Confluencias en la vieja Habana

El arte y la cultura después del deshielo.

/ 25 marzo, 2016

“…Hace mucho calor en la vieja Habana
la gente espera algo, pero aquí no pasa nada.
Un tipo gritó: ¡sálvese quien pueda!
Cada día que pasa sube más la marea.
Felipito se fue a los Estados Unidos,
allí pasa frío y aquí estaba aburrido,
en la mesa de domingo hay dos sillas vacías,
están a 90 millas de la mía.
Pero entiéndelo brother
tómalo como quieras
la política no cabe en la azucarera…”[1]

 

El escepticismo y la nostalgia de frases tarareadas cientos de veces por mi generación parecen ahora cosa del pasado. Sí, todavía hace mucho calor en la vieja Habana, pero los síntomas del deshielo avizoran el comienzo de un nuevo momento histórico. Mi generación, esa que no conoció de los rencores, aciertos y desaciertos, sino por el peso de la letra impresa, o el acalorado debate de sus ancestros, hoy- sin ánimos de ser absolutos- se viste con aires de optimismo.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos constituye un verdadero acontecimiento histórico que ha sido impulsado por toda una serie de transformaciones en el campo político y sociocultural. Transformaciones, dentro de las que se destaca, el acercamiento bien particular de las nuevas generaciones que conforma la comunidad cubana en los Estados Unidos. Estas nuevas voces que heredaron el peso de la culpa, la resaca, el ramalazo de la herida abierta, que poco entienden de guerra fría o distanciamientos, pero sí de diálogos y puentes, de abiertas concesiones y confesiones, se han convertido en un punto clave para el enriquecimiento de las relaciones entre ambos países.

Los cambios acaecidos a partir de Diciembre del 2014, han irradiado cierta luz sobre diferentes esferas, y digo cierta, pues resulta objetivamente imposible saldar en unos pocos meses los sinsabores de un conflicto que ha durado más de medio siglo. El arte y la cultura siempre han gozado de una relativa inmunidad cuando de conflictos políticos se trata. Ellos han fungido como puente entre las dos orillas, como salvoconducto o respaldo entre los de aquí y los de allá; como excusa perenne para no cortar ese cordón umbilical que nos oxigena brindándonos la posibilidad del intercambio.

El acercamiento diplomático entre ambos países ha afianzado aún más ese nexo en el ámbito cultural. Hecho que hemos evidenciado en las más diversas dimensiones, desde la colaboración institucional hasta el intercambio desde la iniciativa individual. Basta recordar el histórico intercambio entre el Museo Nacional de Bellas Artes, de la Habana y The Bronx Museum of the Arts, de Nueva York, o el sinnúmero de especialistas norteamericanos que arribaron a propósito de la más reciente Bienal, encuentro que en su mayoría resultó en la creación de los más disímiles y atrevidos proyectos y exposiciones. Pero el flujo ocurre en ambos sentidos, evidenciando un aumento importante de exhibiciones de artistas cubanos en los Estados Unidos, especialmente en el área de la Florida, Nueva York y Chicago.

La creación del Círculo de Intelectuales y Artistas Iberoamericanos[2], en la ciudad de Miami, por ambos gobiernos; o la puesta en escena de proyectos como CUBAAHORA: the next generation [3], son evidencia de los cambios acontecidos.

Nuestra ínsula, nuestra pequeña ínsula siempre ha generado una especie de atracción inevitable. La particularidad de nuestra condición histórica, esa suerte de enigma que habita en la idea de una isla detenida en el tiempo, nos otorga un aliento singular ante los ojos del mundo. En este sentido siempre ha existido una sed insaciable por el arte y la cultura cubana que se ha intensificado a raíz de la apertura entre ambos países. La mercancía arte que presenta tanto un valor simbólico como de mercado, necesita necesariamente del primero para poder justificar el segundo, de ahí el tan aclamado boom del arte insular .Ese nuevo boom del mercado del arte cubano, propiciado por la posibilidad de la compra y venta de obras que antes estaban vedadas a coleccionistas extranjeros, la idea de representar a los más jóvenes de nuestra producción visual y de tener una participación activa dentro del escenario cubano, se hizo posible para muchos. Aquello que parecía un sueño, que caía siempre en los derroteros de lo improbable comenzó, a materializarse paulatinamente.

Los cambios en el ámbito cultural han dejado huella también desde el punto de vista académico. Las colaboraciones e intercambios establecidos por universidades como University of South Florida (USF), Cornell y Harvard, han permitido la apertura de nuevos horizontes. Algunas de ellas ya con sedes y oficinas en la capital, otras con propuestas de extender sus planes académicos a través de proyectos que alimenten los intereses de ambas partes desde el punto de vista educativo y cultural.

Lo cierto es que esa inmovilidad que se le atribuía a la vieja Habana se diluye paulatinamente. Nuevos aires parecen asomar desde el aclamado Diciembre. Años atrás la posibilidad de que un presidente norteamericano pisara suelo cubano entraba en el universo de lo surreal; hoy ya es historia. Dos pueblos que tienen mucho más en común de lo que reluce a simple vista, dos caminos entrecruzados por la historia pugnan en nombre de la libertad y la democracia. Hasta ahora los vientos han sido favorables, pero mucho queda por hacer, consciente estamos de que el Arte y la Cultura no serán suficientes.

[1] Varela, Carlos. “La política no cabe en la azucarera.” Como los peces. Graffiti Music Group Ltd. 1995.

[2] El Círculo de Intelectuales y artistas Iberoamericanos fue fundado en la ciudad de Miami, por ambos gobiernos, con el objetivo de facilitar proyectos que estimulen las relaciones culturales entre Cuba y Estados Unidos.

[3] Iniciativa del Centro Cultural Español de Miami con la colaboración de las Embajadas de España en La Habana y Washington que tenía como objetivo presentar , en suelo americano, una muestra del escenario artístico cubano. Con propuestas que iban desde el cine y el teatro hasta la música y las artes plásticas.

 

Ariadna Rivero

Ariadna Rivero

La Habana, 1990- Miami. Licenciada en Historia del Arte, Universidad de La Habana (2013). Curadora y asesora de arte contemporáneo en Rosenbaum Contemporary, Boca Raton. Directora de la Galería Alberto Linero, Wynwood Arts District, Miami, Fl. Consultora de Arte en Effusion Gallery, Miami, Fl. Actualmente colabora con varias publicaciones sobre Arte Cubano.

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