Edel Rodríguez: ¿Qué soy yo sino cubano?

/ 16 diciembre, 2014

Edel Rodríguez trae por primera vez una exposición a La Habana: Nature Boy, el mismo nombre del bote en que se fue a Miami en 1980 cuando, tras los sucesos de la Embajada de Perú, ocurrió el éxodo del Mariel.
El pasado jueves 4 de diciembre, un día antes de inaugurar Nature Boy, Edel Rodríguez tuvo un encuentro con el público cubano en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, treinta años después de haber salido de Cuba.
A través de fotografías y recuerdos íntimos, compartió por vez primera con este público lo que fue su infancia en el pueblito El Gabriel, cerca de Güira de Melena (Artemisa), en el que se alimentaron sus más tempranas influencias: los recuerdos de un padre fotógrafo local obsesionado con documentarlo todo en imágenes, la gráfica en la envoltura de los dulces que su familia traía de Miami, y la gráfica que documentaba el auge de la Revolución en la década del 70, los héroes, los líderes, y “el hombre nuevo” desfilando en las vallas al costado de las carreteras.
Nature Boy, que estará en la Sala Latinoamericana de Arte de la Casa de Las Américas hasta enero del próximo año, es una especie de sumario de sus piezas, siempre sarcásticas y todo lo estéticamente logradas que son las buenas obras de diseño. La mordacidad, el chiste y los enfoques que quieren ser poco serios, hablan de un influjo marcado del Pop Art.
“Para mí lo del Pop Art viene por la cosa gráfica. También algunas veces por la forma en que ellos hacen chistes, a partir de tomar una determinada cosa y cambiarle el significado. Eso, yo lo hago mucho”.
Edel Rodríguez, uno de los artistas cubano-americanos más exitosos, se graduó de pintura del Pratt Institute de Nueva York en 1994. Director de Arte de la revista Time, desde 1994 hasta 2008, sus ilustraciones han aparecido en los medios más influyentes del mundo entre ellos Reader´s Digest, The Wall Street Journal, National Geographic, The Washington Post, Esquire Magazine, y ha diseñado carteles para obras de Broadway, festivales de teatro, películas y más de cuarenta portadas de libros.
Cuatro de sus mejores carteles, entre los que se encuentran los realizados para las piezas teatrales As You Like It y Madama Butterfly, fueron donados por él al Museo de la Casa de las Américas.
Un par de horas después de inaugurar Nature Boy, sentado en uno de los butacones del lobby de la Casa de las Américas, en el Vedado habanero, Edel conversa junto a sus hijas y algunos familiares cercanos de Cuba y de Nueva Jersey, donde actualmente reside.

Se puede decir que como artista le ha ido bien. Muchas veces tener una obra auténtica no es garantía de éxito, y algunos buenos artistas han muerto en el anonimato, por una extraña razón. Quizás además de talento, hace falta un poco de suerte. ¿Cree en la suerte? ¿Cómo ha sucedido en su caso?
Sí. He tenido suerte, pero a veces la suerte es como la historia: es lo que va a pasar y uno no siempre tiene control sobre eso. Pero la suerte se puede crear a veces.
Tuve suerte de que mis padres decidieran mudarse a Miami y después a Nueva York, y eso me pusiera en varias situaciones que me ayudaron a conseguir trabajos y oportunidades que quizás no hubiera tenido en otro lugar. Muchas veces la suerte he sido yo mismo buscando esas oportunidades. Con mi propio esfuerzo es que he podido lograr varias cosas.

¿Cómo llega usted a exponer en Cuba?
Con el tiempo, los diseñadores de la Isla han ido conociendo mi trabajo a través de Internet, sobre todo, y hace un año me invitó una curadora del Museo de la Casa de las Américas, para tener esta exposición.

La polémica de si el diseño es arte ya tiene sus años. ¿Por qué es arte lo que usted hace?
Para mí el arte es comunicación. Todo lo que yo hago es para comunicarme con el público. Por eso es arte: porque se comunica con la gente.

¿Usted es propenso a seguir las maneras más contemporáneas de diseñar, o sencillamente trabaja sin importarle cómo lo están haciendo los artistas del momento?
Yo siempre trabajo desde adentro de mí. Desde mis propias ideas. Pero me encanta el arte y siempre estoy dando vueltas y mirando. Visitando las galerías, los museos, los shows que se presentan. De alguna manera todo eso se mezcla en la cabeza y se manifiesta cuando uno hace algo.

¿Ha ido a ver arte en esta visita a La Habana?
Este año visité por primera vez el Museo de Bellas Artes. Aunque muchas de las piezas ya las había visto en imprenta, me gustó apreciarlas en persona. Específicamente me atrajo el arte cubano contemporáneo del Museo, el arte de hace veinte o treinta años.

¿Reconoce en sus trabajos alguna influencia del arte de la Isla?
Mi influencia de Cuba y de La Habana viene de la gente, del país, del paisaje, del invento, de la forma de ser de los cubanos. No necesariamente de las obras de arte de aquí.

Usted explicaba en su encuentro con el público que ya lo identificaban como el ilustrador de temáticas como lo afroamericano, lo latino, la emigración, y que eso lo agotaba un poco. ¿De qué quiere ser el ilustrador, además?
A mí me gusta hacer eso, pero no es lo único que quiero hacer. Quiero hacer otras cosas. Quiero hacerlo todo: esculturas, carteles para aviones, lo que sea. El artista siempre quiere hacer un poco de todo. No que lo encasillen en una esquina. Y eso es lo que me sucede.

¿Le interesa determinar corrientes, tendencias artísticas en su trabajo? ¿Usted piensa en esas cosas al crear?
No es que eso no tenga ninguna importancia para mí. Solo que creo que es trabajo para los curadores, para los escritores. Para mí, lo que debe hacer el artista es crear lo que le sale o lo que piensa en ese momento.
Ya cuando uno está pensando en el grupo al que pertenece lo que hace, eso comienza a cortar la imaginación, porque te pones a pensar que eres de un movimiento artístico o de una etapa determinada, y entonces piensas que eso es lo que debes hacer.
Entonces el arte comienza a ser repetitivo. No haces cosas nuevas, porque siempre haces lo que crees que puedes o debes hacer. Yo no soy así. Yo hago lo que quiero. Para eso soy artista. Para tener libertad y hacer lo que quiera.

¿Cómo encaja este concepto de libertad en el sistema de trabajos por encargo que es algo que el diseñador hace mucho, sobre todo en el contexto del mercado capitalista?
Yo proyecto mi forma de ser, que es libre y que también muestra más o menos lo que va a pasar en la obra, en el caso de un cartel para una obra de teatro, por ejemplo.
A mí no me llaman para hacer una pintura realista. Me llaman para poner ideas, para crear algo nuevo.

¿De dónde viene todo el sarcasmo y el humor en su trabajo?
Para mí la forma sarcástica, el chiste, la manera no tan seria de tratar algo, es la forma en que soy, la forma en que dibujo. Así son las ideas que me entran. Y de alguna manera creo que eso me sale de ser cubano. Los cubanos “joden”.

Pero usted se fue de aquí a los 9 años. ¿Se identifica tan fuertemente con “lo cubano”?
¿Qué soy yo sino cubano? Yo tengo pasaporte cubano. Solo que vivo en otro país. Si un indio viene a vivir a Cuba sigue siendo indio, y si un chino viene a vivir a Cuba sigue siendo chino.
Yo me crié en Miami, viviendo con mis padres, comiendo arroz con frijoles y bailando salsa los fines de semana.

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