Charla con olor a lluvia

/ 23 agosto, 2018

Por estos meses de verano, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales acogió la muestra Olor a lluvia. A propósito de la exposición y del impacto que en los medios nacionales ha tenido, Art OnCuba conversó con Evelynn Álvarez, co-curadora de la propuesta, artista, profesora y Subdirectora de Especialidad en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro.

¿Cómo surge Olor a lluvia?

En septiembre de 2017 gané la beca El reino de este mundo que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS). El proyecto premiado consistía en una exposición colectiva con obras de los estudiantes para reverenciar el 200 Aniversario de San Alejandro. Por varios motivos, este proyecto fue seccionado en cuatro muestras que tuvieron lugar en la galería Antonia Eiriz de La Madriguera, casa del joven creador de La Habana. Estos eventos también sirvieron de Práctica Pre-profesional a un grupo de estudiantes, que comprobaron que el asunto no solo va de crear, sino que existen otras cuestiones importantes para que sus trabajos puedan ser apreciados.

Los resultados fueron productivos: se estrecharon los preciados vínculos institucionales, los “niños” salían de su burbuja. Pero, yo realmente no había curado nada de lo que aconteció, y no se trataba de mí como curadora, sino que seguía con el “bichito” de poner a dialogar en un mismo espacio lo que se gestó bajo las aisladas perspectivas de las cátedras. En la Academia falta eso, que las cátedras interactúen más, estudiantes de diferentes perfiles están abordando el mismo tema y ni tan siquiera lo saben.  Apuesto a que se superará por el propio devenir del arte que tanto está abogando por las interconexiones. Confío en la espontaneidad más que en un plan de estudio.  Yo coloqué mi granito insistiendo en la colectiva y le propuse a Harold Ramírez (estudiante de cuarto año partícipe de la experiencia en La madriguera) que fuera mi asistente, él accedió, pero no pasó mucho para que lo invitara a curar, es un muchacho centrado, un artista con mucha bomba. Entonces, retomamos el proyecto con la novedad de invitar a profesores y al aumentar la nómina, necesitábamos otro emplazamiento.

En una charla con jóvenes creadores coincidí con Ernesto Yoel Ramírez, director del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV), quién subrayó la voluntad del centro de recibir proyectos de esa generación. Así, le comenté sobre Olor a lluvia (que aún no tenía ese título) y luego de pasar por el equipo de especialistas, fue inaugurada el 29 de junio del presente año.

¿Cómo fue, específicamente, el proceso de selección de las piezas?

Cito mis palabras del plegable: “Esta exhibición vuelve sobre la relación arte-pedagogía, mediante las implicaciones de una muestra con estudiantes y profesores jóvenes (…) No se identifican a educadores ni a educandos, aunque las jerarquías persisten y eso es parte de la clase.”

Pudiera resultar un poco paradójico que, si bien la museografía eludió los roles de los participantes, en el proceso de selección estos influyeran sobremanera. Convocamos a los estudiantes a presentarnos sus portafolios e infelizmente la respuesta no fue tan sólida, no por falta de interés, sino por inmadurez. Propio de la edad, pero creo que con sistematicidad en este tipo de suceso, ellos cogen el ritmo. Optamos por direccionar el pedido hacia lo que conocíamos y nos parecía “bueno”. Claro está que influyó mucho nuestro gusto estético, pero respetamos diversidad de soportes y de poéticas. No procurábamos un mapeo de la producción de la escuela. Prefiero hablar más de un indicio cuando caracterizo esta selección.

Con los profesores no hubo este dilema, entregaron sus propuestas muy rápido y todas nos parecieron idóneas. Obviamente, ellos tienen un terreno ganado en estas rutinas. O sea, que las jerarquías se daban más allá de caprichosas estructuras de poder, no solo entre profesores y estudiantes sino entre Harold y el resto de los estudiantes, entre él y yo (hubo parte del trabajo que tuvimos que dividir pensando en los niveles de acceso de cada cual), entre nosotros y directivos de instituciones y hasta entre estos mismos.

Cuando uno va a una propuesta de este tipo, en cierta medida está condicionado a encontrar obras que discursan, en su mayoría, sobre la enseñanza. El punto es que Olor a lluvia subvertía esto. Por eso, creo que también fue diferente y quizás el público extrañó un poco esto. ¿Qué crees?

