Diamantes en bruto

O aire caliente para un globo

/ 23 abril, 2018

Ha inaugurado Galería Continua una exhibición colectiva el pasado sábado 7 de abril. El título seleccionado ha sido Diamante en Bruto y los artistas que se han congregado para participar de este evento poseen interesantes propuestas creativas y un notable prestigio promocional: Iván y Yoan Capote, Arlés del Río, Osvaldo González, Luis E. López-Chávez, José Manuel Mesías, Reynier Leyva Novo y Susana Pilar Delahante. Cuando nos vemos frente a una propuesta como esta, protagonizada por artistas jóvenes y presentada por una galería extranjera que ocupa ahora en La Habana la posición de cabecera en labores de promoción cultural, uno puede suponer que, a pesar de que tras el título existe una idea noble, se nos está presentando el resultado final de un proceso de selección llevado a cabo por la galería para determinar el grupo de artistas emergentes o noveles con el que pretende trabajar en un futuro no muy lejano. En otras palabras, tras Diamante en bruto puede o no existir un proceso de captación y legitimación, conformador de nóminas.

En el texto que acompaña a la muestra se ha explicado que el término que le da título a la misma ha sido empleado para hacer referencia a aquellos sujetos de sensibilidad excepcional –los artistas según este caso- que pueden asumir hechos y objetos cotidianos aparentemente insustanciales cual piedras preciosas del conocimiento humano o de la poesía. Todo ello supone una suerte de ontogénesis de la creación artística contemporánea, o algo así. A pesar de la contundencia de esta idea, es imposible evitar el mal sabor que deja el tono de prepotencia de tamaña afirmación: los artistas presentados, que responden a un criterio de selección determinado, son piezas de valor incalculable que aún no han alcanzado su más alto grado de pureza, y con este fin será depositadas en ellos “la intuición, el trabajo, y la cultura”.

Todo esto más allá de provocar reflexiones sobre conceptos como arte, valor o potencial, ofrece una clara perspectiva de los riesgos que entraña para los artistas cubanos el trabajo con galerías extranjeras. Una institución de esta naturaleza, independientemente de su origen, su alcance y sus intereses específicos, está en el deber de proteger, legitimar y promocionar comercialmente la obra de los artistas que se dejan representar por ellos. Pero del dicho al hecho, como dicen popularmente, va un trecho, y en vez de protección una galería puede, manejar el contenido, incluso la forma en la obra de un determinado artista y conducirlo a su deformación, saturación, incluso a su desaparición. Bien es cierto que cuando hablamos de galerías casi siempre estamos hablando de temas comerciales, pero, ¿acaso los intereses comerciales no son influyentes en el desarrollo de discursos y visualidades? ¿Los valores comerciales de una obra de arte no se sustentan en la cuantía de sus enunciados? Esta exhibición al final, ilustra cuan complicado puede resultar el fenómeno mencionado.

Antes de analizar una selección de las obras presentadas en Diamantes en bruto es necesario marcar una pauta: la crítica de arte no está encargada de censurar los impulsos creativos o los intereses de los creadores, pero le concierne tratar cualidades y calidades, determinar, siempre bajo cierto y determinado criterio, el del sujeto que escribe, lo que es válido y lo que no lo es. Solo resta añadir: Hablemos de lo que merece ser hablado, no más.

El primer ejemplo que tomaré en cuenta es la obra de José Manuel Mesías, artista en quien confío, pues tiene talento, ética de la creación y un alto sentido de su deber ser. Su obra transpira todo esto. Pero la pieza que presentara en esta ocasión, más que un salto en el discurso del artista, supone una desnaturalización.

Si analizamos su obra hasta estos momentos podemos verificar la existencia de dos grandes conjuntos, la pintura y el trabajo con objetos encontrados. En realidad, ambos suponen un único vínculo, resultado de la comunión de sus intereses poéticos: el hallazgo, no de objetos que pueden ser encontrados, sino de episodios que merecen ser conservados. A la hora de narrar y construir emplea dos figuras retóricas fundamentalmente: una postura devota de lo digno, asentada en el gusto por la estética trasch; y un misticismo cuasi ceremonial, vinculado no al artificio, sino a lo natural, a lo orgánico, a lo involuntario y emancipador.  Construye imágenes parsimoniosas, remitentes a un universo de sentidos donde lo sucio, lo inútil, tratado en cuerpos siempre sedentes, es signo de redención. Y Mesías las trata con una espontaneidad brutal, tendente a una suerte de salvajismo, que al final siempre resulta enternecedor. Gracias a la aptitud de toda esta estructura conceptual ante sus obras suponemos una multitud de presencias espectrales.

Recuerdo el trozo de madera llena de garabatos que presentara en 2015 en Loft Habana para el proyecto Ram Rom Run. Ese fragmento de mancillada realidad funcionó como altar en medio de un espacio semipúblico. O su más reciente presentación, a propósito del 120 Aniversario de la Migración Japonesa en la muestra colectiva convocada por el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam: los objetos seleccionados e instalados en sala por el artista saltan a la vista por su fuerte carácter evocativo y juntos componen un detritus virtual de sensaciones, en calidad de historias sin emancipar. Pero con La Demencia de la Costurera contempla el artista una artificiosidad que, además de innecesaria, le es impropia. El objeto encontrado se convierte en entidad mecánica y, por ende, sufre de marasmo.

