De lo erótico y lo sintético

A propósito de Garage 33:08

/ 8 noviembre, 2016

El panorama artístico contemporáneo cubano se ha sumergido en una vorágine creativa donde la confluencia de manifestaciones, géneros y estilos se torna cada vez más visible. Resulta imposible definir qué tendencia se encuentra dominando el circuito expositivo nacional debido a que, si bien durante las últimas décadas ha existido una explosión de instalaciones, performances, video art, arte digital, etc. la pintura como medio de expresión no se queda atrás. Todo lo contrario, nuestra generación es testigo de cómo jóvenes creadores continúan defendiéndola a través de novedosas propuestas discursivas que, lejos de rememorar épocas pasadas, se integran en el acontecer pictórico actual. A la par, el fenómeno estudio taller cobra cada vez más fuerza en nuestro país. La presencia de estos espacios no solo ha fomentado la proliferación de exhibiciones sino que además, gracias al trabajo de jóvenes artistas y curadores, ha dado un giro de 180 grados al circuito artístico y al concepto mismo de exposición.

Así lo demostraron Lancelot Alonso, Richard Somonte y Maikel Sotomayor en la muestra colectiva Garage 33:08 inaugurada el 23 de septiembre en un estudio taller emplazado en la calle 36 No. 3308, Playa que por primera vez abre sus puertas, naciendo así, otro espacio alternativo para la exhibición de arte contemporáneo. La exposición, curada por el novísimo crítico Jorge Peré, tiene como hilo conductor la pintura y las posibilidades estético-conceptuales que brinda el color exuberante. Por supuesto, la alianza entre estos tres artistas no es fortuita, ellos formaron parte del taller Las Nuevas Fieras realizado por Rocío García y por tanto, el empleo del color como forma de expresión suprema se hace ostensible en cada una de sus obras.

Aunados por esta especie de neoexpresionismo o neofauvismo, si pudiera decirse, muestran una serie de piezas que, apoyadas por la disposición que tienen en el espacio, conducen al espectador por un discurso que parte de lo corpóreo hasta llegar a la síntesis de lo paisajístico. En primera instancia, llama la atención la obra Guardianes de un sueño eterno (2015) de Lancelot Alonso. La escena representada alude a la muerte como una más de las perversiones de la psiquis humana y sitúa al espectador en una postura donde el observar se torna un placer retorcido. El erotismo ha sido un elemento común en la obra de este artista, quien en diversas ocasiones ha mostrado los más intrínsecos deseos que acompañan a sujetos desfigurados, mutilados y antropo-zoomorfos. Su retórica se convierte prácticamente en una lectura freudiana sobre la vida, donde la sexualidad y el morbo perviven en la psicología humana. Sin embargo, esta vez saca a la luz lienzos de una nueva serie guiada por la postura que adopta el sujeto enamorado. Es así que Claro de luna (2016) se percibe más desenfadada que la pieza anterior; la ternura, el amor pueril y la masculinidad que ha sido domada por la candidez del sujeto femenino son algunas de las sensaciones emanadas por la obra; lo que demuestra una vez más la versatilidad del creador contemporáneo cubano.

Por otra parte Richard Somonte interrelaciona movimientos y tendencias de la historia del arte con un discurso nuevamente erótico y mordaz. En la pieza Granito de Azúcar (2015) La maniera académica de representar la figura humana resulta transmutada al adherirse al retrato cuerpos que insinúan genitales masculinos en una suerte de evocación a lo visceral y lo carnal. Resalta la obra Tentación (2015) donde el guiño sexual resulta aún más explícito. La belleza del paisaje expresionista y la frondosidad del framboyán contrastan con la rudeza y, por qué no, con la violencia de la acción representada; convirtiendo la obra en una especie de híbrido estético-conceptual donde existe cabida para el disfrute perceptivo en todas sus aristas.

Finalmente, Maikel Sotomayor, quien pudiera decirse ha hecho del paisaje el núcleo de su creación, defiende las ganancias visuales y discursivas del género al representar escenarios donde la síntesis actúa como generadora de significados. Recostado al Horcón (2016) a priori propone un paisaje campestre cubano; sin embargo, cómo queda resuelto el espacio a partir dos áreas de color verde y azul que dividen la tierra y el cielo, y las escasas líneas que definen el resto de elementos, hacen de la pieza una muestra genuina de un paisaje simplificado. El artista prescinde del detalle y de elementos descriptivos; la escena queda sujeta a la expresión pura de un cromatismo que habla por sí solo. Que le digo a la luna (2016) refuerza esta idea al ser una obra en la que además, el universo subjetivo y simbólico se entremezcla con lo anecdótico. De naturaleza prácticamente abstracta, la obra funciona como una síntesis de nocturnidad, de la soledad humana frente a la inmensidad astral, de interconexión casi esotérica entre lo intrínseco y lo intangible. De esta forma, se inserta Garage 33:08 en el circuito expositivo citadino, exhibiendo la creación más novedosa de aristas que no sobrepasan los 30 años de edad y demostrando que la pintura aún vive y se manifiesta en todo su esplendor.

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