Donde el hombre muere y renace

Los rituales de Alejandro Có

/ 17 julio, 2018

Necesitamos mapas hoy más que nunca en nuestra historia. Situarnos en el incierto territorio de relaciones, prácticas e imágenes que la contemporaneidad ha potenciado como Zeitgeist, es una urgencia dominante en el ser, concerniente tanto a lo cotidiano como a lo trascendente. Alejandro Có, novísimo artista cubano, ha jugado con este campo de los sentidos para convocar a un ritual público de autodescubrimiento. Culto a la ceniza, instalación que ha presentado en La Pared Negra de Fábrica de Arte se apropia de las lógicas funcionales del mapa y modela una imagen donde las esencias de lo humano se traducen en el doble rasero de la inocencia y de la incertidumbre.

La pieza consiste en una meticulosa instalación sobre la pared en la que un amplio conjunto de primeras planas de diferentes periódicos y algunas imágenes, quedan entretejidos por finas líneas rojas en un solo cuerpo, de configuración esencialmente abstracta. Sobre el suelo, como epitafio, una especie de tarja de mármol porta en broncíneas letras el texto Culto a la Ceniza. La obra destaca, en primer lugar, por participar de una visualidad aséptica, acorde con algunas de las tendencias hoy en boga en el arte contemporáneo cubano. Sin embargo, no es la autosuficiencia estética y objetual lo ponderable en esta instalación, sino su efecto sugestivo: el espectador se acerca a la obra de manera casi ceremonial -reacción anticipada que la naturaleza formal de la pieza impone- y se pierde en un entresijo de hechos, fragmentos, mitos, relatos, recuerdos, hallazgos y mentiras; como por arte de magia se transforma en espectador de una taciturna apocalipsis. La instalación genera un espacio silencioso cuya hondura asciende a lo litúrgico. La interacción es potente y siempre diferente. Cada espectador se construye una historia propia, en relación a sus experiencias personales, gustos, y sabiduría.

Culto a la Ceniza participa conceptualmente, de una dualidad. Es cebo, y es espejo. Luego de la primera atracción, el espectador lee una historia conformada por hechos en cierta medida distantes de su responsabilidad personal. Acontece ante sus ojos el mal, el bien, la omnipotencia, la conmiseración, la locura y el escarnio, la mediocridad y la destreza, la gloria y la grandeza, el infortunio y el dolor. Se activa casi de manera inmediata el principio fundamental de la catarsis: en un primer momento se padece la expiación de todo pecado. Pero no tarda en emerger, sobrecogedora, la certeza de que todos estos acontecimientos proceden de lo humano y no de lo divino, de lo propio y no de lo ajeno. Y así nuestro reflejo, siempre diferente en lo personal, coadyuvante en lo genérico, se manifiesta.

Se percibe cierta influencia del trabajo realizado en colaboración por Alex Hernández y Ariamna Contino alrededor de esa tesis artística, devenida en manifiesto personal para ellos, que Militancia Estética soporta. El uso de la información como evidencia del desarrollo histórico del hombre, la inminencia de lo abstracto al interior de una estética deudora del minimalismo y el empleo de lo instalativo con total conocimiento de su ductilidad a nivel tecnológico, son algunos elementos finamente re-elaborados por Alejandro a través de su propuesta. Emplear influencias en edades creativas tan tempranas es totalmente válido, siempre que se asuman con plena conciencia y se devuelvan en feliz energía.

Este joven, graduado de la Academia Nacional de Bellas Artes “San Alejandro”, explora, aún incipientemente, las posibilidades expresivas del grabado. Ello le ha permitido además, examinar otros soportes, incursionar en la instalación y plantear un discurso titubeante aún entre la materialidad y la intangibilidad del objeto artístico. Llama la atención que, con una educación fundamentalmente técnica, haga uso de una metodología de pensamiento artístico en esencia pro-conceptualista. A ello ha contribuido no solo su formación individual, sino también el apoyo educativo que desde la Academia, profesores como Ariamna Contino y Adriana Arronte le brindan desde hace algunos años ya a nuestro más jóvenes artífices. Alejandro Có se halla sutilmente interesado en aprovechar al máximo los términos del proceso creativo que cada obra pensada plantea, las especificidades de cada soporte, así como las mieles de los lenguajes artísticos. Quizás ello se corresponda con la temprana etapa en la que su obra se encuentra, enfocada en indagaciones de todo orden.

Culto a la Ceniza, su más reciente entrega, guarda un estrecho vínculo con la tragedia griega: ambas tienen como motivo fundamental de sus estructuras, el socavo de toda épica o mito relativo a la superioridad del hombre. Con el empleo de este recurso Alejandro asegura las bases de un nuevo discurso sobre la heroicidad, matizado por algún que otro sobre-tono nietzscheano. En todo ello subyace una gestualidad, que el artista ha logrado capitanear satisfactoriamente, consistente en hacer de la obra de arte el motivo de una interacción puramente intelectual. Esto le convierte en propietario de un discurso distintivo aún pendiente de explotación.

Luis Enrique Padrón Pérez

Luis Enrique Padrón Pérez

(Matanzas, 1992). Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana (2016). Premio Nacional de Crítica Guy Pérez Cisneros 2017. Subdirector Comercial de Galería Villa Manuela.

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