Luis Enrique López-Chávez presenta una historia que falta todavía por construir, cuyo pronunciamiento se presiente levemente forzado a propósito de la muestra y la idea que propone. Gran formato; con tonos sobrios emplazados en busca de un contraste visual mínimo; una pincelada neutra, alusiva a la gráfica, a la impresión digital, en fin; una imagen que se pretende espectral, es empleada para acudir a un relato probable. Pero ello no aporta nada más. Este chino tiene madera, no hay dudas de eso, pero acude a esta convocatoria con un boceto conceptual para una pieza. Douglas Argüelles, que asumió la preponderancia del blanco como manifiesto de su aparente posición social como artista plástico en 2015 –un artista del hambre- nos hablaba del racionalismo, y como cadena de significados enlazados, de la razón, de la lógica occidental, del blanco como abyección, como crudeza e improbabilidad. Pero Douglas Argüelles está comenzando a decirnos algo justo cuando ha terminado. Claramente la responsabilidad no es solo suya.

Arlés del Río dentro de la muestra cumple la función de centro de atención. Este artista, ya lo hemos comprobado, es un buen interlocutor de la cultura popular y de los intereses colectivos. Y su Falso Pregón es otro de sus ejercicios en esta senda de pensamiento. De manera general, es una pieza efectiva, aunque no rebasa la condición de sátira. Su pieza raya, no lo absurdo, sino, lo ridículo. Y de esta manera cumple su cometido, puesto que convierte temas como mercado de arte, oferta cultural, alta cultura, cultura popular e institucionalidad en material para un choteo excesivo, que destaca el divorcio existente entre el arte, la cultura artística y, no ya la vida cotidiana, sino, las aspiraciones de las grandes masas. Esta obra nos dice: la alianza del arte con la vida común es un proyecto frustrado porque el arte es superior a la vida, y supone una élite social, económica y cultural para su mantenimiento. El arte no es asunto de tamaleros, galleteros o heladeros ambulantes, ni lleva pregones, ni una matemática de bodega; el arte es cosa seria, muchachos.

Yoan Capote sobresale, como casi siempre, porque es un artista probado en disímiles contextos, lo que me hace pensar que no se corresponde a esta selección. Su trabajo con los mares de anzuelo ha saturado al público, al parecer. Pero cada vez que presenta una obra de este tipo lo hace para enriquecer su discurso al respecto. Muro de Mar es, sencillamente, excelente. La presencia del mar se ha convertido en el discurso del artista en memorándum de dolor y desesperación; historia de sacrificio, de expiación voluntaria de pesares compartidos; del bregar por la huida que potencia todo escarceo con el horizonte. Desierto de licuada consistencia, plenitud incierta: las herramientas de nuestro martirio. Todo esto queda expresado en las Islas, paradójicas marinas, que Capote construye cual desérticos parajes. El mar, por efecto de su tratamiento plástico, es estigma de un peregrinaje eternamente en suspense. El concreto y la armazón metálica al descubierto le otorgan a la imagen una dimensión brutal, y al discurso, una expresión contundente.

Por otra parte, destaca la performance que realizara el día de la inauguración Reynier Leyva Novo. Sin interés en robarse el show, mientras la inauguración ocurría el artista condujo a un grupo de sujetos débiles visuales por las salas de la exhibición con el fin de explicarles la exposición presentada obra por obra. Él se armó de un sistema propio para lograr describir lo que aparentemente solo a través de los ojos es posible aprehender. Con un gesto tan cálido y a la vez, tan lascivo, afectaba contenidos correspondientes al arte y su historia. De igual forma, coqueteaba con una variable que al parecer temen los artistas cubanos contemporáneos, el trabajo con la gente común.

La curaduría, la promoción y el mercado de arte en Cuba al parecer están llamados a crear arte. Recuérdese que la función real de estas especialidades es investigar sobre la creación artística cultural, e incentivar a su consumo de las maneras más adecuadas, y no afectar discursos, sembrando lirismos superfluos y postizos. Cuidado, amigos, con las buenas intenciones que el infierno está lleno de ellas.

Todos y cada uno de los artistas presentados en esta muestra poseen oficio, discurso, y promoción dentro y fuera de Cuba, agenciada en la mayoría de los casos por impulsos, esfuerzos y astucias propias. Basta con googlearlos para constatar esto. En resumidas cuentas, ninguno de ellos aplica para hablar de Diamantes en bruto. Ninguno de ellos ha sido descubierto recientemente. Ninguno de ellos ha esperado a ser conquistado. En una sociedad como la nuestra, donde ser artista está lejos de ser considerado un estigma; donde los artistas crecen como la mala hierba; ofrecer una selección tan limitada respecto a una intención como la que con esta muestra se nos expresa es casi un chiste de mal gusto. Pero digamos que la selección ya se ha hecho: la obra que se cuelgue bajo un rótulo tan jactancioso debe ser estrepitosa, inquebrantable y aplastante. La curaduría debe investigar, seleccionar y gestionar antes de dictaminar. Hagamos las cosas con cautela para que los protagonistas de la historia del presente artístico cubano no tengan al final que pagar las consecuencias.

Luis Enrique Padrón Pérez

Luis Enrique Padrón Pérez

(Matanzas, 1992). Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana (2016). Premio Nacional de Crítica Guy Pérez Cisneros 2017. Subdirector Comercial de Galería Villa Manuela.

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