Disgeusia

/ 7 noviembre, 2016

Es la experiencia del arte, diluida entre lo circunstancial y perento­rio, una manera de entender la realidad; esa que se tuerce, se mezcla y se torna cada día más porosa. La invención, como diría Mary W. Shelley en su Frankenstein «no consiste en crear de la nada, sino del caos» y hoy, hay que admitirlo, las nuevas formas artísticas denotan alteraciones, pues se han viciado de todo y cuanto han podido absorber de su entorno caótico.

Por un lado, hay alteraciones evidentes en la propia selección del material, asidero semántico para múltiples lecturas. Éste ya no se expresa en un único camino, sino que ha bifurcado sus posibles discursos. Por otro, están los temas y las formas que adquieren para hablar de esas constantes imposibles de eludir; más aún, de aquellos cambios radicales en la apreciación de un asunto, haciendo que este se perciba con un “gusto” diferente. En ese sentido Sabor Metálico, exposición que reúne a catorce creadores cubanos, se apropia de las metarrelaciones de aproximación entre el lenguaje artístico y otros saberes (la medicina) para identificar síntomas, patologías visibles dentro de las artes visuales cubanas contemporáneas.

La muestra explora signos o manifestaciones artísticas obje­tivas y los relaciona a síntomas o percepciones subjetivas, empleados por un con­junto de creadores para dialogar sobre su tiempo. Algunas piezas recorren los senderos más literales de la frase, al reflejar ese existir precario del ser humano aun expuesto a las trampas del poder, al belicismo o al militarismo que persiste en la sociedad actual. El metal como metáfora, asociado a ideologías que llevan a la asfixia, con tal de perpetuar un poder económico y/o político. Visto, además, como material maleable, despojado de su ruda aparien­cia a partir de nuevas morfologías; o como componente de objetos ex­tra-artísticos que han transformado su utilidad en nuevos significados. También apela a la monarquía imaginativa, esa que habla desde una línea menos evidente, donde se repara de forma más lírica en sus posibilidades sensoriales (en este caso, el sabor metálico asociado a la sangre). Esta última vertiente explora las nociones del dolor, el sometimiento y la violencia. El sujeto y el espacio (metafóricos) como protagonistas de situaciones, conflictos; propuestas que van de lo personal a lo universal, de lo pragmático a lo subjetivo

Sabor Metálico advierte la necesidad de decir de una sociedad que tiende al cambio constante. Quiere hacer visibles sus sínto­mas, ofreciendo su latencia desde imágenes o experiencias estéticas. El arte, como organismo vivo, ha sido capaz de detectar y acompañar situaciones, fenóme­nos de toda índole. En ocasiones devela lo sublime. En otras, su verdad es cruda como un espejo.

 

 

 

 

Loliett Marrero Delachaux

Loliett Marrero Delachaux

La Habana, 1990. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Desde 2013 labora como especialista en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Ha publicado artículos sobre arte cubano y latinoamericano en las revistas Arteamérica, El Caimán Barbudo, Extramuros y el Boletín Ojeada que emite el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam.

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