Bueno, no tengo la certeza de si se extrañó o no, pero es muy probable y eso no me molesta, porque el dilema era precisamente ¿cómo revisitar el trillado tópico? La idea no fue marcar la diferencia en pos de una originalidad a ultranza, sino captar particularidades de esa relación que se ha dado de múltiples maneras según las circunstancias. Ahora mismo, no es un fenómeno homogéneo, pudiera hablarse de aristas perfiladas por varios factores, entre ellos la edad de los profesores. Esta fue la pauta que nos interesó para focalizar como se está dando el diálogo entre los alumnos y el claustro joven, que relativamente tienen más cercanía generacional.

Tanto Harold como yo concluimos que la validación en las aulas de esos artistas es precisamente por su obra e inserción en el circuito. Por eso sus propuestas no tenían que ser necesariamente concebidas para la ocasión, bastaba con que los identificara. Esta identificación que aparentemente es en cuanto a “estilo”, también abarca su proyección pedagógica. Por ejemplo, Leonardo Luis Roque con todo y su “empaque desenfadado”, es un profesor de  pintura seriecísimo que le concede suma importancia al conocimiento de los grandes maestros. Créeme, que todas las obras son susceptibles a este tipo de interpretaciones para quienes convivimos en la Academia y, por ende, conocemos como son las dinámicas de la enseñanza in situ, depurada de cualquier generalidad categorial. Esta exhibición no es para una élite, solo que como todo texto artístico tiene muchos estratos y es semióticamente heterogéneo (Iuri Lotman). En un sentido menos cifrado ―si es que existe en este ámbito― la muestra se muestra (y que bien valga la redundancia) como un conjunto de obras de diversos artistas (unos conocidos, otros no) en un mismo contexto. Coexistencia esta, capaz de generar los más disímiles nexos.  Pues, es precisamente eso lo que sucede con sus autores allá en 31 y 100, No. 10006. Marianao, La Habana.

Entonces, ¿La idea de no remarcar quien era estudiante o profesor respondía a esto?

Exactamente. A veces, en la Academia escuchas “ellos todavía no son artistas hasta que se gradúen”. ¿Qué los hace artistas? ¿El título o diploma? Para nada, y este es uno de los subtextos de Olor a lluvia.

En varios reportajes se le ha dado importancia a lo procesual dentro de la muestra. ¿Puedes argumentar esta idea?

No quiero denigrar el trabajo de ningún crítico, ni periodista; promocionaron la expo sin un previo acuerdo de remuneración. Así que aplausos y agradecimientos sinceros para todos. Acepto incluso la posibilidad de no haberme expresado con claridad, por eso creo que esta es una oportunidad para ser explícita. Si mal no recuerdo, mencioné en una entrevista (el resto fue eco) los procesos que se dan en la Academia como una de las principales motivaciones de Olor a lluvia y que de alguna manera ellos se reflejaron en las fases de preparación; transcurso este que metafóricamente llamé “obra procesual” por asumir mis experiencias curatoriales como una “pincha” (por teorizar sobre todo lo que me involucra, como patológicamente suelo hacer).

Todo resultado tiene un proceso previo, determinante sin duda, pero ambos siguen siendo proceso y resultado. Lo procesual no fue una operatoria curatorial, ninguna de las veintiocho fichas técnicas (correspondiente a las obras de veinticinco artistas) de la exhibición indica que sean obras inconclusas; algunas forman parte de series que pretenden acrecentarse, pero eso es otro asunto.

Finalmente, ¿por qué Olor a lluvia?

El título fue de Harold, a él no le convencía el que yo había puesto. Entonces le pedí que se concentrara en eso. Me hizo tres propuestas y Olor a lluvia me encantó (hasta entonces no había notado que tan malo estaba el mío). Harold conversa poco, pero es muy certero, no dice palabra de más. Era mucho pedir que disertara al respecto, pero sabía que no era azaroso. Yo, como ya dije, sucumbo enfermizamente ante el por qué, entonces confirmé mi primera impresión cuando leí que el olor es causado por el impacto de la lluvia sobre suelos secos. Se produce al mezclarse químicos y aceites que antes de ser liberados aplazaban la germinación.

Realmente creo que el título gustó mucho y creo que selló muy bien nuestros presupuestos.

Marilyn Payrol

Marilyn Payrol

(Santa Clara, 1990). Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Profesora de Teoría y Crítica de la Universidad de las Artes (ISA). Es editora del sitio web de Art OnCuba magazine. Textos suyos pueden consultarse en la Revista Artecubano, La Gaceta de Cuba y en Art OnCuba Magazine.

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