Cuatro días en La Habana

/ 22 diciembre, 2014

La música siente lo infinito en el aire; la pintura, en la tierra
Rabindranath Tagore

Para los transeúntes habituales de la céntrica Rampa habanera, esos que siempre esperan encontrar alguna opción cultural en el Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, la mañana del día 18 no fue como otra cualquiera. A diferencia de otros días, no hubo que esperar hasta iniciada la tarde para acceder a un buen café o para disfrutar de alguna propuesta musical joven. Y es que ese día comenzaban a escucharse los primeros acordes de la 30 edición del Festival Internacional Jazz Plaza y, como parte de su programa, se inauguraron desde bien temprano en la mañana diversas actividades que celebraban la unión de la música con las artes visuales.
Así llegó a La Habana la familia Lescay y con ellos, el proyecto expositivo Somos. Según sus creadores, quienes ya habían realizado despliegues semejantes en Holguín, durante las XX Romerías de Mayo, y en Santiago de Cuba, durante la 34 edición de la Festival del Caribe, esta idea surgió para acercarnos más espiritual y profesionalmente. Desde su propia concepción, la propuesta ha abogado por el trabajo conjunto, la colaboración amistosa y la apertura al intercambio como forma de creación. Por ello, y casi a modo de statement, ha expresado Alberto Lescay Merencio (Santiago de Cuba, 1950) en el plegable que acompaña a la muestra: Solos no seríamos nada, seríamos débiles. Somos es una invitación a unirnos espiritual y profesionalmente, para hacer cosas en la vida.
Desde las primeras horas de la apertura de la exposición y durante los días que estuvo expuesta al público, diversos artistas se dieron cita en la entrada del recinto de la calle 23 para dejar su huella en un enorme lienzo blanco. Este, por la locación y sus dimensiones, rememoraba aquel de julio de 1967, cuando el Salón de Mayo de París se trasladó a La Habana. Si bien en esta ocasión la convocatoria no vino de tan lejos, bastó la invitación para que desfilaran por sus secciones los pinceles de Roberto Diago, Michel Mirabal, Alicia Leal, Juan Moreira, Tomás Lara, Nelson Domínguez, Eduardo Roca (CHOCO), Julia Valdés, Diana Balboa, José Omar Torres, Kamil Bullaudy y el propio Alberto Lescay, entre otros muchos que se sumaron posteriormente.
Entre las propuestas musicales que descollaron por su calidad, alternaron las voces de Zule Guerra y las interpretaciones de Albertico Lescay con el grupo Formas. Ambas fueron muy bien recibidas por el publico que sigue el Jazz en cada cita anual, así como aquellos que ávidos de buena música, se acercaban ante tan melodiosa invitación. A estas presentaciones se sumaron las performances del grupo Ojos, un colectivo santiaguero de estatuas vivientes dirigido por el actor Alcides González Díaz, y las creaciones pictóricas de Alberto Lescay, Bobby Carcassés y Alejandro Lescay Hierrezuelo. De esta manera, cubría el proyecto Somos toda la superficie del Pabellón Cuba invitando a los espectadores a no abandonar la instalación durante algunas horas.
Como interesante complemento de esta megaexposición, sucedió la presentación del libro Agenda de notas. 1863 días en la URSS, cuaderno de apuntes del artista Alberto Lescay Merencio sobre su estancia en la Academia Repin. Y marco este momento a propósito de la exposición Dibujos académicos, la cual podía disfrutarse como parte de la propuesta. Indiscutiblemente este texto aporta para los espectadores valiosos datos para comprender mejor la etapa estudiantil de este artista y el origen, así como las motivaciones, de los dibujos aquí presentados.
Y si bien desde la entrada principal del recinto expositivo se sentía la colaboración y la convivencia de materiales, soportes y personalidades creativas, pues junto al enorme mural se erigían algunas esculturas, fue realmente en el túnel y el patio central donde este maridaje llegó a su punto culminante. En el primer espacio convivieron piezas de mediano y pequeño formato del multi-instrumentista y artista Bobby Carcassés con las abstracciones de Lescay, las cuales se contraponían a la académica presentación que le precedía, proveniente de sus años de alejada juventud. Pero fue en el segundo espacio expositivo donde esta presentación alcanzó su máximo esplendor. Aquí podían ser apreciados sus grandes lienzos abstractos con las creaciones segmentadas de Alejandro Lescay, su hijo.
Si bien Lescay es conocido por muchos por su impronta en la escultura de gran formato, emplazada en disímiles espacios públicos de la geografía nacional, la abstracción es para él un sistema de trabajo que lo conduce a muchos caminos. Vista sobre todo como una posibilidad de fuga ante lo reconocible. Pues línea, forma, color, no son más que maneras de mostrar el espíritu que anima sus creaciones de manera fresca y sincera. Por ello, junto a los lienzos abstractos, aparecen imágenes impresas en grandes lonas de las esculturas que han salido de sus manos.
Y algo de esto ha trascendido más allá de lo simbólico, pues su hijo Alejandro lleva consigo estas enseñanzas como preceptos aprehendidos. Si bien no le parece necesario definirse como pintor abstracto o simbólico, sí reconoce que se considera pintor. Sobre todo por el respeto que le profesa a las otras formas de expresión, como la fotografía o el grabado. Aun así, según reconoce, nunca ha pintado un cuadro puramente abstracto o figurativo en su totalidad, pues esta dicotomía es algo que define su propia existencia. Y aunque sabe que para muchos son dos lenguajes contrapuestos, para él su poética consiste en recrear el eterno conflicto de los amantes, la imposibilidad de la existencia de uno sin el otro.
Así se sucedieron cuatro días en La Habana, entre notas musicales y trazos pictóricos. Momentos que, junto al resto de las actividades programadas como parte del 30 Festival Internacional Jazz Plaza, movilizaron la dinámica de la sede de los jóvenes escritores y artistas y sus visitantes. Para quienes no pudieron acudir, todavía existe la posibilidad; pues la muestra expositiva se mantendrá hasta el 15 de enero del próximo año en los horarios habituales de esta sede. La familia Lescay quizás abandone el recinto, pero la invitación a compartir ha quedado hecha.

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