algunas partes de su totalidad, los adornos presentan la huella de un fragmento que se les ha roto o quitado para ser nuevamente recompuesto, cuan seres frankestianos, con aditamentos (los recurso desviados en función de suplir y resolver una situación) de otras figurillas que ahora participan en el objeto intervenido y metamorfoseado en otro aspecto. El conjunto habla de los desvaríos, de las soluciones provisionales, de la estética de lo kitsch y de las transitorias soluciones que siempre aparecen. También alude a esas determinaciones que nacen del ingenio, de la espontaneidad de quien ignora otras leyes y de quien no tiene otra que quedarse al margen de lo atractivo.

Quisiera destacar también otra de las obras en las cuales el color blanco se asume desde su valor simbólico e ideológico. Me refiero a la obra Cinco letras, 2013 de los artistas Gabriel Cisnero y Osvaldo Ferrer. El dueto escoge la representación en bustos de personajes icónicos de la historia nacional e universal. Por ejemplo, la figura de Cristo o José Martí, personajes encarnados en formas escultóricas como el Cristo que hallamos custodiando la Bahía de La Habana o el litoral de Río de Janeiro; o en el caso del apóstol,  difundido en cuanta escuela, institución pública y oficial de nuestro país, exista. Iconos, estos personajes, de un credo político o religioso. Figuras canonizadas por otros hombres, por la historia que en su escritura los ha tomado sujeto de la realidad que intenta construir. El blanco con el cual se esculpen sus rostros refleja la santidad y la pureza de estos símbolos. El color imprime este sello sacro de figuras inmortalizadas por el imaginario social.

En la exposición Espacio en blanco, la noción de este elemento emerge coherentemente dentro del discurso curatorial. Los replanteamientos formales de este recurso y las connotaciones semánticas que contemplan, descubren el universo de interpretaciones  que este elemento cromático puede arrojar para el artista y para quien se disponga a desentrañarlo. El espacio ha sido llenado y poblado de significados, las insinuaciones del vacío, de lo inexistente, se camuflan en los mensajes subyacentes dentro del propio concepto blanco.

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