El arte me descubrió a mí

/ 20 noviembre, 2017

Carlos Luna es uno de los artistas más importantes de América Latina. Con una destacada trayectoria, exhibe Deep Line Drawings en el Museo de Arte Boca Ratón hasta el 31 de diciembre. Esta colección, reveladora del sello íntimo y personal de su identidad, resume sus experiencias estéticas en un repertorio que reúne pinturas sobre madera, dibujos sobre papel amate -hecho a mano en México a partir de la corteza de un árbol, práctica que se remonta a la época precolombina- y un mural de cerámica de talavera. La ubicación de cada exponente constituyó un reto para el artista, quien logró el diálogo entre las obras, la cohesión del conjunto y una sensación de intimidad en el recinto.

Su discurso versa sobre la exploración de su experiencia vivencial, expresada con diversas técnicas. En los dibujos, de variados formatos, se distingue lo profundo de la línea; los gouaches demuestran la pujanza de composiciones marcadas por la vibración del color, mientras que en la pintura al óleo -resuelta con sucesivas capas de pintura, que después raspa- crea texturas sobre la apariencia desgastada para otorgarle fuerza a la composición.

La propuesta es un ensayo de sus enunciados temático-estéticos, que recrea historias de su infancia y temas populares -acompañadas, en ocasiones, de expresiones en inglés o español; así como del juego de palabras, escritas o no, al revés. El discurso conceptual de su proceso artístico recrea una iconografía de la vida cotidiana y se nutre de sentimientos encontrados donde concurren pasión, violencia, ambición, conflicto, humor, ironía y sensualidad.

Luna nació en una región donde se mantienen vivas las creencias y la cultura de los descendientes de la cultura africana yoruba, los cuales constituyen elementos simbólicos y temas recurrentes en su narrativa visual. En los núcleos temáticos de su poética se reconocen iconos propios de esa religión: el bosque sagrado es el hogar de las plantas medicinales, los ancestros endiosados están representados por los orishas, aparece la presencia mitológica de los ojos, así como la figura del Elegguá -elemento formal y alegórico que entra en contacto visual con el espectador, invitándolo a penetrar en la obra-; así como el uso de los patrones y las líneas sinuosas, que simbolizan la energía y los ritmos de la música de los campesinos y el pequeño, valiente y luchador gallo, símbolo de Cuba, que representa su alter ego.

Tras estudiar en la prestigiosa Academia de Bellas Artes San Alejandro, la Escuela Nacional Artes Plásticas y el Instituto Superior de Arte, en La Habana, forma parte del vigoroso movimiento artístico de la generación de los años ochenta en Cuba, caracterizado por el carácter innovador y transgresor de la vanguardia internacional.

Su carrera profesional se sustenta en su talento, esfuerzo y perseverancia. En 1991, se trasladó a Puebla, México. Respaldado por su habilidad y talento se integró a la vida cultural en diversos proyectos artísticos. Enriqueció su discurso estético, ya permeado de influencias de la pintura cubana del siglo XX con Wifredo Lam, Mario Carreño y Cundo Bermúdez, junto a la huella de Picasso, Gris, Léger y el movimiento barroco de América Latina. En 2002 emigró a Estados Unidos y reside en Miami.

La expresión formal de su discurso se nutre de fuerzas artísticas multiculturales asumidas con un tratamiento ingenuo de fuerza vital. Sus intereses estéticos y formales crean un cosmos de contenido universal, cuya energía y virtuosismo se nutre del compendio de universos ideoestéticos: la apropiación del muralismo mexicano, el horror vacui del barroco latinoamericano y los iconos cubanos.

El carácter autobiográfico de su discurso hace que su narrativa sea una original figuración, heredera de lo macabro -propio de la cultura de México- unida a la presencia vital de sus raíces identitarias. En su iconografía expresa las luchas internas de un artista consagrado que refleja la influencia del arte primitivo, la academia occidental, las vivencias rurales de su infancia, la narración de los muralistas mexicanos, los motivos decorativos de la cerámica azteca, la fuerza del movimiento futurista y el influjo de la maquinaria.

Dado su espíritu emprendedor y el afán de crecimiento artístico en el exilio le han brindado una nueva perspectiva a la expresión de sus raíces, visualmente atractivas, gracias a la armonización de sus ricas tradiciones artísticas con las vivencias en Miami que le provocan imágenes vibrantes donde confluyen la historia pictográfica rural con tendencias contemporáneas. Incorpora nuevos materiales y técnicas que contribuyen a consolidar la visión poética de imágenes vibrantes de color, que se nutren de la historia pictográfica rural para enriquecer las tendencias pictóricas contemporáneas.

Su trabajo ha sido acogido con entusiasmo por la comunidad artística en Estados Unidos, con acceso a los más exigentes circuitos del arte. Ha realizado más de 60 exposiciones en museos e instituciones a lo largo de su carrera y cuenta con numerosas muestras colectivas internacionales realizadas en América Latina y Europa, especialmente como invitado especial del Salón de Otoño, de París, en 2012. El interés que despierta su obra se hace evidente en su creciente demanda en las subastas de importantes sedes en Nueva York.

El autor ha referido con frases cómo su fecunda experiencia vivencial sintetiza su discurso estético:

Deep Line me permite experimentar la profundidad de la línea y la riqueza que está por debajo de la superficie de la piel de cada obra. Eso justifica este proyecto a nivel teórico. El suplemento verbal de una canción o una frase, me insinúa y genera una imagen, que me permite comenzar una nueva pieza.

El gran mambo es un proceso introspectivo de dos años de trabajo que habla de mi salida de Cuba, mi paso por México y mi llegada a los Estados Unidos.

No necesito decir que soy cubano… Para mí, trabajar es un proceso medicinal de equilibrio emocional y mental”.

La elegancia, su imaginación y la solución formal de su imaginario resumen la percepción poética de un relevante discurso personal.

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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