Cinco preguntas a Orestes Hernández

A propósito de Fantasía

/ 21 noviembre, 2016

 

Para quienes conocen tu obra saben que la actitud es fundamental. ¿Cómo calificas tu relación con el arte o con el proceso creativo en esta ocasión?

Generalmente todo es una extensión de uno mismo, es algo impregnado de todo eso que eres. La relación entre lo que crees, lo que haces y la resistencia que ofrece lo real va creando una situación donde cada uno de nosotros comienza a tomar decisiones. Hay quien traza una estrategia, es más táctico y objetivo; otros son más conservadores. En mi caso es una reacción, una respuesta inmediata y siempre un deseo de librarme de algo, negarlo o contradecirlo.

En este caso, Fantasía se compone de objeto e instalaciones sobre los que en ocasiones la intervención es mínima, ¿cómo llegas a ellos o cómo llegan ellos a ti? ¿Qué es lo que más te interesa de estos objetos a los que has echado mano?

A veces los objetos quiero usarlos como algo práctico, útil, como herramienta y no como metáfora. Esto es un rollo… pero también tiene sentido tener malas intenciones. El ejercicio que mantengo es ver qué propone el objeto, qué es relevante en él y allí en su coherencia con nuestra percepción, desajustar ese vínculo. El contrasentido que tiene es que, aunque no hagas nada, siempre hay un enunciado, todo lo real está ahí expresando algo constantemente.

Acerca de tu obra se ha hablado de la intención que privilegia el gesto desenfadado, incluso improvisado a veces; la tendencia a sabotear la lógica, lo razonable, lo agradable a los sentidos; darle la espalda a los compromisos (de todo tipo). Por solo mencionar un ejemplo recordemos tu última exposición en esta galería Llegó el malhechor, en el 2012. ¿Con cuáles de estas apreciaciones es la que más te identificas? ¿Qué hay de todo esto en Fantasía?

Hay un poco de todo eso y claro, el mayor problema siempre está en la lógica que usamos. Para mí no son tan agraviantes las cosas agradables a los sentidos como lo son los juicios horripilantes. Hay bastante arte conceptual agradable a los sentidos no como forma, sino agradable a la artesanía mental, a las reflexiones fileteadas en oro. Y por supuesto, a nadie le dice nada un trozo de arrecife. A la gente le gusta más hablar de misiles, de la homofobia…A los que hablan de otra cosa que no sea un trauma cultural nadie le asiente con la cabeza.

¿En qué medida Fantasía resume tu esencia y a la vez se distancia de lo que has hecho con anterioridad?

Esta exposición resume muchas cosas de mi trabajo y de lo que creo, pero tampoco tengo que ser el encargado de revelarlo, no por nada, sino porque hasta puedo desconocerlo. Con relación a otras exposiciones o ideas personales hay similitud, pero esta muestra tiene un nuevo punto de apoyo. También puede ser un nuevo error convincente y es que las obras ya no intentan buscar el respaldo de una metáfora superior o certificada, por ejemplo[1] (una olla de grillos, un carro dirigido desde un control, una jicotea). En esta ocasión, las piezas quedan como flotando, más allá de su presencia no hay nada que te consuele. No son cosas emplazadas frente a nosotros, nosotros vinimos a verlas. Algo no queda claro, pero es la sospecha lo que dice, quizás importe.

Desde el propio título se genera una contradicción entre el significado de la palabra y lo que vemos en el contenido de la muestra. ¿Es solo para crear una especie de contrasentido o le das otra connotación al título?

Las soluciones de estas piezas y la atmósfera de la exposición tienen esa aspereza de lo real, con excepción de algunos matices engañosos, pero sí, surge un contrasentido cuando la pista es esta idea de “fantasía”. El interés es encarar esa polaridad con una simple convicción: ver cuanta fantasía atañe a lo real, cuanta imaginación la rodea. El arte es otro derivado, otra fantasía, donde los criterios cobran sentido o no con relación a otros criterios sobre el arte. Es una ilusión más, otro espejismo. Mirándolo así, hay bastante fidelidad entre la muestra, el título y como asumo el asunto. Y siendo más simplón, la fantasía tiene conflictos, pero es positiva y siempre tiene un final feliz.

 

[1] Se refiere a obras anteriores, en exposiciones como Para quebrar los muros (Museo Nacional de Bellas Artes, 2013-2014; Una exposición sin espectadores (Biblioteca de la Universidad de La Habana, 2012); Que salga el sol por donde salga (Galería 23 y 12, 2009).

 

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